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Cine Club Musidora invita a ver una obra maestra: "La cinta blanca"

La historia se centra en la vida en un pequeño pueblo protestante del norte de Alemania en el contexto previo a la Primera Guerra Mundial

Martes 07 de Enero de 2020

Esta noche tendrá lugar un nuevo encuentro promovido por Cine Club Musidora. Desde las 20.30, en el Casal de Catalunya de Paraná (Nogoyá 123) proyectarán La cinta blanca (Das weisse band) película de 2009 escrita y dirigida por el realizador austríaco Michael Haneke.

La historia se centra en la vida en un pequeño pueblo protestante del norte de Alemania en el contexto previo a la Primera Guerra Mundial, donde ocurren extraños hechos que van tomando el carácter de un castigo ritual. En el trasfondo, los orígenes del nazismo. Fue ganadora de la Palma de Oro en la 62ª edición del Festival de Cannes.

Rodada en blanco y negro, Haneke refuerza con la elección tanto la contextualización socio-histórica como la opresiva atmósfera de crimen y castigo, la doble moral que pervierte a esa pequeña población luterana.

A través de una voz narradora que busca más el distanciamiento con los hechos que la visión subjetiva, asistimos a la serie de acontecimientos desgraciados que alteran el status quo al tiempo que la narración alterna su foco con la educación que los niños y adolescentes de la aldea reciben. En ese contexto, figuras única y significativamente bautizadas por su desempeño social, como el barón, el pastor o el doctor sirven a distintos fines: el barón explicita el carácter feudal e introduce la fricción interclasista, como puntos de partida también necesarios para entender el germen del odio; el pastor hace palmaria la asfixiante obligación de la inocencia en el infante, permanentemente anulado por la aplastante culpa que le ha sido impuesta; y el doctor escenifica los horrores subterráneos de la doble moral, generadores de traumas que también participan de ese fatal caldo de cultivo para un horror no muy lejano.

La cinta blanca como el reverso germinal de aquella, uno que acude a la raíz misma para relatar lo que Manohla Dargis (The New York Times) denominó “una historia sobre la fundación del nacionalsocialismo”. Pero, si cabe más, y al margen de fascismos específicos, la cinta de Haneke quiere subrayar el impacto de la educación y los riesgos implícitos en la evolución de una idea, de una doctrina inculcada. Y lo hace con desesperanza, infundiendo la sospecha nunca resoluta del espectador sobre la candidez de un grupo de niños y destrozando sin clemencia el único ápice de inocencia incorruptible, encontrado aquí en Karli, hijo de la comadrona del pueblo que padece síndrome de Down y termina siendo otra víctima más.

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