Julio Vallana / De la Redacción de UNO
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Esa caja de Pandora o el cerebro humano
Poco a poco las Neurociencias acceden a precisiones sobre la extraordinaria complejidad y sensibilidad bio-electro-química del cerebro, al punto que muchos de sus actuales descubrimientos parecían hasta hace poco tiempo, ciencia ficción. La licenciada María Inés Reynoso –master en Neuropsicología– puntualiza algunos de ellos pero a la vez admite la insuficiencia del paradigma científico para profundizar en el conocimiento de ciertos aspectos de este sofisticado y todavía misterioso, en parte, órgano de 100.000 millones de neuronas. El más evolucionado de la especie humana y que regula desde la presión arterial hasta las emociones y pensamientos, entre otras muchas y sutiles funciones.
Cerebro y estímulos
—¿Cuáles son los últimos avances de las Neurociencias y de la Neuropsicología en particular?
—La Neuropsicología es una de las disciplinas de las Neurociencias y ha tenido su propia historia, desde la Teoría locacionista o de los centros cerebrales, pasando por la Nefrología –que creía que algunas protuberancias del cerebro expresaban el carácter de las personas, lo cual se uso mucho en Criminalística. Se decía que el lóbulo de la oreja expresaba un rasgo de carácter criminal, o algunas protuberancias de la cabeza. Era una teoría precientífica. La Teoría locacionista pensaba que a cada rasgo psicológico o cognitivo le correspondía un lugar en el cerebro. La Neuropsicología clásica estudiaba los aspectos superficiales de la mente tales como pensamiento, lenguaje y emociones, lo cual dio lugar a un modelo en el cual se evaluaban y diagnosticaban los trastornos producidos por el daño cerebral. El tercer paso fue la Neuropsicología profunda o Neuropsicoanálisis que consiste en intentar juntar los aportes del psicoanálisis con los de la Neuropsicología, a partir de la observación de pacientes con daño cerebral –lesión desde el nacimiento o adquirida en la niñez, accidentes cerebro vasculares, trastornos o traumatismos craneoencefálicos y tumores.
—¿Qué teorías y modelos fueron ratificados y cuáles descartados?
—Esos modelos son usados: en la población con daño cerebral hay un aspecto de la rehabilitación que tiene que ver con la Neuropsicología clásica, para atender a los déficit que quedan en las funciones dañadas. El nuevo paso significa que el neuropsicólogo atiende las alteraciones que el daño cerebral produce en la conducta. Las Neurociencias tienen un agradecimiento al psicoanálisis por las preguntas que se hacen y que sirven como ideas directivas. Algo que se sabe es que algunos daños en el lóbulo frontal alteran lo que en psicoanálisis se denomina súper yo, por conductas como desinhibición, pérdida de la conducta social y falla en la autocrítica, y alteraciones que tienen que ver con la sustancia gris relacionadas con alteraciones del yo –importante para el proceso de rehabilitación. Lo primero que se atiende es el duelo que la lesión produce porque el sujeto sabe y registra que no será el mismo –en cualquier edad–, lo tiene que elaborar y a la vez hay que atender a su constelación familiar –porque también hay que atender las alteraciones que se provocan. A su vez está la posibilidad de que ese sujeto sea reinserto realísticamente en la sociedad –con las secuelas que hayan quedado.
—¿La Teoría de los centros fue descartada?
—Se sabe que el cerebro no funciona por centros y que a cada centro le corresponde una conducta. Recuerdo que hace muchos años trajimos a Paraná a un prestigioso neurólogo –pionero– quien hablaba de la Teoría de los centros, en cuanto a que el lenguaje, la motricidad, la atención y la memoria estaban depositadas en determinados lugares del cerebro. Hoy podemos constatar que una persona puede tener una lesión cerebral en un lugar determinado y otra en el mismo lugar, pero las manifestaciones son distintas, y esto tiene que ver con el fenómeno epigenético en cuanto a cómo el ambiente modula la plasticidad del cerebro. Se organiza y estructura a partir de cómo me estimulan, y cómo son mis vínculos amorosos, cognitivos y sociales. Igualmente, el cerebro siempre aprende, aunque queden pocas neuronas, lo cual descarta el mito de que “loro viejo no aprende a hablar.” El ser humano viene con la capacidad de la adaptabilidad.
