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Pareja argentina no puede viajar a buscar a su bebé nacido en Ucrania

Flavia Lavorino y José Pérez, están juntos hace 15 años, y cuentan su odisea mientras esperan en un hotel de Kiev rodeados de niños recién nacidos.

Miércoles 20 de Mayo de 2020

Por Valeria Perasso

Corresponsal de Asuntos Sociales, BBC World Service

Cuando Flavia Lavorino decidió tener un bebé por gestación subrogada, ubicó Ucrania en un mapa y calculó la distancia. Unos 12.800 kilómetros. La distancia que separa Buenos Aires de la capital ucraniana, Kiev. “Cuando ya estábamos vencidos y sin esperanzas y habíamos decidido dejar de intentarlo, un compañero de trabajo nos comentó de la gestación subrogada en Ucrania”, le dijo Flavia a la BBC.

“De repente se volvió real, posible. Nos entusiasmamos muchísimo”.

Con José Pérez, su pareja desde hace 15 años, Flavia había probado todos los tratamientos de fertilidad posibles a lo largo de una década.

Flavia logró quedar embarazada una vez después de un procedimiento complejo y doloroso, pero lo perdió enseguida.

“Así que cuando nos confirmaron que el embarazo de la gestante en Ucrania iba adelante, estábamos emocionadísimos”, contó José.

Poco podían predecir que, para cuando naciera el bebé, estarían varados al otro lado del Atlántico debido a la pandemia de coronavirus. Su hijo Manuel tiene ya siete semanas, y ellos aún no han podido conocerlo.

“Esta es la peor pesadilla. Imagínate todos los años que llevamos esperando y ahora la espera se alarga todavía más, sin que tengamos siquiera idea de cuándo vamos a poder viajar”, confesó José.

Ucrania, como muchos otros países, ha cerrado sus fronteras a los visitantes internacionales en un esfuerzo por limitar la propagación de la covid-19, que ha causado la muerte de más de 300.000 personas en el mundo hasta la fecha.

Eso ha dejado en el limbo a decenas de bebés nacidos de madres gestantes en Ucrania –y que debían ser recogidos por sus padres que viven en el extranjero– en uno de los principales destinos del turismo de fertilidad en el mundo.

Argentina también ha prohibido todos los vuelos comerciales hasta septiembre como parte de un estricto programa de confinamiento para contener el virus, lo que hace improbable que la pareja pueda viajar en un futuro inmediato.

“Sabemos de la importancia del contacto físico para su desarrollo en esta etapa. Él tiene que estar con nosotros y nosotros con él”, reclamó José.

Planes truncados

Flavia y José comenzaron su camino en la gestación por subrogación en diciembre de 2018 y viajaron a Kiev cuatro meses después para aportar su material genético con el que crear sus embriones.

Estos embriones hechos en el laboratorio se transfirieron luego al útero de la gestante, o “madre subrogante”, a la que habían contactado a través de una clínica local.

“No conocimos a la gestante, no hubo oportunidad… La clínica nos dijo que ellos se encargaban del contacto, eso nos pareció bueno. No sabemos mucho de la relación de la gestante con la clínica. Sí sabemos que le pagamos, claro”, explicó José.

La subrogación comercial es legal en Ucrania. Y es también es un gran negocio.

El precio del paquete promedio aquí oscila entre 30.000 y 50.000 dólares, una fracción de lo que cuesta en Estados Unidos y otros países donde la gestación subrogada de carácter comercial es legal.

Para la pareja argentina, supuso pedir un préstamo y también dinero a la familia. No dicen cuánto han gastado, pero sí que el monto estuvo “dentro de esos rangos, y la mitad al menos fue para la gestante”.

“Desde que nos confirmaron el embarazo, comenzamos a programar todo con mucha antelación. Todos los detalles, la estadía y los viajes resueltos. Queríamos llegar varios días antes de la fecha de parto, que estaba calculada para el 10 de abril”, expresó Flavia.

“Mientras tanto, el embarazo lo fuimos viviendo mes a mes con las ecografías que nos iba mandando la clínica”, agregó José.

La pareja había reservado vuelos transatlánticos para el 2 de abril, con una escala en Madrid (España).

