Política argentina: cuesta abajo
Creer que la política argentina es cuestión de estadistas y posturas ideológicas sostenidas con argumentos serios es una utopía

Sábado 06 de Mayo de 2023

Creer que la política argentina es cuestión de estadistas y posturas ideológicas sostenidas con argumentos serios es una utopía que hace muchas décadas dejó de estar en el horizonte de los argentinos. El país supo tener un bipartidismo con algunas bases que servían para diferenciar entre radicales y peronistas. En los 90 comenzó la moda de hacer gobernadores o legisladores a cualquier famoso, y entrado el siglo XXI los conceptos ideológicos se desdibujaron del todo para dar paso a una superficialidad manifiesta, vacía de contenido y sustentada solamente por el marketing, la imagen, y los mensajes impactantes y llamativos. Y cuando creíamos que habíamos pasado por todo, aparece Milei.

El país ya conoce de candidatos agresivos, con discursos grotescos, y con mensajes que replican lo que se escucha en la calle entre protestas e indignación. Todavía resuena el nombre de Aldo Rico como candidato a presidente de la Nación a mediados de los 90, cuando desde su partido, el Modin, vociferaba a las cámaras sus propuestas de mano dura, balas y paredón para los delincuentes, y cárcel para todos los políticos.

Pero en ese entonces, nadie en sus cabales apostaba por que aquel carapintada que se sublevara contra Raúl Alfonsín en 1987 tuviera alguna posibilidad de llegar al poder.

La aparición de Milei como aprendiz de Guasón fue algo llamativo al comienzo. Pero con el declive constante de la política, el tobogán interminable de la economía, las hilachas de un gobierno sin rumbo y una oposición que no sabe qué hacer, sus posibilidades aumentaron.

Abocado a fortalecer una imagen casi de poseído por algún espíritu malvado de la economía liberal, Milei sabe que mientras más agresivo y disruptivo se muestra, más llama la atención. Y según algunos, eso parece que le estaría sumando votos.

Lo cierto es que detrás de ese espíritu libertario hay una maquinaria de intereses económicos importante, cuyo único objetivo es acceder al poder y a los mecanismos que permiten usar al país como una plataforma para tomar deuda, fugar capitales, explotar los recursos y profundizar el rumbo de miseria que tiene el país.

Claro, la pregunta es: ¿Cuál sería la diferencia con lo que hemos pasado en los últimos años? La primera es que nunca se estableció el camino de la violencia explícita como propuesta de gobierno. Jamás se buscaron mecanismos de entrega real de la soberanía, ni saltos al vacío sin más argumentos que los gritos y los insultos.

La violencia no solo es mediática y pública. Quienes financian su campaña multiplican las granjas de trolls y bots, no solo para posicionar al economista y difundir sus ideas y propuestas, sino también para hostigar rivales, iniciar campañas de desprestigio, o enviar mensajes y mails desde las sombras para amedrentar. A todo esto, se suma la desinformación constante que suma en su retórica chocante y que sigue sin encontrar desmentidas, quedando latente en los oídos de mucha gente que cree que son alternativas reales.

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Creer que la política argentina es cuestión de estadistas y posturas ideológicas sostenidas con argumentos serios es una utopía

Desde creer que quien gana 100.000 pesos pasará a ganar 100.000 dólares con su proyecto de dolarización de la economía, hasta la iniciativa de hacer volar el Banco Central como forma de acabar con la inflación.

Milei es un producto similar a otros que aparecieron en el mundo, con la violencia verbal como medio, y un discurso fácil como propuesta para endulzar los oídos de los enojados sin pensar demasiado. El problema es que algunos de ellos llegaron a ser presidentes de sus naciones. No son locos. No son estúpidos. Cuentan con financiación, y tienen objetivos claros.

La pobreza política dividida entre el Frente de Todos y Cambiemos hace que ambos hagan esfuerzos frenéticos por subir al ring a Milei, convencidos de que este personaje le quitará votos al contrario.

Subestimar los resultados de las próximas elecciones puede llevarnos a niveles de crisis que jamás hubiéramos creído posibles, pero que podrían estar más cerca de lo que nos atrevemos a pensar.