—¿Cuál fue el descubrimiento puntual que hizo descartar la Teoría de los centros?
—La Teoría de sistemas y la aplicación de los modelos computacionales. Se pudo ver que el cerebro no funciona con un centro único y modelizar de otra forma el cerebro para ver cómo se vinculan determinadas cosas para poder dar respuestas a estímulos del medio.
—¿No hay un “mando cerebral central”?
—No, es una interacción permanente y simultánea, de arriba hacia abajo, y del centro hacia afuera – si lo tomamos como una esfera– vía neuronas, hormonas cerebrales y sinapsis –mecanismos de la célula, de la química, eléctricos y fisiológicos. Es maravilloso y también inasequible como una totalidad, todavía.
Paradigma insuficiente
—Tal vez nunca se acceda a esa totalidad a través del paradigma científico actual.
—Se cree que la Física Cuántica permitirá un acceso más firme a un modelo, tal vez, no sé si definitivo pero sí bastante acercado a cómo funciona el cerebro.
—¿Qué aportaría la Física Cuántica?
—Se accedería al problema de la conciencia y del inconsciente. Por eso el psicoanálisis es importante: por las preguntas que le hace a las Neurociencias. Freud en 1895 con su proyecto de Psicología para neurólogos –que también lo era– intentó vincular la estructura cerebral con la Psicología, lo que pasó es que todavía la Neurología estaba atrasada y no tenía los medios de diagnóstico. Investigar cerebro implica meterse en el medio interno y está la Bioética para decir hasta dónde podemos llegar y hasta dónde no. Todas las investigaciones de (Iván) Pávlov y de la Escuela Rusa permitieron –gracias al descubrimiento del reflejo condicionado– entender el reflejo psíquico, cómo el medio y el cuerpo se vinculaban y producían determinada cosa. Hoy tenemos el diagnóstico por imágenes, lo cual podría haberle aportado mucho a Freud en casos como la esquizofrenia, depresiones bipolares y depresiones graves –que tienen un gran componente orgánico.
—¿Qué avances tecnológicos son determinantes en el desarrollo de las Neurociencias?
—El diagnóstico por imágenes tales como tomografía, resonancia magnética y resonancia magnética funcional, las cuales permiten evaluar un cerebro mientras se hace una tarea, a partir de ver qué zonas o mapas cerebrales se encienden cuando una persona está sometida a una determinada tarea. En la evaluación de los cerebros dañados y la conducta que el sujeto desarrolla se penetra en el asiento de las funciones o instancias enunciadas por Freud. No es que esto esté absolutamente ratificado pero es el intento que se está haciendo.
—¿Hay distintos “formatos” o “modelos” de cerebro en cuanto a características físicas?
—Es pregunta muy importante porque el cerebro es igual, salvo en el hombre y en la mujer, en que hay algunas diferencias, a partir de lo cual se puede decir por qué las mujeres somos distintas psicológicamente de los varones. El cerebro es el único órgano que queda abierto a las influencias del medio: venimos con un cerebro dispuesto a aprender y modificarse. Se da el fenómeno epigenético, por el cual el ambiente esculpe el cerebro y se organiza plásticamente en función de las influencias del medio. Si un niñito es atendido, sostenido y querido, básicamente su cerebro se desarrollará en condiciones óptimas. Si hay pobreza de estímulos –en el ambiente y de alimentación– también tendrá sus rasgos y modalidades funcionales. De todas formas esto no es determinante porque la inteligencia y la capacidad es algo genial, no tiene que ver con la clase social sino con los sujetos. Hace poco tuvimos lo del chico misionero (Fabián Ramos), talentosísimo, y no tiene para ir a la escuela. La inteligencia está por determinadas causas multifactoriales en determinados sujetos, no obstante se sabe que si hay un grupo familiar de alto nivel intelectual, es muy posible que la descendencia también lo sea, sobre todo por el ambiente y calidad de los estímulos.
