El boomerang, un mundo plagado de magia
Los pormenores de una disciplina sana, aeróbica y muy entretenida Luis Andrés Cachi Berón lo práctica hace 13 años, arma sus instrumentos y transmite todos sus conocimientos.

Miércoles 23 de Enero de 2013

Andrés Martino/ Ovación


El boomerang, según la definición que se encuentra en la portada del sitio digital kaipora.com.ar, es el ingenio volante, arma, juguete didáctico y deportivo, instrumento de meditación dinámica y objeto mágico.
 

En Paraná hay amantes de esta perfecta combinación entre el divertimento y una actividad deportiva. Uno de ellos es Luis Andrés Berón. Cachi, como lo conocen todos, tiene 49 años y hace 13 que practica la disciplina a orillas del río o donde sea, siempre en contacto con lo natural.
Por eso, lo atinado, fue dialogar con él para conocer en profundidad el fascinate mundo del boomerang y Ovación así lo hizo.

—¿Cómo definís al boomerang?
—Lo defino como una disciplina. Tiene su aspecto deportivo y tiene su lado artístico como lo han definido algunas personas. Tiene un estado que te lo propone el jugar y que te permite desarrollar un deporte de manera armónica y con algunos factores importantes como la no competencia y la no agresión. Se compite, hemos hecho campeonatos. Cada dos años hay un campeonato del mundo, pero nosotros hemos desarrollado otro aspecto, el que te pone a prueba en lo deportivo, pero mucho con el estado del juego, lo lúdico, lo que te divierte sin pensar. Es un tipo de meditación.

—¿Cómo te iniciás en este camino?
—Se lo conté a varios ya. Una vez estaba viendo en el History Channel un programa de la historia de las armas. Y cuando pasaron el boomerang, con el efecto del retorno, ahí estando con un sobrino me pongo a investigar. Yo soy pintor de segunda generación ya que mi viejo fue un muralista de la ciudad y aprendiendo con él trabajo de eso. Entonces con un material para letreros me puse a jugar con mi sobrino, hicimos uno para ver si volvía. Y así me pasó después que un vecino (Carlos Sabor) fue una de la personas que me convidó a pasarme una información histórica que estaba en una revista (Mecánica Popular) donde aparecían los boomerangs de retorno, no con el concepto que pasan en la películas que son armas. A partir de ahí me puse a investigar y a jugar. Como no tuve la oportunidad de comprarme un boomerang, me salió eso de crear y hace 13 años que estoy jugando y creando. El boomerang que viste volar es una kaipora de siete capas que hace menos de un año y medio está volando. Lo creé siendo viendo la necesidad de la persona que arroja el boomerang. Es un instrumento que resiste los golpes, pero tiene que ser cómodo para las personas.

—¿Cómo está esta disciplina en Paraná?
—Sigo pensando lo mismo que hace 10 años. Te digo que con lo que me enseñó esta década somos cada vez más dentro del boomerang. Estoy trabajando en las islas, en El Pimpollal, en un camping donde hago talleres para gente que apuesta al río y a la naturaleza de Entre Ríos donde todos tenemos que aprender a explotar, me parece.

—¿Cuanto cuesta un boomerang?
—Los más inofensivos, que son aquellos con los que les enseño a los chicos, salen 70 pesos. Son una mezcla de madera con plástico espumado. Tiene pegamento flexible para que no lastime. Lo importante es que aprendan a jugar porque se confunde con el boomerang de caza, de güera y con el de retorno. Son cosas diferentes. El de retorno es con el que yo enseño a jugar. Este modelo es inofensivo, hecho para que nadie reciba un golpe. Después hay para mayores, pero no son mortales. No son armas de guerra ni de caza. Tienen un perfil aerodinámico que les permite mediante la apreciación del eje, volver. Hay gente que lo compara con el golf y otros con la arquería. Todo es una cuestión de práctica y a mi me pasa que yo aprendo con los chicos. Desarrollé el boomerang gracias a los chicos. Se afina la coordinación óculo-manual, como lo definieron los franceses y eso te predispone para otros deportes. Al no ser mental y al estar en estado lúdico, el chico aprende en una tarde.

—El aprendizaje es rápido.
—En una tarde yo le enseño a lanzar y a atrapar el boomerang. Después está la práctica y el saber cómo lanzarlo con cada uno de los vientos que haya en ese momento. El viento rota a cada momento y eso hace que se transforme en una cuestión meditativa. Es como en golf. El que tira sabe con qué viento lo hace.

—¿Sueños?
—Enseñar y no solo acá en Paraná sino hacerlo, como lo hago, en otros lados. Es una disciplina muy sana que no crece solo por mí. En octubre hubo un campeonato en Brasil, después en Rosario hubo otro, pero se necesitaba mucho dinero para ir, no era barato. Ahora en las Islas del Paraná viejo habrá uno torneo en marzo. Esto es frente a Rosario y la idea es invitar a todos los que quieran ir de acá para allá. Todo en pos de aprender. Tenemos una naturaleza increíble acá y ojalá podamos seguir en cuestiones que sean naturales.