El Gobierno de Javier Milei desmintió el desmantelamineto del Programa Nacional de Cardiopatías Congénitas pero redujo el personal al mínimo. Hay 4.000 bebés con esa afección
Martes 06 de Enero de 2026
Sin anuncio previo, el gobierno de Javier Milei decidió reducir personal en el Programa Nacional de Cardiopatías Congénitas (PNCC), clave para la derivación de casos a centros que los atendieran de acuerdo con la diversa complejidad. En el recorte despidieron a los siete profesionales hiperespecializados que lo coducía, resintiendo el servicio.
El PNCC era integrado por Willy Conejeros Parodi, Paula Campana, Carlos Fernando Rosental, Silvina Rosellot, Mariana Fernández, Tomas Schwaller y María Eugenia Olivetti, quienes fueron informados verbalmente o recibieron un escueto mensaje: “Por medio de la presente, se le comunica que con motivo de la renovación de los contratos del personal destinado a la prestación de servicios en cumplimiento del artículo 9° de la Ley Marco de Regulación de Empleo Público Nacional N° 25.164, usted NO se encuentra contemplado en el proyecto de acto administrativo de renovación para el período 2026”. El resto decidió darse por despedido.
Desmentida del Gobierno
Ante la difusión del despido de los siete profesionales el Ministerio de Salud de la Nación salió a desmentir el demantelamiento del organismo: "Ante un burdo intento de diseminar información falsa, este Ministerio informa que el Programa Nacional de Cardiopatías Congénitas sigue funcionando y su continuidad está plenamente garantizada". En ese sentido explicó que "durante 2025, el programa contaba con 13 personas y registró un promedio de 7,4 llamados diarios. Es decir, tenía un exceso de personal para esa cantidad de trabajo. Frente a este escenario, el Ministerio de Salud resolvió reorganizar y optimizar su funcionamiento, sin afectar la atención. La respuesta del personal desafectado fue intentar vaciar el programa, renunciando en bloque. A pesar de ello, en lo que va de 2026, todas las consultas recibidas fueron atendidas y correctamente derivadas dentro de la red de atención. El programa continúa operativo a través del equipo administrativo activo y con la coordinación médica del Hospital Garrahan, garantizando la articulación con los centros de alta complejidad de todo el país. El compromiso del Ministerio es inequívoco: no se interrumpe la atención, no se abandona a los pacientes y no se tolera la desinformación. Se trabaja con responsabilidad, eficiencia y con un único objetivo: cuidar a los bebés y acompañar a sus familias".
Hay 4.000 bebés con cardiopatías congénitas
La desvinculación de profesionales superespecializados y la desarticulación del equipo técnico que era la columna vertebral del programa provocó una conmoción en la comunidad médica. Y desde las redes sociales, el médico y diputado Pablo Yedlin advirtió: “El programa nacional de cardiopatías congénitas creado en 2008 y con ley desde 2023, permite que los más 4000 bebés que nacen con ellas (50% requieren cirugía) en cualquier lugar lleguen al centro de complejidad que necesitan. Desmantelarlo es ilegal y otro error del Ministerio de Salud de la Nación”.
“El PNCC surgió por iniciativa del eminente cirujano cardiovascular pediátrico Guillermo Kreutzer y el jefe de la Unidad Cardiovascular del Hospital Garrahan, Horacio Capelli alrededor de 2008 –cuenta Conejeros–. Básicamente, lo que se hizo fue buscar una forma de financiación para solucionar la demanda de las cardiopatías congénitas y crear una red de centros de diferentes complejidades para poder asistir a los pacientes, y disminuir la espera y la morbimortalidad infantil. Estos cuadros son la tercera causa de muerte en el país; un número reducible, ya que hoy tenemos una sobrevida de alrededor del 95%, lo mismo que en lugares del Primer Mundo”.