—¿La influencia de estos estímulos es observable sobre algún sector particular de la estructura cerebral?
—Son estudios longitudinales, que todavía no se han visto. Lo que sí se sabe es que la organización de la estructura psíquica de la personalidad es paralela a la organización de la dinámica cerebral, a partir de la plasticidad neuronal. Es el puente entre lo genético heredado y el ambiente. Si, por ejemplo, tenemos un ambiente que es facilitador –un chiquito a quien se le lee, canta y se lo trata bien– tendrá mayor plasticidad neuronal y podrá desarrollar más fácilmente sus talentos innatos.
—¿La plasticidad neuronal implica la sinapsis?
—Sí, las conexiones entre neuronas: cuantas más conexiones, mayores posibilidades de desarrollo. No digo que no haya un perfil genético que haga que las personas tengan determinados rasgos biológicos y neurobiológicos, pero el desarrollo del talento está prácticamente ligado a la calidad del estímulo del ambiente.
—¿Qué aportó hasta ahora el estudio del genoma humano a esta cuestión?
—A las Neurociencias le aporta la verdad científica de saber sobre qué terreno material estamos hablando, al poder analizar el perfil genético de una persona. En una serie de enfermedades congénitas y neurológicas, conocer el perfil y la secuenciación del genoma permite poder dar determinadas medicaciones que hagan que alteraciones que vienen de los primeros momentos –vinculadas con hormonas cerebrales– se puedan retrotraer. Para lo cual se necesita una evaluación del genoma secuenciado y saber qué perfiles hormonales cerebrales de neurotransmisión tiene esa persona. Por ejemplo: puede haber un déficit de dopamina o de serotonina. Antiguamente los medicamentos se formulaban de forma general pero al conocer la secuencia genética y el perfil, hace que podamos acceder específicamente a qué es lo que tiene en más o en menos, y formular medicaciones específicas. Un caso es el de las alteraciones motoras, sobre lo cual se sabe que hay un déficit de dopamina –una hormona cerebral.
—¿En qué medida se torna o no conflictiva la relación entre la ciencia y el psicoanálisis, a medida que se producen los descubrimientos de los que estamos hablando?
—Ha sido conflictiva. Este paso más allá de la Neuropsicología profunda se gesta en Inglaterra – donde hay una fuerte adhesión al psicoanálisis– y por los estudios en Estados Unidos de (Antonio) Damásio –un teórico de las emociones, con descubrimientos fantásticos. En Inglaterra hay una serie de psicoanalistas y neurocientíficos que se dedicaron a esto. Mark Solms y Karen Kaplan-Solms tienen varios libros y trabajos, y han trabajado en algunos hospitales de Londres, con tratamientos y curas psicoanalíticas en pacientes con daño cerebral. En mi casuística tengo algunos casos y uno de ellos –supervisado por el doctor David Rosenfeld– es de una niña que tuvo un ACV por una falla vascular. Nos va bien pero no quiero ser excesivamente optimista porque cuando hay una lesión, hay secuelas, salvo algo muy específico.
Reserva de neuronas
—¿Qué potencial de regeneración tiene el cerebro?
—Antes se pensaba que se dañaban células y poblaciones neuronales, y la persona quedaba sin poder hacer determinada tarea. No soy tan optimista en cuanto a que cuando hay una lesión se rehabilitará absolutamente todo, porque una lesión implica un obstáculo en el funcionamiento que tiene repercusiones, pero hay muchas poblaciones neuronales que están vicariantes.
—¿Una especie de reserva dispuesta a suplir determinada función?
