El Patriarcado Latino y la Custodia de Tierra Santa calificaron el hecho como una medida desproporcionada que vulnera la libertad de culto y rompe prácticas históricas.
12:38 hs - Domingo 29 de Marzo de 2026
El cardenal Pierbattista Pizzaballa y el reverendo Francesco Ielpo, responsables de la Iglesia Católica y de la Custodia de Tierra Santa, se vieron impedidos de acceder a la iglesia del Santo Sepulcro durante la misa de Domingo de Ramos, según informó la diócesis de Jerusalén. La acción, considerada una obstrucción sin precedentes en siglos, generó una reacción de condena por parte de las autoridades religiosas responsables de los Santos Lugares. El episodio, reportado este domingo, marca una ruptura significativa en el calendario litúrgico y en las tradiciones de la Semana Santa en la ciudad.
De acuerdo con la información difundida por la diócesis de Jerusalén y recogida por varios medios, la Policía israelí interceptó el convoy privado en el que viajaba el cardenal Pizzaballa, jefe de la Iglesia Católica en Jerusalén, junto a otros responsables religiosos, cuando se dirigían a uno de los espacios de culto más emblemáticos a nivel mundial. El grupo fue obligado a regresar, impidiendo así su presencia en la liturgia que marca la Semana Santa para millones de fieles. Tal como publicó la diócesis, la policía tampoco permitió el acceso al reverendo Francesco Ielpo, custodio de Tierra Santa y guardián del Santo Sepulcro.
Cumplimiento de las restricciones
El Patriarcado Latino de Jerusalén expresó en un comunicado que la medida tomada por las fuerzas de seguridad israelíes representa un "grave precedente" y señaló que tal obstrucción ignora la importancia especial que adquiere Jerusalén durante estas fechas para miles de millones de creyentes alrededor del mundo. Según destacó el comunicado del Patriarcado, la comunidad cristiana se ha adherido a las restricciones impuestas desde el inicio de la guerra en Gaza en 2023, y recientemente ante la situación de conflicto con Irán, actuando siempre –según el Patriarcado– “con plena responsabilidad”.
Medida desproporcionada
En su declaración pública, el Patriarcado califica la negativa a dejar pasar tanto al cardenal Pizzaballa como al custodio Ielpo como una medida desproporcionada, dado que ambos ostentan la máxima autoridad eclesiástica para la Iglesia Católica en los Santos Lugares. Las autoridades eclesiásticas señalaron que la decisión supone, en sus palabras, “una desviación extrema de los principios básicos de razonabilidad, libertad de culto y respeto al estatu quo” que rige desde hace siglos en estos lugares de Jerusalén.
El medio que reportó estos hechos indicó además que la policía israelí, hasta el momento de la publicación, no había ofrecido ninguna explicación oficial ni declaración sobre las razones que llevaron al bloqueo del paso de la comitiva religiosa hacia el Santo Sepulcro. La falta de posicionamiento de las fuerzas de seguridad ha contribuido a intensificar la indignación de las autoridades eclesiásticas y la inquietud entre los cristianos, tanto en Jerusalén como en el resto del mundo.
La iglesia del Santo Sepulcro, ubicada en la Ciudad Vieja de Jerusalén, es uno de los lugares más relevantes para la cristiandad. Normalmente, durante la Semana Santa, recibe a miles de peregrinos y a las máximas autoridades religiosas locales. El gesto de impedir el acceso al jefe de la Iglesia Católica en Jerusalén en una celebración tan significativa como la del Domingo de Ramos añade un componente adicional de tensión religiosa y política en un momento de especial sensibilidad en la región.
Profundo pesar
El Patriarcado Latino de Jerusalén y la Custodia de Tierra Santa manifestaron su “profundo pesar a los fieles cristianos en Tierra Santa y en todo el mundo por la imposibilidad de orar en uno de los días más sagrados del calendario cristiano”. Según consignó la institución, consideran que la medida estuvo motivada por criterios “precipitados y fundamentalmente erróneos”.
La diócesis de Jerusalén recordó que la costumbre de aceptar restricciones por motivos de seguridad ha formado parte de su actitud desde el estallido de los más recientes conflictos armados, pero insiste en que la decisión sobre el acceso a la iglesia del Santo Sepulcro del Domingo de Ramos resulta injustificable y marca un hito desde hace siglos en la relación entre las autoridades religiosas cristianas y el Estado de Israel.