Arte
Domingo 22 de Octubre de 2017

Conciencia en la danza con evocaciones del circo

Jóvenes de Paraná presentan una visión crítica de la sociedad a través de los recursos de la acrobacia aérea. Aquí una devolución al espectáculo con fuente en la creatividad, la participación grupal, y la confluencia de antiguas artes

Fuerza y belleza, arte y deporte, circo y teatro, ficción y denuncia social: lo que llamamos danza aérea no reconoce límites. Si nos preguntan cómo volar con los pies en el suelo, diremos danza aérea.


Hombres y mujeres disfrutan por igual de una disciplina que, como ocurre con la geografía o la comunicación, se nutre de diversas fuentes pero adquiere una identidad singular. Aquí estamos en La Hendija, de la calle Gualeguaychú, presenciando, en este caso, una muestra de mujeres.


Para empezar, son amas de casa que barren, planchan, cocinan, trapean el piso. La escena se refuerza con la "Guía de la buena esposa", un video que el paso del tiempo nos permite abordar con ironía sobre el rol manso y dócil de la mujer, y es el aperitivo para la explosión que se avecina.


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Gentileza Alberto Ruiz.
Gentileza Alberto Ruiz.

Telas y trapecios


Las chicas encarnan personajes, comunidades, circunstancias. De pronto trepan al trapecio, danzan en el aire, se ensamblan con la música, expresan sus roles en figuras bellas, serenas, como tendidas en una nube.


Tenemos la suerte de contar aquí, en nuestro comentario, con las fotografías de Alberto Ruiz, porque las palabras resultan insuficientes para pintar lo que vimos y sentimos en la muestra del Grupo de Danza Aérea "Caminantes del cielo".


Y claro: un cielo de fondo, imágenes que nos ubican en una época, un ámbito, un tema, y siempre el deporte, el arte y la pregunta, con la mujer en el centro. La mujer, como el agua, en todos sus estados.


Vuelven a escena, aparecen otras chicas, nueva propuesta, y entonces bajan las telas del cielo y suben los cuerpos como etéreos, a veces en interpretaciones personales, a veces a dúo, espejados, con mensajes articulados para la vista, el oído, el corazón.


Y uno se entera luego de la vasija comunitaria donde cuajaron estos cuadros. Trabajo colectivo, participación, libertad, como un concierto bajo la batuta de la artista Sofi Zabala Piérola, que lleva diez años en estos encuentros de la danza y la gimnasia, la expresión corporal y la acrobacia. No hace falta ningún esfuerzo para notar el espíritu de grupo, la amistad que emana del escenario.


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Gentileza Alberto Ruiz.
Gentileza Alberto Ruiz.

Un viaje


El ambiente es por ahí como vaporoso. Las artistas se hamacan, tienden sus figuras en el trapecio, o se cuelgan con destreza de las telas en un enredo encantador, para descolgarse en saltos de alto riesgo que nos dejan con el corazón en la boca, y entonces entendemos a pleno la invitación de la entrada que anticipa esta entrega: "que tengas un viaje maravilloso, vertiginoso y consciente..."


Eso es lo que experimentamos en la Muestra anual: un hermoso viaje a la conciencia, de la mano de una docena de artistas estudiantes de los talleres que se dictan en el gimnasio División-X Dance Studio, de calle Ecuador 55, y en el complejo comunitario del Barrio Mitre. Adolescentes, adultos, para todos los gustos. Por lo común concurren a dos clases semanales de dos horas cada una, preparadas para ambos sexos.


No sabemos bien cuánto hay de siglo XXI y cuánto de antigüedad en estas disciplinas. Cuánto de Paraná o de remotas islas que, desde el fondo de los tiempos, hacen del vértigo un arte y recrean la ilusión del vuelo.


¿Danza o acrobacia?, le preguntamos a Sofi Zabala Piérola. "Fusión", responde, y señala detalles de la obra en danza contemporánea, yoga, teatro, y trabajos corporales con ejercicios de fuerza, resistencia, elongación.


Todo eso y algo más porque hay allí conexión con el otro, introspección, coreografías con intervención colectiva, y un hilo conductor: la mujer.


