Cultura
Domingo 16 de Septiembre de 2018

Ciro Mansilla, el chico "friki" de barrio El Sol que devino estrella del ballet

A sus 24 años, el bailarín paranaense es una de las principales figuras del Ballet Nacional Sodre, de la República Oriental del Uruguay

"Crecí en el barrio El Sol II. Pasé por las escuelas Giacchino, Bavio, Sarmiento y finalmente la Mariano Moreno. Siempre fui un nerd, friki o rarito. Así que siempre nos excluimos con mi hermano y nos refugiamos en los videojuegos. Después encontramos más amigos, más gente rara como nosotros, con los que fomentamos ese vicio. Me encantaban los dibujos animados, entre mis favoritos estaban Los Padrinos Mágicos, Bob Esponja, Los misterios de Moville y sobre todo las series infantiles como Kenan & Kel, Drake & Josh; y mis favoritas, pero que no me dejaban dormir: Escalofríos y ¿Le temes a la Oscuridad?. Pero luego descubrí el mundo del anime y me perdí en un sinfín de series excelentes", recuerda el bailarín paranaense Ciro Mansilla al ser consultado sobre su infancia en la capital entrerriana. Para él, la danza se dio naturalmente, sin dejar de lado sus otras pasiones.
A sus 24 años, es una de las principales figuras del Ballet Nacional Sodre, de la República Oriental del Uruguay, uno de los más importantes de América Latina, con un público que supera los 100.000 espectadores anuales.
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Ciro nació en 1994 e inició sus estudios de danza a la edad de 8 años con la profesora Susana Gómez, en Paraná. A los 15 ganó una beca de la Asociación Arte y Cultura para estudiar en dicha institución.
Su gran salto artístico lo tuvo en 2010, cuando ingresó al Ballet de Iñaki Urlezaga. El constante perfeccionamiento le permitió acceder por concurso al Ballet Metropolitano de Buenos Aires, bajo la dirección de Leonardo Reale, y al año siguiente ingresó –tras una audición– al Sodre.
Ha interpretado importantes roles solistas como Don José en Carmen, Conrad en El Corsario, y a Stan Kowalsky en Un Tranvía Llamado Deseo entre otros.
Escenario dialogó con él sobre su momento profesional actual, sus proyectos y sueños.
—¿Cómo empezó tu relación con la danza? ¿Quién o quiénes fueron tus primeros profesores?
—Mi relación con la danza empezó de casualidad, después de haber pasado por muchas actividades deportivas que no me atrapaban, que no me proporcionaban la pasión que hoy en día me da el mundo del ballet, el mundo del arte. Un día, un amigo de mi mamá llegó a casa y al verme muy inquieto le sugirió a mi madre que me llevara a clases de ballet, donde conocí a mi primera profesora, Susana Gómez, la que me enseñó mis primeros pasos y el valor del arte en mi vida. Y bueno, inició una de las cosas que hoy me hacen vivir. Después, mis profesores más influyentes una vez que ya estuve en Buenos Aires fueron Luis Baldasarre, Sara Rzeszotko, Héctor Barriles, Leonardo Reale, Igor Gopkalo y Raquel Rossetti.
—¿Cómo empezó a despegar tu carrera y cómo se dio tu entrada al Ballet Nacional Sodre?
—Empecé a trabajar en el 2010, con el Ballet Concierto de Iñaki Urlezaga pero solo una temporada, luego fue una etapa de perfeccionamiento y estudio en el ISA (Instituto Superior de Arte) en el Teatro Colón, hasta 2012 que fue cuando entré en el Ballet Metropolitano de Buenos Aires. Luego, a fines del año 2013 hice la audición para el Ballet Nacional Sodre donde fui contratado comenzando a trabajar a fines de enero del año 2014.
—¿Cuál fue tu primer rol protagónico?
—La verdad que si quiero recordar antes de mi etapa en el Sodre no lo recuerdo, uno que quedó muy marcado en mí fue el Caballero del Hada de Azúcar en El Cascanueces y las Princesas Encantadas, del Ballet Metropolitano. Pero mi primer rol protagónico en mi primer gran compañía fue el rol de Conrad, en el ballet El Corsario.
—¿Cuáles han sido tus roles preferidos?
—Tengo varios, Basilio de Don Quijote es muy divertido. El príncipe Desirée de La Bella Durmiente es muy desafiante e interesante, pero mis dos favoritos han sido El Favorito en Hamlet Ruso y por sobretodo Onegin, del ballet que lleva ese mismo nombre.
—¿Algún momento que te haya marcado en tu carrera?
—El trabajo que hicimos con la gente del ballet de Stuttgart, preparando el papel de Onegin, fue una etapa en la que crecí muchísimo y maduré muchos aspectos en mi carácter como artista y como persona. Sin duda hay un antes y un después en mí con ese ballet.
—Como bailarín ¿cómo te definirías? ¿Sos un bailarín ecléctico o preferís abocarte a un estilo particular?
—Yo diría que ecléctico, me gusta bailar todo, diferentes estilos, diferentes roles, diferentes personajes, ser multifacético me nutre mucho. No me gusta encasillarme solo en un estilo de bailarín.
—¿Cómo es el día a día de un bailarín profesional? ¿Cuántas horas de entrenamiento y práctica diaria te demanda esta profesión?
—Es como un trabajo normal, solo que uno no lo toma como trabajo, se empieza a bailar a las 9 y se sale a las 16.30, todo el día ensayando. Son muchas horas de entrenamiento y acondicionamiento físico, con muchos cuidados dado que solo tenemos una herramienta de trabajo que es nuestro cuerpo, y no hay repuestos. Pero no lo cambiaría por nada del mundo.
—¿Qué te gusta hacer en tu tiempo libre?
—De todo la verdad, leer, tocar guitarra. Jugar videojuegos, porque una vez friki, siempre friki, y relajar un poco la mente. Reiniciar para aprovechar todas las horas del día.
—¿Qué objetivos te gustaría concretar a nivel profesional?
—Ser primer bailarín de alguna gran compañía europea... es un sueño, pero quiero demostrar que los sueños se cumplen, no importa de donde uno venga.

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