El arte, la danza y un mundo de posibilidades infinitas
Cristian López es un bailarín paranaense apasionado por la danza jazz. Ganó dos becas para perfeccionarse en Nueva York.

Martes 16 de Junio de 2020

Cristian Nahuel López tiene 35 años y es bailarín de danza jazz. Nacido en Paraná, se crió en una familia con inclinaciones artísticas, pero él es el único que se sintió atraído por el arte del movimiento.

Comenzó a bailar a los 17 años, mientras cursaba el Secundario, incursionando en las danzas folclóricas de la mano de Adela Zapata, que lo introdujo al estilo del folclore proyección.

A los 20 se pasó al ballet Avíos del Alma, con el que tuvo la oportunidad de bailar en la Fiesta Nacional del Mate. Pero en el trayecto se cruzaría con la danza jazz, que se convirtió en su verdadera pasión.

“Pasé por varios estudios, como el de Rita Riso, y en 2005 terminé en Open Ballet, con Lorena Bello, donde estoy actualmente y también me desempeño como docente desde 2014. Ahí tomé clases de ballet, jazz y danzas contemporáneas”, contó a Escenario.

A la par de que se formaba, trabajó como cartero y empleado en una fábrica, hasta que en 2013 dio un salto cualitativo en su carrera, yendo a tomar clases a Buenos Aires con Analía González.

En 2016, a través de su maestra Lorena Bello, pudo acceder a un seminario con el reconocido coreógrafo y bailarín brasileño, Sergio Berto. Así obtuvo una beca para viajar a Brasil a perfeccionarse, a donde partió en enero de 2017. “Ahí se me abrieron muchas puertas, obtuve otra beca de año completo y otra beca para la residencia Mercosur, también con Sergio Berto. Ahí estuve durante 2018 trabajando como tutor y bailarín, tomando clases”, contó.

Pero ya en 2017 había obtenido dos becas muy importantes para viajar a Nueva York: la primera para perfeccionarse con el reconocido coreógrafo y bailarín Diego Funes, director del Peridance Youth Ensemble, docente de Peridance Capezio Center y Ballet Arts at City Center. Y la segunda para formarse junto a Ashlé Dawson, una de las bailarinas y coreógrafas más versátiles, que ha coacheado a grandes estrellas de Hollywood y Broadway. “Imaginate mi alegría, porque se me abrió un camino más; desafortunadamente, por impedimentos económicos, no pude viajar aún, si bien todavía están vigentes. Pero mientras continúo bailando y enseñando en Open Ballet, ahora a través de Zoom”, contó, y añadió que muchas de sus alumnas han ganado becas en diversas competencias.

Sin prejuicios

La danza contemporánea y el ballet clásico son escuelas, pero el jazz es distinto porque es estilo, si bien va en camino a convertirse en escuela. “Tanto para el jazz como para el contemporáneo, necesitás formarte en clásico para que te vaya bien. Básicamente, lo que aprendí en Brasil y con maestros de los Estados Unidos es que tenés que formarte mucho en ballet clásico y adquirir su técnica porque es la base de todo. Es como ir al gimnasio, para andar bien en el fútbol o en el básquet tenés que entrenar. Y para nosotros, ese gimnasio es el ballet clásico”, señaló López.

La danza jazz, con sus orígenes afro, es seductora y fascinante, rítmica y estilizada. Desde mediados del siglo pasado se ha ido puliendo en base a los fundamentos del ballet, la danza contemporánea y la expresión corporal. De la mano de Broadway y su llegada al cine junto al gran Bob Fosse, tuvo un especial despegue y hoy en día se enseña en estudios de danza de todo el mundo. “Las películas de los años 60, con unas coreografías increíbles de Bob Fosse, me enloquecieron. Cuando las vi, me enamoré de este estilo y decidí que era lo que quería hacer. Y ojo, que sigo siendo un pibe que le encanta el fútbol y el básquet, pero eso me encantó. Escucho un tema de jazz y quiero bailarlo, el teatro musical es hermoso”, destacó López, y añadió que también tuvo su incursión en el teatro gracias a un taller que había en su escuela Secundaria.

Para él, tanto la danza como el teatro lo ayudaron a soltarse y dejar atrás su timidez. Además, y para su sorpresa, se encontró con el apoyo de sus pares varones. “En la Secundaria mis amigos siempre me apoyaron e incluso me iban a ver bailar. Es increíble recibir ese respeto por parte de mis amigos varones con los que nunca dejé de practicar deportes. Creo que es importante que los hombres perdamos ese miedo de hacer arte, de sacarse los estigmas y prejuicios. En mi caso soy heterosexual, y en el mundo de la danza me he cruzado con compañeros de las más diversas orientaciones. Es arte, no tiene nada que ver con la inclinación sexual. De hecho, siempre lo digo, hay que tener huevos para subirse a un escenario a bailar y ponerse una malla ajustada”, sostuvo.

Por último, consultado sobre sus objetivos, manifestó: “Quiero seguir creciendo y poder aprovechar cuanto antes las becas que tengo pendientes, ya que pasados los 40 o 45 años, probablemente no pueda dedicarme más a la danza, entonces quiero aprovechar estos años de plenitud física. Quiero llegar a Nueva York y abrir más puertas, porque eso es algo que descubrí en el mundo del arte, que las posibilidades son infinitas”.