—Estas neuronas no tienen una función específica y están a la espera de que en algún momento se las requiera. Cuando trabajaba con niños con trastornos específicos del aprendizaje se trataba de estimular para que esas neuronas vicariantes tomaran la función de aquel lugar más especificado para el procesamiento de esa información. Siempre imaginaba que estaba haciendo un by pass, porque los chicos salían adelante.
—¿Se conoce acabadamente la función de esas neuronas vicariantes?
—Sí, porque se puede comprobar con los diagnósticos por imágenes, que muestran el cerebro funcionando y los grandes mapas.
—¿Hay posibilidad de hacer uso de esas neuronas, en el caso de que no haya daño?
—Claro, según el nivel de desarrollo, información, problematización, vinculación y asociación.
—¿Desaprender también?
—También, para aprender otras cosas y acomodarse. Todo esto a cualquier edad. Los adultos mayores no tienen que dejar de hacer cosas porque un cerebro en uso es mejor calidad de vida. Es como la actividad física, que mejora la irrigación y la segregación de aquellos neurotransmisores que tienen que ver con el mejoramiento del ánimo.
—¿Cómo se puede graficar lo que sucede al producirse un accidente?
—El daño cerebral puede ser por un golpe grande en un accidente, en el lóbulo frontal –que se desarrolló a partir de la bipedestación, el último en organizarse y que guarda las más altas adquisiciones tales como el lenguaje interior, habilidades sociales, estudio, representación y aprendizajes en función del medio. Puede ser más serio o menos serio, desde la aceleración de la masa encefálica contra la caja encefálica –que puede producir hematomas, con daño o sin daño posterior, derrames o aneurismas, como en los ACV. Es como una explosión en determinado lugar pero tiene sus consecuencias en otras zonas, se desestabiliza la homeostasis del equilibrio y la interrelación del bienestar cerebral.
Química y ambiente
—¿A qué se debe lo descubierto en torno a la química del cerebro?
—Hay muchos avances gracias a la Biología Molecular por la cual se sabe con qué tipo de conducta está vinculado determinado neurotransmisor: serotonina, dopamina, etc, que son moduladores de la conducta y del ánimo. Uno de los grandes avances está relacionado con el Parkinson, al descubrirse que los pacientes tienen un déficit de dopamina –el inhibidor del movimiento. Se han elaborado drogas para atenuarlo –lo cual tiene efectos colaterales. Por eso, poder establecer un ADN secuenciado de cada persona implica no sólo saber los déficit que tenemos en cuanto a neurotransmisión sino también crear medicamentos específicos para el perfil de esa persona –en las cantidades que lo necesita. Hoy hay medicamentos iguales para todos. Algunos estudiosos dicen que no hay demencia en el Parkinson sino que lo que produce una seudodemencia es la incorporación gradual y el aumento de la medicación. Conocí algunos investigadores en Córdoba que trabajaban sobre esto pero quedó detenido. En los casos de delirios o de psicosis, el cerebro produce un trastorno en el metabolismo de las hormonas cerebrales y hace que se produzcan alucinaciones. En este sentido los medicamentos han avanzado mucho, al igual que los antidepresivos –que están muy evolucionados. No obstante que la medicación puede ayudar, a lo que apostamos es a la cura por la palabra –lo que propone el psicoanálisis– porque el paciente puede hacer consciente lo inconsciente, que lo perturba y altera.
—¿Se ha establecido con precisión la correspondencia bioquímica que tiene cada emoción?
—¡Qué preguntita me estás haciendo! No están establecidas específicamente pero la Psicoinmunoendocrinología es la que se ocupa de todo esto. Para un paciente con determinados rasgos de conducta –obsesivo-compulsivo, paranoico– la medicación está bastante ajustada al tipo de síntoma que presenta. Esto a su vez tiene que ver con determinados neurotransmisores, y mayor o menor secreción. Pero nunca una medicación por sí sola resolverá la problemática mental porque las personas gestan una patología determinada en función de un perfil neuroquímico, indudablemente, una neurobiología, una organización neurológica, pero básicamente en función de los vínculos que se establezcan. Un buen vínculo emocional materno-paterno y social incrementa la posibilidad de hacer una enfermedad mental o la disminuye. Llega un momento en que no podemos saber qué es lo orgánico y qué lo ambiental, es una maravillosa imbricación.
