Teatro
Viernes 24 de Agosto de 2018

El minuto a minuto de un derrumbe edilicio - amoroso

Mañana se vuelve a presentar "La gota que horada la piedra", una obra escrita por Cristina Merelli que retrata a una pareja venida a menos

Algunos amores, aunque inquebrantables, suelen sucumbir sofocados, aplastados por la rutina, los problemas económicos, la convivencia y la falta de comunicación. Sobre esto trata La gota que horada la piedra, de Cristina Merelli, que el Grupo Arteatro presenta los domingos de agosto, a las 20.30, en su sala ubicada en calle Tucumán 378, de Paraná.
El nombre obra hace alusión a la frase del poeta romano Ovidio: "La gota horada la piedra, no por su fuerza, sino por su constancia"; y la autora, con justa metáfora poética, pone en escena a una pareja desgastada que permanece junta por la inercia de la costumbre, viviendo en una casa en ruinas que permanece en pie de puro milagro. Y todo colapsa un sábado por la tarde: la casa, por la violencia de una lluvia inclemente que le viene a dar el golpe de gracia; y la pareja, por tener que pasar la siesta cara a cara, obligados sus integrantes a interactuar entre sí.
La obra es dirigida por Juan Carlos Gallego, actor, director y dramaturgo de vasta trayectoria en Paraná. Y cuenta con las actuaciones de Laura Porcel de Peralta, quien debuta en teatro en el papel de la esposa fanática de María Félix y el romance mexicano, y Hugo La Barba, actor victoriense que cuenta con varias décadas sobre los escenarios, que en esta puesta deja constancia de su experimentada carrera actoral. Jugando con el cuerpo, la voz, el canto y los gestos, compone a un marido como tantos otros, dejado, cansado, que despotrica pero que aún deja entrever un dejo de amor por su mujer. Incluso una leve atracción. Ella, una chica "bien" venida a menos, que culpa a su esposo por su actual circunstancia; él, un empleado administrativo, exmilitante comunista que siente que fue arrastrado al sistema por la insistencia de su mujer y su familia. "Lo que me altera es la cantidad de cosas que me molestan de vos", dice ella. "Yo tengo una lista", replica él.
Aunque las situación general sea exagerada, la textura es realista. Se trata de una obra accesible, sin medias tintas ni simbolismos; los diálogos son directos y potentes, el público puede rascar la cáscara fina de una conversación superflua que esconde debajo de sí hartazgos de años, malestares en ebullición, palabras no dichas que se amontonan en las gargantas de los protagonistas y que son refrenadas cuando quieren atravesar el umbral de la boca. La gota que horada la piedra está organizada como una sucesión de situaciones absurdas, risibles pero verosímiles, que –al menos en algún punto– nos ocurren a todos. Al comienzo se aprecia superficialidad y lo hilarante de la miseria ajena. Pero al pasar la historia, y el progreso de la obra, cada personaje y cada momento toca las fibras que debe tocar e interpela al público, que deja de ver una discusión de otros para encontrarse reflejado en situaciones que seguramente atravesó y seguirá atravesando a lo largo de su vida sentimental.
Una puesta en escena sencilla, interpretada por buenos actores, que garantiza momentos de risa y de reflexión a los espectadores. Una invitación a reconocerse, dejar de postergar lo inevitable y tomar las riendas de la situación.

Comentarios