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¿Y los padres, y los controles, y el Estado?

Tras el crimen ocurrido en Villa Gesell, se vio claramente la ausencia en este descontrol

Viernes 24 de Enero de 2020

Tuvo que ser asesinado un joven en Villa Gesell para que se dé el necesario debate sobre la noche, los excesos, la juventud y la tan mentada libertad que debería existir para hacer lo que se quiera. Buscar la responsabilidad en el deporte es no querer solucionar el problema de fondo. Apuntar al rugby como exclusivo detonante del crimen de Fernando Báez Sosa es sinceramente una torpeza. En todo caso, habrá que seguir trabajando en la concientización y en la formación de los jugadores, pero esto no quita que la noche de Paraná, de Villa Gesell u otras ciudades turísticas, sean un caos. Todos los casos de violencia que se conocieron en los últimos días hablan por sí mismos del descontrol nocturno en gran parte del país

Los invito a ir a mirar lo que sucede a las 6 o 7 de la mañana a la salida de los pub y boliches de la zona del Puerto u otras zonas en Paraná. La Policía tuvo que diagramar operativos para neutralizar las peleas y situaciones de violencia dentro y fuera de los comercios. Ante esto, hay dos preguntas claves: La primera es saber quién educa: los padres, luego viene la formación y la enseñanza con los restantes actores de la comunidad y el Estado. Pero las pautas de respeto, orden, humildad, solidaridad, amor, cariño se dan en la casa, desde pequeño, si estas ideas no se machacan no van a aparecer como por arte de magia. Claro, en estos tiempos está la onda de dejar a los pibes crecer sin límites, para que experimenten la vida y aprendan qué es lo bueno y lo malo. Los padres –no todos– se lavan las manos, entonces los niños andan sueltos en las calles, los adolescentes salen y comienzan a tomar el gusto a la vida fácil, sin complicaciones. El segundo interrogante, ¿hay ausencia del Estado? El descontrol es tal porque hay una política clara de ausencia del Estado. Se mire por donde se mire, lo de Villa Gesell es un espejo de lo que pasa en la gran mayoría de las ciudades turísticas. Se prioriza el tema económico, la máxima ganancia de los empresarios de la noche, la venta de alcohol y el consumo –obviamente en este libertinaje– de todo tipo de estupefacientes. Cómo puede ser posible que en una ciudad como Gesell, después del asesinato de Fernando, recién se haya dispuesto el envío de varios centenares de policías para reforzar la inexistente presencia de uniformados. Hoy la tendencia marca que los controles casi no deben existir. Dejar fluir el movimiento que debe consumir todo lo que pueda, y después volverse a la casa borracho a dormir todo el día. Es obvio que en ese modo de vivir, hablar de familia, diálogo, almuerzo, es casi una utopía. Los pibes ahora se divierten así, y nadie hace nada ante la apertura de los boliches a las 3 o 4 de la mañana, para de esa manera extender al máximo las denominadas previas donde lo único que se prioriza es tomar.

Humildemente, creo que el Estado en todas las facetas debe replantearse su presencia en la noche. La palabra control no significa censura ni intromisión de los mayores en el mundo de los jóvenes, es simplemente fijar los límites de la convivencia. Lo otro, el ataque en manada de un grupo de estúpidos envalentonados por el alcohol, deben ser tratado con el máximo rigor de la legislación. No buscar las alternativas de encontrar los responsables de un crimen en una determinada disciplina deportiva, un estamento social medio y alto. O el ataque xenófobo a una persona por su nacionalidad. En el homicidio de Gesell no se escuchó a los padres de los detenidos, pero sí se conocieron las primeras actitudes de los acusados de echar las culpas a otro joven, o ahora empezar a arrepentirse, tal vez para tratar de zafar de la incómoda situación judicial. Los problemas en la noche no se van a solucionar con demagogias o posturas teóricas e ideológicas. La realidad marca que si se encuentran ausentes los padres y el Estado, la violencia no va a desaparecer en nuestra sociedad.

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