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La Argentina y sus recetas: los problemas de una macroeconomía subdesarrollada

Apuntes para entender las dificultades estructurales de la economía de la Argentina. La claves para crecer en una sensible coyuntura.

Miércoles 03 de Noviembre de 2021

Desde una perspectiva de largo plazo, podemos afirmar que la economía de la Argentina hace más de diez años que no crece. El gráfico que presentamos es una buena ilustración. Ahora bien, a partir de esto, cabe preguntarnos ¿por qué habiéndose probado tantas recetas, actualmente estamos en niveles de ingreso per cápita cercanos al de hace casi 25 años?

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Los problemas que recurrentemente observamos en la economía argentina, tales como las crisis de balanza de pagos o la inflación persistente son tratados –en general– en la literatura económica como problemas de coyuntura, por lo que las políticas que se sugieren son ajustes de corto plazo. En el caso argentino, la macroeconomía no logra mantener sus equilibrios ni el gobierno anclar las expectativas económicas, dado que estos problemas guardan una raíz estructural –o de largo plazo– vinculada a su estructura productiva subdesarrollada.

La restricción externa se constituye en uno de los problemas estructurales más importantes. El mismo suele definirse como la escasa capacidad de generar las divisas suficientes para sostener un proceso de crecimiento armónico y constante, lo que se ve profundizado por la demanda excesiva demanda para atesoramiento, el endeudamiento externo y la remisión de utilidades. Este es un problema que ha obturado el desarrollo económico argentino con demasiada frecuencia, pero responde a la naturaleza misma del tipo de desarrollo periférico argentino y a una industrialización inconclusa.

Para sortear las limitaciones que impone la escasez de divisas, se suele recurrir a las devaluaciones, pero estas, dada la estructura productiva heterogénea del país, redundan en caídas temporales de las importaciones, recesiones y aceleraciones inflacionarias, en particular, porque de lo poco que reaccionan las exportaciones a estas medidas, en su mayoría están relacionadas con la producción de alimentos, lo que termina impactando en la pobreza y el empleo. En cuanto a la inflación, en nuestro país se trata de un fenómeno multicausal –también de vieja data–, por lo que no depende únicamente del déficit fiscal ni de la emisión monetaria, sino que también del tipo de cambio, de las expectativas de los agentes económicos, de los precios internacionales de los alimentos y de cuestiones distributivas no resueltas, las cuales – ara variar– suelen retroalimentarse de lo que ocurre con estos dos factores mencionados anteriormente.

Así, por ejemplo, una medida de ajuste fiscal que reduzca la emisión monetaria y/o una suba de la tasa de interés, contrae la demanda agregada y reduce las presiones sobre los precios vía un shock contractivo. Sin embargo, cuando la actividad económica se recupera, las tensiones cambiarias vuelven a la escena, sin que ello, si quiera, resuelva otros problemas tales como la fuga de capitales o el pago de intereses y de utilidades externas.

Para aliviar estas tensiones resulta necesario que haya crecimiento económico y que se retome el sendero del desarrollo, sobre una base industrial moderna, competitiva, exportadora y con capacidad tecnológica, de manera tal de contener la restricción externa con generación genuina de divisas. Claro está que, en el plano distributivo, el crecimiento económico debe permear hacia la sociedad en su conjunto, de lo contrario las tensiones no tenderán a morigerarse, manteniendo activo un mecanismo muy importante de presión sobre los precios y de inestabilidad macroeconómica.

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La escasez de dólares golpea fuerte sobre la economía de Argentina. 

La escasez de dólares golpea fuerte sobre la economía de Argentina.

Urge retomar la senda del crecimiento económico, pero entendiendo que el problema macroeconómico argentino es estructural y de largo plazo. Esto implica comprender la doble implicancia existente: el desarrollo económico exige de un contexto macroeconómico favorable para el despliegue de las fuerzas productivas, sin embargo, una macroeconomía subdesarrollada como la de la Argentina es, a su vez, una consecuencia del propio subdesarrollo.

Los agentes económicos requieren de previsibilidad para que sus decisiones no se construyan sobre la base de perspectivas de muy corto plazo y ello depende, sin lugar a dudas, de un contexto macroeconómico estable. Para ello, debe trazarse un sendero de cambio estructural consistente, de manera de definir una trayectoria predecible –de características industriales–, legitimado social y políticamente, donde las políticas macroeconómicas acompañen la dinámica, conteniendo o corrigiendo los desequilibrios del proceso y manteniendo coherencia con los objetivos de largo plazo.

Si bien lo anterior supone como condición previa para el desarrollo económico la existencia estabilidad macroeconómica, esto no resulta tan sencillo de llevar a la práctica en la Argentina, ya que la inestabilidad es un rasgo de su subdesarrollo.

De hecho, aun cuando existieron etapas de relativa estabilidad, como el caso de la década de los 90, la ignorancia respecto de esta particularidad nos llevó a la crisis de 2001.

La idea, por lo tanto, debe descansar –más bien– en el diseño de políticas macroeconómicas que tomen en cuenta el rasgo subdesarrollado de la macroeconomía argentina y que propicien la acumulación de capital de base tecnológica e industrial, de modo que resulten lo suficientemente flexibles para adaptar el régimen cuando sea necesario y no descuiden la faceta inclusiva del desarrollo; requiriendo ello, en definitiva, que la estabilidad no sea un objetivo en sí mismo, sino una consecuencia.

Indicadores que inciden

La situación inflacionaria se ha transformado en un verdadero drama para los encargados de diseñar políticas económicas. Su abordaje es demasiado complejo como para plantear que solamente recurriendo a programas de control de precios es posible controlar su crecimiento galopante.

Se han probado muchas recetas y el diagnóstico terminado siempre el mismo: desajustes financieros que llevan a replantearse de qué modo se construye un país en base a una economía estable, que permita equiparar salarios, generar trabajo y a su vez riqueza a sus polos productivos. Ese es el desafío del Gobierno en este segundo período de su mandato, en la etapa de la pospandemia de coronavirus.

Aportando miradas

En el marco de los diversos espacios de divulgación y producción de conocimiento, la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Entre Ríos (FCECO-UNER) acompaña esta publicación de UNO, aportando miradas sobre diversos temas de interés.

A través de este acuerdo mutuo con UNO, se aportan perspectivas de profesionales y docentes de nuestra casa. El carácter interdisciplinario de los equipos que integran la institución, permiten un abordaje amplio y completo sobre los temas que en esta sección se tratan.

Asimismo, la Facultad de Ciencias Económicas, como integrante del sistema público de Educación, tiene el rol y el deber de contribuir con el desarrollo de nuestras comunidades, sobre la base de la generación y transferencia de conocimiento científico y situado.

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