Circo
Martes 14 de Noviembre de 2017

El circo que toca el cielo con las manos

Escenario viajó a San Pablo para ver "Amaluna" y pasar un día junto al elenco de la compañía canadiense para charlar con los protagonistas

El circo viene rodando y no para. Una ciudad ambulante, gigantesca, que en medio de su aparente caos contiene el más riguroso orden, y va, obsesivamente, detrás de un sueño cada noche: alcanzar la perfección. Amaluna, la producción número 33 del Cirque du Soleil que gira desde hace cinco años por el mundo, llegará por primera vez a Rosario en febrero próximo.
Con las cuerdas aéreas que penden de un puente de más de 20 metros de altura, las barras asimétricas, el trampolín doble (sube y baja), o el aro y cuenco de agua, donde la protagonista Miranda pone en juego su sensualidad y extremo equilibrio, Amaluna adapta a su manera La Tempestad de Shakespeare, uno de los romances tardíos del genial creador inglés del siglo XVII.
Amaluna, además, luce un vestuario de época notable, e incorpora una banda en vivo en homenaje a las mujeres (integrada por siete mujeres) que le ponen sonido pop a una puesta que toma el riesgo de mezclar elementos de distinta naturaleza. El Cirque du Soleil desafía la ley de la gravedad, pretende tocar, literalmente, el cielo con las manos, y consigue sincronizar una maquinaria que se compone de piezas humanas, sin lugar para el error. Couching, dirección artística, nutricionistas, fisiatras, convergen en un sagrado manual de procedimientos, la llave del éxito de la compañía artística de origen canadiense, con 5.000 empleados, la más grande del planeta. Son 19 shows simultáneos en 20 países, entre ellos Amaluna en la Argentina. Lo cierto es que la multinacional del espectáculo que ya tuvo 100 millones de espectadores en 300 ciudades de 40 países, actuará en Rosario desde el 14 febrero de 2018, en el Autódromo Municipal. La leyenda cuenta que el Cirque du Soleil nació callejero, hace apenas 20 años. Y por talento y ambición de sus creadores, creció hasta un lugar impensado. Mezcló expresiones, de Broadway a Shakespeare, del contorsionismo circense tradicional, a la técnica de las barras, anillas, el caño, expresiones gimnásticas, deportivas, equiparables a la maravilla de los equipos deportivos en los juegos olímpicos.

Gira y gira
El Cirque ya no puede parar. Los containers portando la ciudad ambulante bajan de los barcos, son 2.000 toneladas, que luego se mueven por tierra, a través de 75 camiones. El Soleil no defrauda, apabulla con su propuesta, tal vez porque cada fotograma de una película que dura cerca de dos horas ha sido experimentado, ajustado, cuidado. La puesta solo tiene espacio para disfrute del espectador.
Escenario viajó a San Pablo, Brasil, y compartió un día en la vida de Amaluna, la jornada previa a la noche del show, el último martes. Y habló con los protagonistas. Iulliana Mykhailova (Miranda), la protagonista de La Tempestad, nació en Ucrania, tiene un marido y una hija de 20 meses que ruedan con ella en el circo, y otra hija de 12 años, que espera por ella en la Ucrania natal. "Amaluna fue difícil para mí porque tuve que crear el personaje protagónico de la obra", explica a este cronista. Su trabajo incluye una danza en el agua, pararse con las manos en los bordes de un cuenco gigante, todo muy riesgoso. La ucraniana rescata que "lo principal en Amaluna es el trabajo teatral antes que el de bailarina". Iulliana, de todos modos, cuando completa una ficha de ingreso en un hotel y le preguntan profesión anota "artista o atleta". En la adaptación de Shakespeare, Miranda, siente que tiene "una buena madre (Prospera), pero muy rigurosa, le enseña cómo es estar enamorada". Y luego concede, "el personaje de la Tempestad lo construí como una Julieta (Shakespeare) que está enamorada por primera vez, una inocente. Me pasó varias veces en mi vida real".
Bajo la carpa del circo caben las 2600 butacas que acompañan en forma circular el escenario, y también espacios de bambalinas, de entrenamiento, donde transcurre la vida de los artistas. David Rimmer es inglés de Liverpool, 26 años, y principal animador del sexteto de varones que lucen en el "trampolín doble", una destreza que pone al atleta suspendido en el aire, y paraliza los corazones de los espectadores. Adrenalina pura. David dice que "no tienen miedo al peligro, aunque son normales las lastimaduras en tobillos o rodillas". A su favor, el circo provee de fisioterapeutas, masajistas, y lo más importante, entrenador personalizado. El inglés le dijo a Escenario que "el arte y la técnica trabajan juntos, y tenemos una dirección que todo el tiempo nos marca qué necesitamos expresar, en cada espectáculo".
El show consiste en integrar muchas coreografías sincronizadas, con la precisión como desafío. Según David hay lugar, en algunos tramos, para la improvisación. "Como deportista o artista, buscamos el aplauso. Y en América latina el público grita fuerte y se muestra muy entusiasta", registra David, dueño de varios talentos, entre ellos la armonía y perfección corporal. Respecto de la vida rodante por el mundo, Rimmer sorprende: "Lo que más me gustó fueron las funciones en Manchester, muy cerca de Liverpool. Allí pudo ir a verme mi familia".

