Jueves 09 de Marzo de 2023
Marzo de 2023 parece ser el de mayor incidencia en cuanto a homicidios, superando la cifra de uno por día. Sin embargo, ya nada sorprende a la opinión pública ni al ciudadano bien pensante. Es como si el crimen organizado pusiera día a día a prueba nuestra capacidad de asombro.
Los “códigos” solían formar parte de una cierta conducta criminal en la que existía algún tipo de límite en las salvajes conductas de los hampones. Ese accionar ya pertenece al pasado. Por el contrario, en la actualidad, los personeros del narcotráfico y el sicariato se cobran vidas de niños inocentes, personas ajenas al mundo criminal y personalidades públicas por igual. Ya nada parece importarles. El desprecio por la vida del prójimo es total.
La escalada de violencia no tiene fin. Nunca se encuentra el fondo del pozo. Estadísticamente, la Chicago argentina cuadruplica en cuanto a tasa de homicidios a la de la Nación y hace palidecer la violencia a ciudades tan caracterizadas con ese fenómeno como Medellín, cuna del capo de la droga Pablo Escobar. En concreto, en 2022, Rosario tenía 21 homicidios cada 100.000 habitantes, contra 15 cada 100.000 de la ciudad paisa.
A fines del pasado año nos conmocionaba la muerte de dos adolescentes, de 14 y 15 años en esa ciudad, pocos meses después, mataron a un chico de 11 e hirieron a uno de tan sólo 2 ¿Hasta cuándo?
En 2013, mataron al líder de la banda sindicada como la iniciadora del triste proceso que vemos hoy en las páginas de policiales, Los Monos, se trataba de Claudio Ariel Pájaro Cantero. Desde entonces, la escalada de violencia no ha parado de ascender. A tal punto fue así que el mismo año encapuchados balearon la casa de Antonio Bonfatti, en aquel momento gobernador de la provincia de Santa Fe. El razonamiento básico de cualquier ciudadano fue: “si atentan contra un mandatario, ¿Qué queda para nosotros, ciudadanos comunes?”. Y así sucedió, efectivamente, nadie permanece a salvo en Rosario. Ni siquiera la familia política del más grande futbolista del mundo, a quienes balearon su negocio. ¡Y después esperan que venga a terminar su carrera en Newell’s Old Boys al tiempo que (Ángel) Di María lo haga en Central!
La situación geográfica como enclave neurálgico, su gran comunicación con centros económicos y políticos hacen de la ciudad un ecosistema que al crimen organizado ha dado infinitas posibilidades.
Puertos privados, en donde el Estado –a pesar de las falaces declamaciones– no controla nada. Una hidrovía, vital para el desarrollo de nuestra economía, que concentra el 80% de las exportaciones del país, con conexiones claves tales como Paraguay y Bolivia ¿Quién puede dar fe de lo que allí entra y sale?
Por otro lado, parece representar una plaza apta para el lavado de activos con la consecuente retroalimentación exponencial del negocio ilegal.
En esto se ha convertido la Cuna de la Bandera, en otros tiempos, formidable polo productivo que atraía migraciones internas de trabajadores en busca de una mejor calidad de vida. Hoy, a causa de la desactivación de parte del sistema productivo las nuevas generaciones, tal vez nietos de aquellos obreros, ven como tentadora la posibilidad de vivir del dinero fácil que ofrecen los negocios relacionados con el narcotráfico.
Ante ello, el Estado nacional “reacciona” enviando al Ejército a “urbanizar barrios populares”, como si, en una revelación epifánica, hubiésemos descubierto que en la ciudad se necesitaba mejorar las condiciones de vida de los barrios y eso –junto al envío de cámaras con reconocimiento facial– será la solución de todos los problemas.
Es difícil imaginar que la función de un ejército fuera la de construir cordones cuneta en los asentamientos, pero lo es mucho más creer que esto se termina allí. ¿Cuánto tiempo pasará para que el modelo rosarino migre a otras ciudades como la nuestra? Al fin y al cabo, como dijo el gran Fito Páez, Rosario siempre estuvo cerca.