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Los casamientos se adaptan a la crisis, pero las tarjetas no bajan de 1.500 pesos

Contraer enlace y celebrarlo tiene valores que van en alza. En época donde aumentan las bodas, la fiesta cuesta no menos de 400.000 pesos

Domingo 08 de Septiembre de 2019

Muchas parejas de novios sueñan con coronar su amor uniéndose en matrimonio ante la ley. Y en esta época del año, con temperaturas más agradables, suele haber más demanda en las oficinas del Registro Civil para cumplir con este paso trascendental. Si bien la mayoría anhela celebrarlo junto a sus seres queridos con una gran fiesta, cuando los enamorados comienzan a averiguar los costos que demandan el festejo muchas veces bajan sus expectativas.

Los precios de un evento de este tipo son muy variables y dependen de numerosos factores, desde la cantidad de invitados hasta el menú, pero en promedio hay que pensar en un importe de unos 400.000 pesos como mínimo para el agasajo con unas 150 personas, contando la comida, la bebida, la música, el salón, la decoración, el vestido, las alianzas y demás.

Así lo confirmó a UNO Andrés Gazzano, integrante de una empresa que brinda algunos de los servicios que se requieren en un enlace. “Un sonido nomás vale entre 8.000 y 20.000 pesos. A eso hay que sumarle la decoración, el servicio, el alquiler del salón, la vajilla y los complementos, entre otras cosas”, dijo. A su vez, afirmó que sigue habiendo demanda a pesar de la crisis, aunque observó: “Lo que se nota es que se reduce la cantidad de invitados: antes el promedio era entre 200 y 400 personas; ahora oscila entre 100 y 200”, mencionó.

Darío Andino, propietario de un servicio gastronómico con amplia trayectoria, explicó que para el caso de una boda se elige habitualmente un menú más formal que en otro tipo de fiestas, como por ejemplo un cumpleaños de 15. “Nosotros estamos ofreciendo un menú criollo, con una carta bien completa, que incluye recepción, entrada, un plato principal con asado y guarnición, bebida de primera marca, postre y la mesa dulce, con la torta principal, trasnoche, y una barra de tragos, y en el mismo paquete nos encargamos de la logística, la vajilla, la mantelería, y si no hay mesas y sillas en el salón también llevamos; y además ofrecemos la parte de decoración del salón con el disc-jockey (DJ).

Ese servicio lo estamos cobrando a 1.850 por persona. Ese es el presupuesto que estamos manejando hasta diciembre de este año, y para el año que viene vamos recargar un 30% o 40% la tarjeta”, señaló. Según indicó, a este valor lo determinaron cuando aumentaron los precios de los insumos, luego del salto del dólar del 11 de agosto. “Lo tuvimos que modificar un poco, porque los precios de las materias primas subieron, como fue el caso de la carne”. Otra opción que mencionó, un poco más económica, es la de un menú con pollo en vez de cortes vacunos: “Es igual que la otra alternativa, pero el plato principal es una pamplona de pollo, o pollo deshuesado, que se prepara con papas noisette o la guarnición que elija el cliente, y cuesta 1.500 pesos la tarjeta”, dijo.

Alternativas

Andino comentó que si bien se usa más en cumpleaños de 15, además hay casamientos en los que se busca reducir más los costos y los novios se inclinan por un buffet en vez de una cena. Al respecto, contó: “Es muy parecido a las mesas americanas, con comida fría, cazuelas, trasnoche con bebidas y aperitivos. Es algo más informal, sin comida en platos, por lo que se vuelve más accesible. Los valores en ese caso son muy variables, pero cuesta mucho menos que una cena”. Por otra parte, aseguró: “La gente busca mucho los precios. En cuanto a la comida no podemos bajar la calidad y por ende tampoco el precio. La única alternativa para que tengan un costo más accesible es ofrecerle al cliente bebidas de segundas marcas, y ahí se reduce el valor de la tarjeta, pero después en otra cosa no”. A los costos de la gastronomía y el sonido hay que sumarles también las fotos y el video, que arrancan en los 25.000 o 30.000 pesos cuando se trata de un servicio profesional. Además, hay que añadir el importe del alquiler del salón, que asimismo ronda los 25.000 pesos, y la decoración del mismo, que arranca en 8.000 pesos. Incrementan el presupuesto también el cotillón, los souvenirs y otros accesorios, como las cabinas de fotos, las batucadas en vivo, algún espectáculo de luces y demás. Las alianzas son otro símbolo que no puede faltar en esta instancia. Con un mercado amplio, hay que pensar en un costo que ronda los 2.000 pesos en el caso de un par de plata 925 combinado con oro de 18 kilates, y de ahí para arriba, con alternativas que superan los 200.000 pesos.

