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Música

Graciela Reca y Marcela Martínez brillaron en un concierto signado por clásicos

Las destacadas pianistas paranaenses llenaron el jueves el Teatro 3 de Febrero y desplegaron una exquisita selección del repertorio pianístico

Sábado 31 de Agosto de 2019

La frase más trillada de Baltasar Gracián, “lo bueno, si breve, dos veces bueno”, encierra en su exacerbada popularidad cierta verdad. Quizás sea porque lo efímero, si es bueno, deja a su destinatario con deseos de repetir esa experiencia buena que, aunque no se vuelva a concretar, siempre quedará presente en su memoria, con la pregnante elegancia de un haiku.

Graciela Reca y Marcela Martínez tuvieron en cuenta esta máxima a la hora de elegir repertorio para el exquisito concierto de piano a cuatro manos que dieron la noche del jueves en el Teatro Municipal 3 de Febrero, de Paraná.

Un concierto esperado y celebrado por el público de Paraná: Reca, maestra de maestros, compañera al piano de Martha Argerich en su última gira por Argentina; y Martínez, una de sus alumnas predilectas, que despliega su carrera en los Estados Unidos, donde reside desde hace varios años, juntas por primera vez.

En una entrevista previa con Escenario, ambas habían destacado su intención de tocar para la gente, no para lucirse, sino para atraer al público a la música clásica, no sólo al asiduo, sino también al que no es habitué. Y bien que lo consiguieron.

La primera parte del concierto comenzó por dos obras bastante familiares para el oído del público en general, abriendo con la Sonata en Re Mayor Op. 6, de Ludwig Van Beethoven, una obra para piano a cuatro manos pero con una concepción orquestal y las típicas tres notas negras iniciales que remiten a la Quinta Sinfonía, si bien en otra tonalidad. Luego, ambas se lucieron con una sentida interpretación de la Fantasía en Fa menor Op. 103, de Franz Schubert, una obra puramente romántica con fraseos que van de lo nostálgico y sublime a lo temperamental y dramático, variaciones constantes que requieren de una amplia gama expresiva por parte de quienes la ejecutan.

Un breve intervalo dio pie luego a la segunda parte del programa, que comenzó por dos obras muy populares, Danza Húngara N° 1 y N° 5, de Johannes Brahms, para pasar después a las Danzas Eslavas Op 72 N° 10 y Op. 46 N° 1, del checo Antonin Dvorák.

Pero la interpretación más bellamente interpretada o, al menos, la más pregnante –junto a la Fantasía de Schubert–, sería La Valse de Maurice Ravel. Una versión para cuatro manos de este poema coreográfico para orquesta, una obra maestra marcada por el movimiento del clásico vals vienés pero con la audacia armónica y disonante del impresionismo, por momentos sutil y otras algo violenta. Una obra tan bella como compleja, que ambas pianistas brindaron magistralmente al público que colmó las plateas del Teatro.

Para finalizar, y acercándose geográfica y cronológicamente en el repertorio, ambas ofrecieron el famosísimo Libertango de Astor Piazzolla, que concluyó con la ovación del público.

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