El barrio Anacleto Medina despidió ayer al padre Ciuffo
Pesar y dolor en el popular y necesitado barrio, en el que desarrolló su tarea pastoral. Llevaba una década al frente de la Parroquia San Martín de Porres.

Jueves 08 de Mayo de 2014

Conocido por ser el referente en las misas de cada 19 recordando a San Expedito, el martes falleció en Paraná el padre Rodolfo J. F. Ciuffo Cortese, más conocido como el padre Cacho.

Tenía 75 años y el año pasado había celebrado 25 años de sacerdocio. Los problemas de salud que lo aquejaban hace un tiempo –inconvenientes cardiológicos, pulmonares y renales– no le permitieron estar presente junto a su comunidad el pasado sábado 19 de abril para llevar adelante la procesión y posterior misa junto al Patrono de las causas urgentes.

Diez años llevaba en la Parroquia San Martín de Porres donde fue velado en el día de ayer y tras una misa de responso sus restos fueron sepultados en el Seminario para su eterno descanso.

El padre compartió con sus fieles necesidades y alegrías, por eso no extraño saber de boca de quienes lo conocieron, que “hizo mucho por el barrio y la comunidad que creció gracias a su aporte”.

Por sus problemas de salud, monseñor Puíggari había designado un mes atrás al presbítero Germán Brussa, como vicario parroquial de Cristo Peregrino y Santo Domingo, con residencia y tarea pastoral en la Capilla San Martín de Porres.

En una entrevista con Diario UNO, el 17 de agosto de 2012 el padre contó que se ordenó a los 50, una edad poco habitual para quien elige esta ocupación. “Soy oriundo de Santa Fe y trabajaba como empleado en la Legislatura. Desde hacía un tiempo sentía este llamado de Dios, pero no me decidía a ingresar al Seminario”, contó a UNO.

A su vez, comentó: “Siento una gran alegría, estoy muy contento y también muy arrepentido de no haber entrado antes al Seminario. A mi edad la mayoría de los curas festeja los 50 años como sacerdote, y en mi caso son solo 25”.

Por último, señaló que su mayor satisfacción es “servir a la gente, a los demás, porque el sacerdote no está solamente para servir a Dios, que está en el cielo, sino para acompañar al Dios que cada persona lleva en su corazón, a través de una palabra de aliento al hermano que está sufriendo y también a quien necesita un consejo o precisa el perdón”.