El vestido que lucirá la novia es otro producto que generalmente tiene un valor importante, aunque ya no se utilicen prendas muy recargadas con accesorios que lo encarecen. En este caso, hay que considerar una inversión que arranca en los 10.000 pesos en adelante, con variantes que están encima de los 100.000. En cuanto al traje del contrayente, se puede alquilar a unos 2.500 pesos, o comprarlo desembolsando entre 10.000 y 15.000 pesos, o más, dependiendo del género, la confección y el talle. El Registro Civil no cobra por celebrar la ceremonia que une como marido y mujer a los novios, aunque se solicita un sellado de 168 pesos para la libreta de matrimonio, pero si la pareja recurre al servicio que el organismo brinda fuera del horario convencional y opta por que el juez o la jueza los case en la fiesta, tienen que abonar un importe determinado por el Código Fiscal, mediante un depósito en una cuenta del Ministerio de Gobierno: “El monto establecido es de 15.750 pesos en un horario que usualmente es los sábados a la noche, o los viernes a la noche”, contó a UNO Graciela Amatti, jefa del Registro Civil de calle Illia en Paraná, quien además evaluó: “En esta época empieza a subir el número de matrimonios que se celebran, aunque quizás no tanto como otros años, porque hay una alternativa, con la unión convivencial”. Buscar opciones Romina Werner, la primera wedding y event planner de Paraná, que cuenta con una amplia trayectoria en el tema, afirmó a UNO que a pesar de los vaivenes económicos del país el trabajo en su caso no mermó, sino al contrario, y evaluó: “Cambió el tipo de cliente en todo caso. La clase media o media baja, que por ahí era la que juntaba unos pesos para hacer una fiesta sencilla hoy no lo está haciendo, pero quien tiene un mayor poder adquisitivo sí. Incluso he formado contratos cuando saltó el valor del dólar con dos clientes que van a casarse el año que viene, ya que la gente toma la precaución de arrancar un tiempo antes a organizar su boda”. Sobre este punto, aclaró: “Es real que la situación económica actual generó un impacto, pero ayudamos al cliente a buscar alternativas. Cuando alguien llega a una organizadora de eventos se supone que debe estirar el presupuesto, buscar opciones. Por ejemplo, en vez de poner rosas, que son importadas y están carísimas, utilizar claveles, gipsofila o astromelias, que son flores lindas para una boda y más económicas”. “Para que sea más accesible un casamiento se prioriza variar el menú. No un sushi, pero tampoco pollo hervido. Por ahí optar por una pamplona de pollo rellena muy rica, o un menú criollo, y no por eso vamos a pensar en una boda informal con gauchos, sino que se sirve asado sin hueso, prolijo, rico”, añadió. “Dialogamos mucho con mis clientes sobre cómo buscar una alternativa para tener una linda fiesta sin gastar fortunas o en aquello en lo que se dispararon los precios. Evitamos comprar cosas importadas, que están más caras, y apostamos a la industria argentina y a la industria paranaense en el tocado, el vestido, el cotillón”, dijo. También explicó: “Hay que saber elegir al proveedor, que se adapte a tu bolsillo pero también a tus pretensiones, que cumpla las expectativas y que hasta el último pesito que pagaste lo valga. No recurrir a lo más económico para ahorrar, porque lo barato termina saliendo caro. Siempre hay que acudir a un profesional, en el vestido, en el fotógrafo. Hoy todos se amoldan y te ofrecen pagar en cuotas, algunos sin intereses, o abonar una parte con tarjeta y otra en efectivo”.

En su caso ofrece congelar el precio de sus servicios: “Hay un precio para este año y otro para diciembre del año que viene, pero se congela y se pueda pagar en varias cuotas. La idea es alivianar al cliente para que cuente con mi servicio y no que sea un peso más, sino que encuentre soluciones y sea accesible llegar al pago de una organizadora de eventos. Hay proveedores en otros rubros que hacen lo mismo que yo”, expresó. Por último, recordó: “Mi servicio es un trabajo en tres etapas: antes, durante y después de la boda o cumpleaños de 15. En el antes le presento al cliente un abanico de posibilidades de distintos proveedores, como por ejemplo de DJ. Él elige cuál quiere para su boda, pero le voy a contar con cuál tuve mejor experiencia, cuál cobra en cuotas, cuál por tener un convenio conmigo le hace un regalo extra. Luego trabajamos en la negociación del presupuesto, solicito descuentos, dependiendo de la necesidad del cliente, y durante la fiesta trabajamos con un equipo de chicas y minuciosamente programamos un cronograma para que todo salga como los novios lo planificaron y soñaron, y que todo salga perfecto, resolviendo los imprevistos. Y después coordinamos la entrega de las fotos, entre otras cuestiones”.

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