Un centro clave para facilitar tratamientos que requieren celeridad
Con 15 centros categorizados de acuerdo con sus diferentes complejidades, lo que hacían los siete coordinadores era recibir los casos desde cualquier provincia a través del Sistema Integrado de Información Sanitaria Argentino (SIISA) verificar su gravedad y buscar el más adecuado para su atención:
“Si el chico estaba en Salta y era de baja complejidad, se quedaba en la provincia, si era de mayor complejidad se le buscaba algo en Córdoba o en Tucumán, y si no, se lo traía a Buenos Aires donde funcionan los cinco centros de alta complejidad (dos en Capital Federal y tres en la Provincia de Buenos Aires) –destaca Conejeros–. En estos 15 años logramos que hubiera cardiólogos referentes en cardiopatías congénitas en todas las provincias, se los instruía, se les pedía que mandaran las imágenes, se los orientaba para estabilizar al paciente…”
Cuando se trata de estos cuadros, con frecuencia si no se interviene en las primeras horas de vida, los chicos pueden morir. “Esto en el Primer Mundo no ocurre porque hay diagnóstico prenatal, pero en nuestro vasto país hay provincias en las que se carece de este recurso –explica Conejeros–, ahí es cuando interveníamos nosotros y ayudábamos para que ese paciente se estabilizara, y se derivara en la mejor condición y lo más rápido posible”.
El Centro realizaban alrededor de 800 procedimientos quirúrgicos por año y recibían más de 6.000 notificaciones en el mismo lapso. Además, a lo largo del tiempo, sumaron atención a embarazadas y diagnóstico de cardiopatías fetales. En 2023 se sancionó la Ley Integral de Atención del Paciente Cardiópata, todavía sin reglamentar, que les asegura atención más allá de los 18 años.
“Funcionábamos las 24 horas del día, los 7 días de la semana, los 365 días del año –subraya–. Y, con dos o tres especialidades, no íbamos precisamente por el sueldo, que no superaba el millón de pesos, sino porque nos interesaba ayudar a los chicos. Lo peor de todo es que los que más se perjudican no son los pacientes del Garrahan, del Gutiérrez ni de la Casa Cuna, ni del Hospital El Cruce o el Sor Ludovica, son los que no tienen acceso a una atención adecuada porque a veces en el lugar en el que viven no hay tanto volumen de casos. Nosotros no dejamos de funcionar ni siquiera durante la pandemia”.
Ahora, decidieron vaciarlo. Solo quedan los seis empleados administrativos y uno de los directores del Hospital Garrahan como asesor. “Ningunearon a los cardiólogos diciéndoles que fueran el lunes que viene al ministerio, porque había trabajo de telefonista”, se asombra Conejeros, en diálogo con El Destape
Casos complejos
El CNCC llevó la lista de espera para cirugía a cero, avanzó muchísimo en diagnóstico prenatal, ayudó a equipar a todos los centros de referencia con bombas de circulación extracorpórea, instrumental para quirófano, equipos de hemodinamia para hacer cateterismo. Fue un programa modelo en la región.
Su objetivo es mejorar la atención de los niños –escribe la doctora Alejandra Villa, su primera coordinadora, en una carta abierta–. A lo largo del tiempo se consolidó una verdadera red nacional, federal, basada en protocolos de atención y derivación, criterios quirúrgicos y una organización económica que permitió equidad y acceso. No fue improvisación: fue planificación, trabajo y compromiso. Gracias a este modelo se redujo la mortalidad infantil, se ordenó el sistema, se fortaleció el trabajo en red y se formaron recursos humanos en cardiología, cirugía cardiovascular, enfermería y diagnóstico. Los resultados fueron contundentes y sostenidos en el tiempo. Tanto así, que se transformó en un modelo para otros países y fue presentado como ejemplo por organismos internacionales como el BID. Pero por sobre todos los logros técnicos y estadísticos, el mayor éxito fue humano: niños que sobrevivieron, crecieron y hoy están integrados plenamente a la sociedad (…) El esfuerzo realizado ha sido enorme. Cardiólogos, cirujanos y equipos de salud trabajaron incansablemente para garantizar una atención justa y de calidad, acompañados por grandes maestros que guiaron y sostuvieron este proceso (…) No se trata de estructuras ni de cargos: se trata de personas, de familias y de un modelo que demostró que cuando el Estado y los equipos de salud trabajan en red, los resultados salvan vidas".