Una investigación internacional identifica al esquivo grafitero Banksy y reabre el debate sobre el anonimato en el arte contemporáneo.
13:38 hs - Martes 17 de Marzo de 2026
La identidad del artista urbano conocido como Banksy es uno de los misterios más persistentes del arte contemporáneo,.aunque ahora ese enigma parece haber dado un giro decisivo: una investigación de la agencia Reuters identificó al grafitero como Robin Gunningham, nacido en Bristol en 1973, quien habría utilizado además el nombre de David Jones para gestionar su fortuna y sus derechos artísticos.
El hallazgo no solo apunta a responder una incógnita largamente sostenida, sino que también reabre interrogantes sobre el sentido del anonimato en la cultura visual contemporánea, una estrategia que el propio artista convirtió en parte esencial de su obra y de su posicionamiento frente al mercado.
Antes de la investigación de Reuters, la identidad de Banksy ya había sido objeto de múltiples pesquisas. En abril de 2025, el detective español Francisco Marco aseguró al diario El Mundo que el artista era también Gunningham, a quien situó con fecha de nacimiento el 28 de julio de 1974. Marco, director de la agencia Método 3, emprendió su propia investigación a partir de un desafío planteado por sus hijos, lo que derivó en un rastreo de datos personales, vínculos familiares y movimientos del supuesto autor.
Según ese trabajo, Gunningham se casó en Las Vegas en 2006 con Joy Charlotte Millward, exactivista, y es padre de una niña. A pesar de haber acumulado una considerable fortuna, la pareja mantendría hábitos de vida de clase media, alejados de la ostentación asociada al éxito global del artista.
La investigación más reciente profundiza esa línea. El equipo periodístico de Reuters recorrió distintos territorios para recoger testimonios directos, analizó grabaciones y siguió de manera minuciosa los desplazamientos de Gunningham. De acuerdo con la agencia, los elementos reunidos permiten establecer una correspondencia consistente entre esa identidad y las intervenciones públicas atribuidas a Banksy, una conclusión que fue replicada por numerosos medios internacionales tras la publicación del informe.
Uno de los datos clave ya señalados por Marco —y retomado en las nuevas indagaciones— es el uso del alias “David Jones”, nombre que coincide con el de David Bowie. Bajo esa identidad, Gunningham habría estructurado una red de empresas destinadas a la autenticación, comercialización y protección de sus obras.
Entre ellas se destacan Pest Control Office Ltd, considerada la firma central para certificar piezas originales, y Pictures on Walls Ltd, responsable de la distribución de serigrafías y ediciones limitadas. Este entramado empresarial refuerza la dimensión paradójica del fenómeno: un artista que construyó su mito sobre el anonimato, pero que al mismo tiempo desarrolló una estructura precisa para sostener su presencia en el mercado global.
La posible confirmación de su identidad no cierra el misterio, sino que lo transforma. En un escenario donde la figura del autor se diluye y se reconstruye constantemente, Banksy —sea o no Gunningham— continúa operando en el límite entre visibilidad y ocultamiento, desafiando las reglas del sistema que lo consagró.