Escenario
Lunes 20 de Noviembre de 2017

Asselborn, el entrerriano que resistió los vientos helados y la soledad austral

El historiador Aníbal Parera presenta la biografía novelada de Conrado Asselborn, "el solitario del fin del mundo"

El jueves, el historiador Aníbal Antonio Parera presentará un segundo libro sobre la vida de Conrado Asselborn, titulado El ermitaño de Cabo Vírgenes. La actividad tendrá lagar a las 20 en la Casa de la Cultura de Entre Ríos, sita en Carbó y 9 de Julio, de Paraná.
"Hay mucho interés en las bibliotecas escolares porque es un libro con una función didáctica que sirve para las lecturas en las escuelas secundarias. Ayuda mucho que el personaje haya llevado una vida plena de aventuras", manifestó Parera a Escenario.
Se trata de una biografía novelada de Conrado Asselborn, oriundo de Aldea Valle María, un peculiar personaje nacido en 1916 y que vivió sus últimos 40 años al pie del faro de Cabo Vírgenes, un lugar donde el clima hace casi imposible la supervivencia. Cabe destacar que Parera escribió previamente una biografía titulada simplemente Asselborn.
"Me basé en gran parte en los documentos que utilicé para armar esa biografía. Y la vida del personaje me facilitó mucho la tarea de escribir esta novela breve, cuya lectura es muy llevadera", explicó.
En la primera parte del libro, el autor presenta un interesante panorama de la inmigración de los alemanes del Volga, de cuya corriente proviene la familia Asselborn. "Ellos dieron vuelta esta provincia, llenando los vacíos que existían con respecto a la agricultura, antes de ellos la agricultura era prácticamente nula y ellos la revolucionaron. Eran familias muy numerosas que facilitaron la propagación de aldeas por todo el territorio", destacó.
En el libro se rastrea de manera literaria la vida de los antepasados de Conrado Asselborn hasta el siglo XVIII, para luego meterse de lleno en la interesante historia del protagonista. El ermitaño de Cabo Vírgenes ya puede conseguirse en librerías de la capital entrerriana.

Una vida de novela
El ermitaño de Cabo Vírgenes se inscribe en el género de novela histórica y aborda la vida de Conrado Asselborn, nacido en Valle María en 1916, hijo de Juan Asselborn y Gertrudis Kloker.
Conrado trascendió como "El veterano buscador de oro", "El solitario del fin del mundo" o "El ermitaño de Cabo Vírgenes". Su principal medio de subsistencia era la búsqueda de oro, un trabajo que le redituaba económicamente pero era muy pesado. Además cazaba zorros colorados en invierno, en la estepa cubierta por nieve, vendiendo unas 900 pieles por año. Y durante el verano pescaba róbalo, una especie muy buscada. Su vida era rústica, dura y solitaria.
A varias décadas de su muerte, una calle de Río Gallegos, capital de Santa Cruz, lleva su nombre, poniendo en valor una vida rica en experiencias y aventuras, que terminaron moldeando su férrea voluntad y alimentando una elevada condición humana.
Exoficial del Ejército Argentino, Aníbal Antonio Parera se retiró en 1987 con el cargo de Teniente Coronel. Prestando servicios en la Patagonia, el autor pudo conocer personalmente a Asselborn en la década del 60 y enamorarse de su historia de vida.
"Era un hombre hábil con el lazo, diestro con el cuchillo, de gran capacidad laboral, un verdadero hombre de campo. Él se fue a hacer el servicio militar a la Patagonia y después decidió quedarse allá, en un lugar donde arrecia el viento. Pude reconstruir sus 20 años de vida entrerriana y, con muchísima suerte, pude hacer lo mismo con sus 56 años de vida patagónica", comentó Parera.
A raíz de su fuerte carácter, tuvo varios encontronazos con la ley, episodios que están relatados con detalle en la novela de Parera, quien conoció a Asselborn a través de un amigo de la infancia que también era militar y se lo presentó: "Yo quería hacer algo por reintegrarlo a este señor a nuestra provincia, después de haber visto la soledad en la que vivía. En Río Gallegos había un centro de residentes entrerrianos e hicimos gestiones para conseguir un camión de mudanzas que le trajera sus pertenencias. Y volvimos a darle la buena nueva, pero él se entró a reír, y ahí nos dimos cuenta que él ya había encontrado su paraíso en ese lugar yermo y helado, que ahí vivía bien a su manera".
De todas maneras, el Ermitaño mantenía contacto con su familia entrerriana, e intercambiaba un frecuente epistolario con sus hermanas menores.

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