Jueves 03 de Julio de 2014
Hace exactamente 22 años se recibía la primera camada de bioingenieros de Sudamérica. Fue en la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de Entre Ríos (UNER), situada en Oro Verde. Por eso eligieron esta fecha para conmemorar su día. Hoy ya son alrededor de 950 los egresados, quienes se desempeñan en diferentes áreas.
Muchos trabajan en el país, en un momento en que las ingenierías volvieron a estar en su apogeo gracias al impulso y los estímulos del Ministerio de Ciencia y Técnica de la Nación. Gabriel Gentiletti, actual decano de la institución donde se dicta esta carrera, señaló a UNO: “Fue la primera universidad de Sudamérica donde se dictó esta carrera y hoy, a pesar de que ya hay nueve ofertas similares en el resto del país, muchos siguen eligiendo Oro Verde para estudiar, habida cuenta de los antecedentes de esta institución”.
“Las ingenierías están incluidas en los planes prioritarios de la Nación y el objetivo es contar con más profesionales de estas carreras por cantidad de habitantes, para poder contar con un desarrollo sostenido del país”, agregó.
Además del trabajo en el ámbito privado que desarrollan los profesionales, la investigación constituye un pilar fundamental dentro de las actividades que se llevan adelante en esa casa de altos estudios. Entre los proyectos que se destacan, se incluyen temáticas vinculadas al procesamiento de las señales biomédicas o biomecánicas, la física, la biología, el estudio de materiales para odontología, la nanotecnología y microbiología, y la bioinformática, que cobró tal relevancia que en 2006 se constituyó como carrera dentro de la misma Universidad. “Son diferentes líneas las que se sostienen desde la creación de la Facultad, en 1985”, afirmó Gentiletti, y comentó: “Hacia fin de mes estará llegando un laboratorio de prototipado rápido, que consiste en tecnología para desarrollar circuitos de electrónica y además una impresora 3D para poder hacer gabinetes y otros desarrollos que tienen que ver con prótesis y demás. Esto nos permitirá seguir innovando”.
“Al principio, cuando recién egresamos, nos costaba hacer entender qué es la Bioingeniería. Hoy por suerte, con más de 950 graduados, no tenemos que explicar tanto a qué nos dedicamos”, dijo por su parte Carolina Tabernig, una de las primeras graduadas, quien destacó la función que llevan adelante desde su campo de acción: “Los médicos se apoyan mucho en la Bioingeniería para establecer su diagnóstico y los pacientes para realizar sus tratamientos. El objetivo es mejorar su calidad de vida y en eso reside sobre todo la importancia de nuestro trabajo”.
Ámbito profesional
Las incumbencias de la bioingeniería son diversas, pero la mayoría de los egresados se desempeña sobre todo en ámbitos relacionados a la salud. “Los graduados han abordado distintas áreas, que van desde la parte de gestión hospitalaria, tecnología médica; trabajan en sanatorios, hospitales públicos. Algunos se han involucrado en la parte de investigación académica y otros tantos en los últimos años se vincularon a lo que es el desarrollo y la producción de tecnología médica incluso, generando sus propias empresas”, aseguró Gentiletti.
Por otra parte, destacó: “El bioingeniero es un interlocutor muy apreciado en lo que es el diálogo entre las ingenierías y la parte médica. Tienen un desempeño importante en todo lo que tiene que ver con la venta y la capacitación en el uso de los nuevos equipamientos en estos tiempos complejos”.
Llegar al millar
Durante los primeros años la matrícula de ingresantes era de 250 alumnos. Sin embargo, la deserción era alta. Hoy, con un mayor conocimiento de lo que es la carrera, esto se revirtió. “Ingresan alrededor de 80 estudiantes y egresa un promedio de 40 profesionales”, comentó el decano de la Facultad de Ingeniería, Gabriel Gentiletti.
“Cuando lleguemos a los 1.000 egresados, que seguramente será en 2015, en concordancia con los 25 años de inicio de la carrera, realizaremos un festejo”, agregó. Los primeros en recibirse, hace 22 años, fueron Carolina Tabernig, Justo Chaves, Carlos Mercuri, Leonardo Rufiner, Carlos Alejandro Romano, Dino Palazzi, Diego López Echaves y Silvina Horovitz.
Los avances tecnológicos son un desafío permanente
Una de las primeras egresadas, el 3 de julio de 1992, fue Carolina Tabernig. Luego de recibirse trabajó 10 años en un hospital de Rehabilitación en Santa Fe y fue secretaria académica de la Facultad. “Ahora soy docente y me dedico a la investigación de todo lo que es tecnología de asistencia a la movilidad de personas con discapacidad y trabajo en el laboratorio de Ingeniería y Rehabilitación. Además, hacemos transferencia de ese conocimiento a las instituciones médicas y de salud y trabajamos en conjunto con otras fundaciones, sobre todo en las evaluaciones clínicas de los dispositivos que desarrollamos”.
Taberling destacó que durante las últimas décadas la tecnología avanzó de manera vertiginosa y como profesionales esto los obliga a una constante capacitación. “Es impresionante cómo ha avanzado en las últimas décadas la tecnología médica. Lo que hace 30 o 40 años atrás apenas se empezaba a plantear, hoy es totalmente distinto. Todo lo que es equipamiento para diálisis o hemodiálisis, por ejemplo es totalmente novedoso en cuanto a las prestaciones, la eficiencia del equipo, los cuidados que se tienen para no dañar al paciente”.
“También se ha avanzado mucho en lo que es la normativa para regular lo relacionado con equipamiento biomédico en la Argentina; en eso los bioingenieros hemos aportado muchísimo. Cuando nos graduamos recién se empezaba a hablar de la necesidad de regular este tema y hoy es un hecho. El fin es que la tecnología ayude al médico a hacer un buen diagnóstico y al paciente a hacer un buen tratamiento; y poder tener una mayor sobrevida y una mejor calidad de vida”, concluyó.