La vida en carpa
La vida en el circo implica compromiso y sacrificio. Pero habilita a espiar el mundo. Antes de cada función, el equipo de artistas puede disfrutar de una semana libre para explorar el lugar, conocer. Una parte de los actores lo hace, pero otra descansa, se queda con sus familias. Como todo atleta de alto rendimiento, aún en los tiempos libres, sus vidas continúan estrictamente ordenadas. Cualquier exceso podría quitar precisión a la hora de volar por los aires. Y quedar fuera de escena. Porque como en el fútbol profesional, para jugar de titular, en cada partido (función), hay que estar mejor que el compañero que puede ocupar el mismo puesto. El "técnico" decide antes de salir a la cancha.
La comida de los artistas y trabajadores del circo corre por cuenta de la organización.
La ciudad ambulante que monta el Soleil incorpora una cocina completa, con cocineros y ayudantes. Verduras cocidas, carnes más bien magras, pescados, frutas, pocas harinas, menos azúcares y cero frituras. Aguas saborizadas (con frutas naturales) para beber.
La cocina soñada para comer bien y sano. Los alimentos sanos son la base, pero las cantidades podrían atentar contra el equilibrio perfecto que los atletas necesitan. Tal cual pasan los años, el cuerpo envejece, pasa también el esplendor juvenil de las estrellas del Soleil; pero hay una opción para seguir rodando, los artistas pueden continuar en el circo con trabajos administrativos, como coaching, en aspectos técnicos.
El circo les hace lugar, los recicla, según pasen los años. Aunque los países sean muchos, cada uno tiene una resonancia especial para los artistas, como la Argentina para Melissa Fernández, otra de las figuras centrales de Amaluna. "Nunca fui a la Argentina, y admiro a Evita", dice durante el descanso de su magistral entrenamiento en las barras asimétricas.
Melissa, que es de origen latino pero que no habla español –solo inglés– ingresó al circo en 2011. "Me gustaba viajar por el mundo, me sigue gustando, pero ahora tengo marido y un niño, y la vida es muy diferente para mí. Fue muy interesante trabajar como soltera, y ahora vivo en el circo con mi hija y mi marido, y también es una experiencia interesante", explicó. Sobre porqué eligió la profesión, Melissa cuenta: "De chica me la pasaba saltando todo el día, corriendo, mi madre me mandó a hacer gimnasia y fue perfecto. Tomé el desafío de emprender una disciplina, exponerla ante un juez. Después pasé por la universidad, me recibí de kinesióloga e ingresé al Cirque".
Melissa define su vida como "emocionante, de aventuras, y también muy difícil por momentos". Como en todo espectáculo visual, el vestuario manda. Así lo entiende Isabel Franco, oriunda de España, que lleva cuatro años rodando con el circo. "Somos cuatro vestuaristas fijas, y otras dos, locales", explica a Escenario.
"Viajamos con toda la ropa, la que se usa, y también un back up; tenemos unos estándares de calidad, un protocolo de trabajo. Hay ropa que se gasta muy de prisa y que vamos cambiando", abunda. Para tranquilidad de los vestuaristas, los artistas de Amaluna se cambian solos: "Son autónomos. En algunos casos tenemos artistas que tienen tres y hasta cuatro personajes", aporta Isabel. "El vestuario representa la parte visual del espectáculo, lo más importante son las habilidades de los artistas".

Comentarios