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Mauricio Macri

"El macrismo tuvo una mirada muy ideologizada de la industria argentina"

El experto cuestionó la "errada" política del gobierno anterior. Dijo que el camino del desarrollo es estabilizar la macroeconomía

Domingo 01 de Marzo de 2020

Mariano D’Arrigo
Especial para UNO

El desarrollo es un tópico recurrente de los discursos políticos,sobre todo en campaña, pero en los hechos las urgencias de la coyuntura postergan a las acciones de mediano y largo plazo. Para el sociólogo Daniel Schteingart cualquier proyecto de desarrollo de la Argentina “tiene que tener una obsesión con fomentar los sectores transables, los que generan los dólares” pero advierte que “si no estabilizás la macro no vas ni a la esquina”.
El docente universitario e investigador del Conicet sostiene que el macrismo “tuvo una mirada muy sobreideologizada respecto de la industria”, analiza la heterogénea estructura productiva del país y asegura que no necesariamente tiene que haber “una grieta entre campo e industria”.


—La palabra desarrollo suele aparecer como objetivo de todos los discursos políticos. Desde la academia, ¿qué es desarrollo y qué no?
—El contenido de la palabra desarrollo suele ser bastante vago. Como democracia, libertad, es una palabra que en general tiene una connotación positiva, pero es disputada. Yo entiendo desarrollo como la mejora de la calidad de vida de un país o de una región, que permite que las personas puedan gozar de una mejor calidad de vida en términos materiales –que se pueden medir a partir de distinto tipo de indicadores– y también más bienestar subjetivo. Hay una relación entre desarrollo y felicidad pero dista de ser lineal. En general la gente es más feliz cuanto más lazos sociales tenga alrededor y el desarrollo a veces tiene una consecuencia no deseada: te lleva a cierto individualismo y a cierta desaparición de cierto tipo sociabilidad más tradicional. Eso es una consecuencia no deseada del desarrollo.

—Desde hace tiempo se habla de seguir el camino de Australia, Canadá, Chile (hasta que voló el modelo por los aires), ¿Cuánto puede aplicarse de esas experiencias para pensar el desarrollo en Argentina y cuánto tiene que ver con un proceso único del país?
—Los procesos de desarrollo son siempre idiosincráticos, y lo nacional siempre se inscribe dentro de lo regional y lo global. A su vez cuando uno habla de desarrollo no sólo lo tiene que pensar en el plano nacional, sino también en el subnacional. Cuando uno mira a la Argentina vos tenés focos de desarrollo más dinámicos que otros. Una cosa es el cordón que va de La Plata a Rosario, un cordón con ciertas características de desarrollo, y tenés partes del norte, donde los niveles y estándares de desarrollo son muy diferentes. Por esto no se puede copiar acríticamente las experiencias de desarrollo, si bien es cierto que hay muchas que pueden servir de inspiración o de guía para otros países. Por caso, en el sudeste asiático Japón fue el gran guía de lo que había que hacer. Corea y Taiwán se basaron en Japón, que a su vez había tomado mucho de Alemania a principios del siglo XX. El macrismo se refirió a la idea de ser Australia como un eufemismo: era una forma elegante de decir “basta de industria”. El gobierno anterior tuvo una mirada muy sobreideologizada respecto de la industria, con su idea de que es más parte del problema que de la solución, que es obsoleta. Es una mirada errada: hoy el mundo está discutiendo política industrial. Una cosa interesante es que más allá de la situación geopolítica en la que se desarrolló Australia es que cuando tiene el PBI per cápita que tiene Argentina hoy, hace 50 años, ya gastaba el doble que nosotros en i+d. Si querés que seamos Australia, ¿Por qué no invertís más en ciencia y tecnología en lugar de recortar? Usaban Australia cuando les convenía.

—¿Qué se podría aprender entonces de esas otras experiencias?
—Hay algunas cosas que son interesantes del modelo de Australia, que entroncó muy exitosamente los recursos naturales con el resto del aparato científico tecnológico. Es un país que exporta muchos recursos naturales, en el que se destaca la minería, y tenés un sector muy intensivo en i+d, como es el del software para la minería. Acá en Vaca Muerta se debería armar un cluster y encadenamiento de sectores intensivos en conocimiento que sean proveedores de las empresas petroleras. Lo mismo podés hacer con el litio, la minería, el agro. Si lográs eso, que es lo que hicieron Australia, Canadá, Noruega, ya estás hablando de otra cosa. Generalmente en América latina la mayoría de las experiencias con recursos naturales son más bien de extraer el recurso natural y no mucho más que eso: la maquinaria suele ser importada, no se le agrega valor al recurso natural o muy poco. El recurso natural te puede traccionar el sistema científico tecnológico y en ese sentido, es una palanca de desarrollo. Pero si no lo hacés, corrés el riesgo de que el recurso natural sea un enclave. Te permite generar divisas, exportar, generar cierto de tipo de movimiento de empleo, no muy fuerte, pero nada más. Además del encadenamiento productivo necesitás el encadenamiento fiscal: que del recurso natural puedas obtener una renta que le permita a las empresas seguir siendo rentables y que el Estado se lleve parte de eso y lo pueda redistribuir en la sociedad de otra manera. En el caso Noruega tenés las dos cosas.

—Teniendo en cuenta la estructura productiva argentina, ¿Qué sectores se debería promover?
—Tenés tres grandes tipos de sectores, sobre todo en el segmento de los transables. Todos tienen sus pro y sus limitaciones. En primer lugar, tenés a aquellos sectores que tienen facilidad para competir, para internacionalizarse, para exportar; muchos de ellos están en la frontera tecnológica. Ahí tenés buena parte del agro pampeano, la industria aceitera, algunos servicios intensivos en conocimiento y parte de la industria. Esos sectores tienen la ventaja de que te generan dólares, y vos tenés que acompañar ese proceso, pero su limitación es que no te permiten darle empleo a todo el mundo. En segundo lugar, tenés los sectores que tienen más problemas para competir.

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