—¿Cuál es la química de la felicidad?
—Una segregación de determinado tipo de hormonas, como la serotonina. Es una cascada de esta hormona. En cambio, cuando hay una situación de miedo, riesgo o estrés, la hipófisis segrega adrenalina –que es la hormona que nos prepara para afrontarlo. Si vivimos muy sometidos a estrés, esta hormona se instala en el torrente sanguíneo y es un verdadero veneno –relacionado con las enfermedades cardiovasculares. Lleva mucho tiempo en metabolizarse, salir del organismo y mientras tanto produce inflamación de arterias y vasos. El organismo no tiene que tener procesos inflamatorios porque producen determinadas enfermedades como el cáncer e infartos. Por día estamos sometidos a mil tipos de estímulos estresógenos más que nuestros abuelos. Por eso la actividad física, la socialización y las terapias alternativas son la gran medicina, al promover la homeostasis y el equilibrio entre mente y cuerpo. En cambio la medicación, siempre, tiene efectos colaterales.
—¿Qué genera el orgasmo?
—Es un capítulo de la Neuropsicología: no sé sobre ello pero hay autores –sobre todo uruguayos–que han trabajado sobre esto. Imagino que cuando se concreta el orgasmo hay una gran cascada de la hormona del bienestar y la felicidad.
Luces y sombras
—¿Cuál es la zona más explorada y la que presenta mayores incógnitas?
—Sobre las que más se sabe –y están bien localizadas– son las áreas que tienen que ver con el lenguaje y los aprendizajes de la lecto-escritura. Tienen que ver con el cerebro antiguo –el que traemos heredado. Del que menos se sabe es del lóbulo frontal porque son áreas de la conducta más inespecíficas tales como la emocionalidad, la inhibición y la motivación. También se sabe que existe un área –aunque no está confirmado– llamada cerebro límbico, en el cual se procesarían las emociones y la posibilidad de situarse ante determinadas situaciones.
—¿Podría haber otros cerebros aún desconocidos?
—Hay un pulpo que tiene nueve cerebros y sobre esta base hay investigaciones para saber qué es lo que procesan. Recordemos que la vida comenzó en el agua.
—Lo pregunto porque mientras no se profundice lo relacionado con el campo cuántico, el desconocimiento sobre el cerebro continúa siendo formidable.
—Estamos en el arduo y penoso proceso de poder llegar a entender un poco más ajustadamente cómo es el cerebro que hemos concebido hasta ahora.
—¿Cuál fue el mayor salto evolutivo?
—El lóbulo frontal porque cuando el primate comenzó a caminar en dos patas y pudo alzar la mano para sacar los frutos y mirar hacia arriba, cambió todo. Hubo que desarrollar otro lóbulo, el cual permitió que muchas funciones se fueran integrando –como la noción de tridimensión o profundidad –desde el punto de vista visual. Antes siempre se miraba un punto fijo hacia abajo.
Psicoanálisis y cerebro
—¿Sintetizando, qué correspondencia general se puede hacer entre lo descubierto hasta ahora por las Neurociencias y la estructura de la personalidad que describió Freud?
—Todavía no hay nada determinado ni definitivo. Dije que pareciera que el Súper Yo estaría instalado en el lóbulo frontal, lo cual parece bastante coherente por ser las últimas adquisiciones de la especie humana. Los códigos de convivencia que fueron necesarios también nos dicen qué está bien y qué está mal, y el Súper Yo tiene dos funciones: la conciencia moral e ideal del Yo. Lo relacionado con el Yo pareciera que tiene que ver con la sustancia gris –que recorre toda la estructura cerebral. No quiero adentrarme más en esto porque puede dar lugar a malas interpretaciones, al ser conocimientos provisorios.