Cuando el coronavirus comenzó a extenderse y golpeó gravemente a España, se dieron cuenta de que su viaje podría no ocurrir como estaba planeado.

“Ni Flavia ni yo tomamos conciencia, creo que por el optimismo tuvimos un punto de ceguera. Así fue que seguimos planeando todo como si nada, y mientras tanto ya iban cerrando los aeropuertos”, contó José.

“Pensé que iba a ser de otra escala, ‘uh, cómo nos va a costar poder llegar hasta Ucrania’. Yo pensé que íbamos a ir unos días después, en un vuelo excepcional dadas las circunstancias. Pero no”, sentenció Flavia.

A medida que los países europeos iban cerrando sus fronteras y Argentina decretó una cuarentena temprana, a mediados de marzo, la pareja comenzó a desesperarse. “Cuando comenzaron a cerrar fronteras primero en Europa y después acá, ahí ya me agarró un terror terrible”, confesó la mujer.

El panorama se complicó aún más por el hecho de que ambos trabajan en el sector de la salud. Flavia es asistente social y José es médico de cuidados intensivos en un hospital del conurbano, a las afueras de la ciudad de Buenos Aires.

Como trabajadores esenciales, al principio no les permitieron tomar días libres. Como parte de su trabajo, José tuvo que tratar a pacientes con covid-19.

“Nos comunicamos con las empleadas hispanoparlantes de la clínica (de Ucrania) por WhatsApp a medida que armábamos un plan”, explicó el padre del bebé.

Quédense donde están, fue el mensaje. El centro de fertilidad había establecido un lugar para que Manuel se quedara mientras espera a sus futuros padres. “Ellos nos dijeron mil veces que los bebés iban a estar resguardados, cuidados, alimentados…”.

“Nos tranquilizaron, hasta donde era humanamente posible tranquilizarnos”, contó José.

Nacimiento temprano

Manuel nació antes de lo previsto, el 30 de marzo. Los ansiosos padres recibieron la noticia por mensaje de texto en las primeras horas de esa mañana, de camino al trabajo.

“Nos avisaron que nuestro hijo había nacido y nosotros estábamos a 12.500 kilómetros de distancia. Casi chocamos, tuvimos que parar en un puente que está cruzando al trabajo”, recordó Flavia en un tramo de la charla.

Más tarde vieron por primera vez a su bebé sano, de 3,720 kilos de peso y 52 centímetros de estatura. Fue a través de una fotografía.

“La gestante pidió la posibilidad de mandarnos un WhatsApp y comunicarse con nosotros y nos felicitó, nos remarcó que había sido un embarazo feliz y que estaba muy contenta por habernos cumplido un sueño que había demorado tanto”, explicó José.

“Nosotros le dijimos que, sin conocernos, nos había completado la familia y nos había cambiado la vida”, agregó Flavia.

Sin embargo, la pareja nunca consideró dejar al bebé a su cuidado. En otros países, algunos niños nacidos por subrogación se quedaron con sus madres gestantes o con empleadas de las clínicas y agencias de fertilidad, ya que el coronavirus detuvo muchos procesos de subrogación.

“Yo creo que es mejor que se haga así, donde la gestante no contacta con el bebé”, apuntó el flamante padre.

“En definitiva el cuidado del bebé hecho por la gestante o por niñeras o por cuidadoras capacitadas tiene la misma función: velar que no corran riesgos ni su salud ni su desarrollo. Pero no se va a conseguir el cariño, el amor de padres que solo le podemos dar nosotros”.

Hotel de bebés

La clínica ucraniana hizo las gestiones para que los bebés varados se quedaran en un pequeño hotel que la compañía posee en las afueras de Kiev.

No está solo Manuel: unos 50 recién nacidos están al cuidado de enfermeras en un gran cuarto reconvertido en guardería.

Y el número probablemente siga creciendo, ya que hay más partos programados para las próximas semanas y es poco probable que se levanten las restricciones de la cuarentena.

“Tenemos bebés chinos, bebés italianos, bebés españoles, bebés británicos...”, dice Denis Herma, portavoz del Centro BioTexCom para la Reproducción Humana, la compañía detrás del hotel y una de las agencias de subrogación más populares de Ucrania.