Una mujer que se va liberando de su destino de escoba pero que las propias protagonistas presentan como en las grietas, en una recuperación siempre inconclusa de la libertad, porque siempre están al acecho las herramientas de la servidumbre: cuando no es la plancha son los engranajes; cuando no es la industria son los cantos de sirena de la tecnología, el consumismo, y como un mar de fondo: los prejuicios.


"Nos empeñamos en darle un sentido al espacio, la lucha común por ser reconocidas, por la igualdad de derechos, por dejar de competir con nosotras mismas", explica la artista y coordinadora de los talleres, que en los intersticios del espectáculo complementa el sentido de las danzas con poemas.


Crítica


Hay una línea de tiempo en el eje de la propuesta, desde la "Guía de la buena esposa" de los años 50, que decíamos, y las chicas no se guardan nada. Arte y cabeza, músculo y curvas, silencio y grito.


El programa tiene seis escenas en este orden: Mujeres años '50, mujeres obreras, mujeres urbanas, prejuicios, llamado de la luna, y útero sagrado. En cada caso con telas, trapecios, aros, actuaciones, danzas, y un despliegue de vestuarios tan inesperados como los maquillajes.


Nada queda librado al azar. La indumentaria, la iluminación, las letras. Llevó tiempo la conjugación de iniciativas, dice Sofi, desde que sugirió en clases un trabajo práctico en torno de las problemáticas de la mujer, y el grupo se abrió a las problemáticas tan viejas y actuales, que colocan a la Argentina en la avanzada de las luchas contra el patriarcado.



Preparación

Talento y esfuerzo se conjugan. La muestra tiene momentos de paz, sosiego, y vaya si colaboran los colores y texturas suaves de las telas, y el vaivén de los trapecios; y tiene puntos de eclosión, como en esa danza con la participación de las víctimas de una sociedad machista puesta en el foco. Entonces afloran, una a una, la flaca anoréxica, la mandona, la negra, la "malcogida", la puta, la histérica, y así se suceden los estereotipos que en nuestro país y en el mundo alfombran el camino a los femicidios.


Bella y jugada la propuesta de estas entrerrianas. Ojalá se repita. Así, como está. Porque despierta todo un mundo ocultado y lo hace sin golpes bajos, con la sensibilidad del arte, la fuerza de los brazos, y esa gracia de la mujer de Paraná.


Por supuesto, siempre habrá margen en este grupo para nuevas miradas y aportes porque, como nos dice Sofi, nieta de Amanda Mayor de quien pudo haber heredado esa mirada integral, sin fronteras: la búsqueda y las posibilidades en lo artístico y sensitivo son infinitas.


¿Cómo se preparan para estas presentaciones?, le preguntamos. "Alineación y balanceo", ríe la artista, porque en el grupo tampoco falta el humor.



Recursos y protagonistas


La Guía de la buena esposa es un instructivo falangista de los años 50, redactado para "mantener a tu marido feliz". Si ayer se naturalizaba, hoy avergüenza.


Lucir hermosa, estar siempre fresca y reluciente, prepararle el plato favorito... "una de tus obligaciones es distraerlo", se lee. Arreglar la casa para que luzca impecable, cuidar de su comodidad, arreglar a los niños; dejarlo hablar antes porque sus temas son más importantes, no quejarse si el hombre va a divertirse por ahí, y así, hasta arreglarle la almohada y ofrecerse a quitarle los zapatos...


Las chicas de la danza aérea tomaron aquellos consejos como una evidencia de una estructura social y mental que, por una u otra vía, sigue presente y nos sigue interpelando. Pero fue nomás el envión, para un vuelo estético hacia épocas no menos complejas.


Participaron Agostina Reula, Victoria Benedetti, Gabriela Martínez, Gabriela Barria, Julieta Reula, Anahí Suárez, Micaela Grinóvero, Laura Gervasoni, Noelia González, Ailén Moreyra.


En los vestuarios Gabriela Jarupkin, en el sonido y la iluminación Sergio Fabri, en el diseño y la comunicación visual Lucía Molaro Asensio. Todos bajo la coordinación y el acompañamiento de Sofía A. Zabala Piérola.


Data

Nombre de la obra: Descubriendo mujeres.

Organizadores: Grupo de Danza Aérea Caminantes del cielo.







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