—¿Hay certezas en torno a la conciencia?
—(Risas) ¡Es el gran tema! Certezas… no podemos tener, pero hay estudios avanzados que están estudiando la conciencia. Por eso hablaba de otros modelos matemáticos y de la Física Cuántica, porque este tema no está hasta ahora, aparentemente, vinculado a una estructura física. Podría arriesgar que son estructuras que tienen que ver con la sinapsis, la circulación de neurotransmisión y los procesos eléctricos. Se sabe lo que son los estados alterados de conciencia, por drogas o por coma. La Neuropsicología estudia la ampliación de la conciencia, que es la posibilidad de pensar sobre lo que estamos haciendo, diciendo o pensando, y eso, pareciera, no tiene un sustrato material. Son problemas que se están instalando en las Neurociencias.
—¿No estamos en un punto en el cual el viejo paradigma científico es ineficaz e insuficiente para estos interrogantes?
—Sí y habrá que ir creando otros. Todos los paradigmas se hicieron en función del conocimiento científico, fino y profundo, pero también con una gran dosis de inventiva y creatividad. Una de las cuestiones que la Neuropsicología aborda es la creatividad –a través del Proyecto 0. Y así saber qué pasa, por ejemplo, con los cerebros de Picasso, Borges y los grandes creadores de la poesía y la música.
—En su momento se especuló en torno al tamaño del cerebro.
—No sé si se relaciona con el tamaño pero sí con la movilidad, capacidad de transmisión y estímulos cognitivos, sensoriales y emocionales.
—¿Qué pregunta interesante sostenés desde el psicoanálisis para con las Neurociencias?
—Me interesa mucho saber cómo funciona y qué pasa con el Yo cuando hay lesión cerebral, y cuáles son las estructuras implicadas. Esto nos podría aportar rápidamente en qué condiciones biológicas queda el sujeto y cuánto resto yoico hay. Para las Neurociencias y la Neuropsicología en particular, el Yo está gestado por la naturaleza humana al servicio del libro albedrío.
—¿Para qué?
—Básicamente, para decirme: “Esto sí” o “esto no”. Cuando una lesión produce un daño en aquellas estructuras corticales o subcorticales –supuestamente donde está implicado el Yo– sabemos que el sujeto tendrá menos hándicap de recuperación que aquel que lo conserva. Yo es conciencia de ser y esto tiene que ver con otro concepto que es la homeostasis –o medusa visceral–, relacionada con el bienestar o no, y el registro en la conciencia de mi estado visceral que me da un estado de bienestar o displacer. Las modificaciones en la segregación de hormonas en las suprarrenales, presión arterial, temperatura corporal y lo gástrico-intestinal son el sustrato fisiológico básico sobre el que se gestará el placer o displacer que podamos sentir, también vinculado al medio. Como por ejemplo el displacer que me provoca el frío.
—Todo es física y química.
—Exactamente.
—¿En qué medida podemos considerarnos libres y autónomos sin conocer la totalidad del funcionamiento cerebral?
—Es buena la pregunta. La noción de libertad está muy ligada al bienestar, es una noción construida, un estado de la mente –que también tiene que ver con esto más fisiológico que nombré pero también con el Yo, en cuanto a poder decir sí o no frente a determinadas cosas. Muchas veces decir “no” es una posibilidad liberadora. Podríamos decirle no al sistema neoliberal y seríamos más felices, porque nos quita libertad a través de una forma de vida a la que pocos tienen acceso y el resto se queda sufriendo. El hombre tiene que encontrar formas más humanas y sencillas, pero mejores para su bienestar. Nos enfermaríamos menos, estaríamos mucho mejor conectados con los otros, tal vez seríamos más generosos y solidarios, y con más conocimiento para desarrollar lo que traemos como conformación genética y posibilidad. El libre albedrío –función que básicamente sostiene el Yo– nos permite elegir qué tipo de vida queremos para nosotros. No sé si los mayores descubrimientos que se hagan con relación al funcionamiento cerebral cambiarán demasiado esto, porque se trata de estar bien aquí y ahora.