El hotel Venecia normalmente se ofrece como alojamiento para los padres biológicos que vienen a Kiev a recoger a sus hijos.

Ahora está manejado por un equipo de enfermeras que trabajan las 24 horas bajo estrictas reglas de cuarentena, dice la compañía de fertilidad.

Las cunas están dispuestas en filas, los nombres están impresos en colores brillantes en el pijama de cada bebé.

“Sentimos mucha pena por ellos, sabemos que nadie puede reemplazar a sus padres”, le dijo la enfermera Olha Kuts a la BBC.

José y Flavia reciben actualizaciones diarias de las cuidadoras en turno que pueden hablar español.

“Nos mandan fotos para que lo vayamos viendo. También nos hicieron una video llamada para su ‘cumplemes’, le hablamos y lo vimos en directo”, relató Flavia.

“Fue una llamada larga, yo creo que no daban más las chicas de tenerlo en brazos porque es grandote y con muy buen peso”, dice y se ríe la madre.

“Pero nosotros entendemos que cada vez hay más bebés y la posibilidad de brindar el tiempo a cada padre para charlar o ver al bebé se hace cada vez más difícil”, anota su compañero.

Negociaciones diplomáticas

Las fronteras de Ucrania llevan cerradas desde marzo.

El gobierno “decidió no permitir que los extranjeros vengan a Ucrania, incluso si tienen un bebé nacido en Ucrania”, dijo Denis Herma, de BioTexCom.

Sin embargo, algunas familias han logrado viajar con permisos especiales y los países participan individualmente en negociaciones con las autoridades ucranianas, a través de sus respectivos embajadas y consulados.

Los padres de 15 bebés han sido admitidos hasta ahora, incluida una pareja de Suecia que llegó a la capital ucraniana en un avión privado pagado por un donante anónimo, según le dijeron a la BBC.

En Argentina hay otras 16 familias esperando junto con Flavia y José, todos con madres subrogantes ucranianas. Ya han nacido tres de sus hijos, el resto se espera entre finales de mayo y septiembre.

El grupo ha lanzado una petición conjunta para que los gobiernos respondan a su solicitud.

“Tuvimos un tiempo de espera que nos pareció lógico, dada la situación mundial, de unos 20 días. Con el paso de las semanas nos fue comiendo la desesperación y la ansiedad. Entonces empezamos a hacer trámites por vía legal”, dice José.

Presentaron un amparo ante la Justicia argentina, que se resolvió rápidamente.

Luego, las negociaciones con Ucrania avanzaron y ya tienen luz verde para ser admitidos por las autoridades de frontera en el país, una vez logren llegar hasta allí.

Ahora solicitan a la Cancillería argentina que los deje viajar en vuelos especialmente programados por razones humanitarias y confían en que tendrán una resolución “antes de finales de este mes”.

“Tengo mucha confianza en el gobierno y las personas responsables y creo que antes de que termine mayo vamos a estar viajando”, apunta el padre.

Pero la espera no terminará cuando aterricen en el otro lado.

“Tenemos que estar en aislamiento 14 días antes de reunirnos con Manu”, explica Flavia.

“Tiene sentido, con los riesgos que implica viajar. Y también haríamos (la cuarentena) aunque no fuera obligatoria, pensando en el bebé”.

¿Y la vuelta?

Tendrán que procesar los documentos de su hijo antes de regresar a Argentina, y tal vez incluso esperar a que se vuelvan a abrir las fronteras.

“Nos costó muchísimo, desde lo emocional y lo físico, tener a este hijo. Nuestro objetivo es encontrarnos”, insistió Flavia.

El costo para los abuelos y demás familiares cercanos también ha sido pesado, dice Flavia y aguanta las lágrimas.

“La familia es la que nos apoya, nos da incentivos y fuerza. Nosotros somos los papás, pero los abuelos, los tíos, los primos lo están pasando mal”, señaló la mamá.

“El tiempo que nos lleve luego volver a Argentina pasa a segundo plano. Tenemos un hijo que no conocemos. Y que está lejos. Estamos haciendo lo imposible por llegar a él”.

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