Siempre se puede estar peor
Javier Milei se ha catapultado como un fenómeno social, parangonable al de esas bandas de rock anglosajón

Jueves 27 de Abril de 2023

Brian es un estudiante de secundaria de un barrio periférico de Paraná, vive en una unidad habitacional multifamiliar con varias carencias, dice cobrar la beca Progresar, “te pagan por estudiar”, le dice a su profesor y agrega “yo lo voto a Javier Milei, él es el único que quiere cambiar las cosas, no me interesa la política, pero lo voy a votar”.

Un trabajador de mediana edad, que en su barrio apodan “Tito”, se desempeña en una empresa de limpieza tercerizada por hipermercados, no oculta sus evidentes problemas para llegar a fin de mes, a pesar de que trabaja más de ocho horas al día, en blanco. Además, está haciendo un gran esfuerzo para terminar sus estudios secundarios, de noche. Con voz altiva, comenta en el almacén de su barrio: “Milei sabe lo que hay que hacer y es muy recto y derecho, lo voto a él”.

Juli es una joven “ni - ni”, ni estudia ni trabaja, terminó su secundaria el año pasado y se debate entre seguir cursos relacionadas con la estética “cortos, pero hay que pagar para estudiar y después comprar todo el equipamiento para trabajar” –aclara- y una carrera universitaria más larga, aunque reconoce que sus padres no podrían sostener sus estudios. Para ella Milei es el único que “sabe”, aunque no termina de precisar bien qué es lo que “sabe” Milei.

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Javier Milei se ha catapultado como un fenómeno social, parangonable al de esas bandas de rock anglosajón

En la mayoría de las provincias es recibido como un rockstar, peinado polémico aunque original; su physique du role, rememora viejas épocas de gloria de ideologías de extrema derecha, ahora en una versión 2.0. El rostro adusto y agresivo, el puño apretado, el grito áspero y la “melena de león” inquieta, mientras promete echar a patadas en el culo a la “casta política” de la que él –ya oficialmente, desde que ocupa un cargo electivo- es parte. Eso, desde que ¿dejó de representar? oficialmente a la “otra casta”, la empresaria prebendaria, dado que fue un importante ejecutivo de las empresas de Eduardo Eurnekian.

El fiel defensor de la libre e irrestricta competencia le manejaba las finanzas a un grupo que detenta negocios multimillonarios de manera monopólica, obtenidos del estado. Es que, a través de Aerpuertos Argentina 2000 manejan –entre otros- los servicios de Ezeiza y Aeroparque y son los principales lobbystas del cierre del aeropuerto de El Palomar. Es decir, individualismo y competencia para el resto, negocio seguro y sin rival, para ellos. Tanto es así, que la concesión, que vencía en 2028, ya fue extendida hasta 2038, sin más, por la gestión Fernández.

Desde esa plataforma, Milei se ha catapultado como un fenómeno social, parangonable al de esas bandas de rock anglosajón que tarareamos sin entender lo que dicen; ah ¡Pero cómo nos gusta!, el ritmo, la impostura del cantante, su look; no se sabe muy bien por qué, pero fascina.

¿Sabrán Brian, Tito y Juli que con Milei de Presidente, serían los primeros desamparados por el sistema, empujados a un salvaje mercado laboral estilo “sálvese quien pueda”?.

Probablemente, Brian perdería su beca Progresar, Tito, tendría que abonar la matrícula de su escuela nocturna religiosamente mes a mes y Juli ya no dudaría entre opciones de estudio pues, decididamente, se vería empujada al mercado de trabajo.

Pero, como dicen los abuelos “la culpa no es del chancho, sino de quien le da de comer”. Este aparente nuevo héroe de las clases populares gana terreno en un espacio en el cual la política tradicional se ha debatido en su incapacidad. Desde la derecha y hasta la izquierda.

El “albertomassocristinismo” fue –como esta improvisada denominación- un Frankenstein que no podía terminar de otra manera. Respetó a rajatabla el viejo adagio del extinto Antonio Cafiero, ese que decía “el poder es como el violín, se agarra con la izquierda y se toca con la derecha”. Alberto y Guzmán hicieron la negociación más efectiva y fácil que hay con el FMI: le dijeron a todo que sí. Massa ajustó todo lo que pudo, pidió más plata al Fondo y cada tres meses espera que los grandes exportadores granarios oigan sus súplicas, para liquidar los escasos dólares que ayuden a evitar el helicóptero. Cristina asiente todo, a regañadientes, mientras los trabajadores en blanco no llegan al 20 de cada mes, los que están en negro, menos y el resto, si come, mejor. Más neoliberal de derecha, no se consigue.

Tal vez, lo que Brian, Tito y Juli no pueden poner en palabras es “peor que esto, imposible”. Sin embargo, nuestra Argentina ha demostrado a lo largo de su existencia que siempre se puede estar peor.