—¿Cuánto de una sofisticada computadora tiene el funcionamiento neuronal y cuán ridículo es compararlo con una de ellas?
—Es una vieja discusión. No soy experta en eso pero a la computadora la creó el hombre. El hombre crea cosas a imagen y semejanza, así que la computadora sale del cerebro del hombre; lo que no tiene la computadora es la emocionalidad y la voluntad del cerebro límbico. Se cree que será posible pero no lo sé porque no soy experta en robótica ni en informática. No sé si la genialidad y la particularidad de cada ser humano pueden ser imitadas. El cerebro sería como un gran director de orquesta: todo se registra, llega y vuelve a él, ordena, organiza y procesa. Somos cerebro: desde la corteza hasta la médula.
La absoluta certeza de ser una unidad
La especialista en Neuropsicología reconoce la limitación del actual paradigma científico que divide soma y mente sin vincularnos al momento del diagnóstico y abordaje terapéutico, y rescata como respuestas integrales el psicoanálisis y las terapias alternativas.
—¿Qué herramientas te aportaron las Neurociencias que en el caso de haber sido solo psicopedagoga –como en tu caso– no hubieras contado con ellas?
—Primero, una especialización profunda en un área del conocimiento. Abogo por la transdisciplinariedad. La Psicopedagogía todavía tiene mucho por trabajar. Quería ampliar mi mirada y cuando comencé mi formación en Neuropsicología el trabajo estaba muy centrado en rehabilitación –lo cual hice durante mucho tiempo y me fue muy bien. Tengo dos libros publicados sobre Neuropsicología del trastorno viso facial y sobre afasia en niños. Ahí sentí que se cerró un período profesional y comencé a ver otras cosas, a partir de la problemática emocional, el autismo y el psicoanálisis. Cuando terminé la carrera como neuropsicóloga, el gran logro en mi mente fue la absoluta certeza de que somos una unidad. La gente todavía anda pensando que todavía las ideas y la mente van por un lado y el cuerpo por otro.
—Si fuera la mayoría de la gente no sería tanto problema. Lo grave es que todo el paradigma científico-médico se sostiene sobre esa falsedad.
—Sí, por eso Damásio escribió un libro que se llama El error de Descartes, que plantea esto.
—Por eso también te pregunté sobre la insuficiencia del paradigma científico dominante.
—Exactamente. ¿Y cuál es el paradigma filosófico de la Neuropsicología?: Mi querido y amado Baruch Spinoza, quien propone un paradigma en el cual somos considerados como una totalidad. Damásio tiene un libro maravilloso que se llama En busca de Spinoza, para cualquier persona que quiera conocer sobre esto. Plantea la evolución de los modelos de pensar al ser humano y sus consecuencias. Se pensaba que había una mente y un soma, separados. Se atacaba el soma y la mente, al psiquiátrico. Abordar a un sujeto como una totalidad es mucho más efectivo, beneficioso y acertado que como entidades separadas.
—¿Quiénes están a la vanguardia en investigaciones?
—En Neuropsicoanálisis, Inglaterra, porque tienen todas las condiciones: neurocientíficos estudiando en laboratorios, los hospitales donde están los pacientes, y hacen grandes entrecruzamientos. Aspiro alguna vez a poder ofrecer este tipo de servicio en hospitales donde haya gente con esta problemática y también poder asistir a las familias. Los médicos acuden al modelo médico –que es medicalizar y terapias específicas de rehabilitación– sin atender a lo emocional del paciente y de la familia. Muchas veces –si no se atiende eso– se produce la psiquiatrización del paciente y no la reinserción laboral y social saludable.












