Domingo 06 de Enero de 2013
La historia de la humanidad está marcada por las diferentes formas en que cada sociedad despedía a sus difuntos. Los contrastes también se advierten hoy, según cada religión.
Las transformaciones de las comunidades con el paso de los años, tienen su correlatos en las conductas y hábitos culturales, con mayor o menor intensidad.
En el campo de los funerales, se advierten cambios y también nuevos servicios por parte de las empresas. Y el propio funebrero inicia su paso desde el oficio –que pasaba de generación en generación– hacia la profesionalización, con el dictado de la carrera de Tecnicatura en Gestión de Empresas Fúnebres, en la Universidad de Avellaneda, única en Latinoamérica.
Uno de los docentes de la novel carrera es Ricardo Péculo, tanatólogo y especialista en un rubro que conoce por dedicarse junto a su hermano –el fallecido Alfredo Péculo–, en la famosa Cochería Paraná, tradicional empresa fúnebre de Buenos Aires que se ocupó de las pompas fúnebres más importantes del país, como las exequias de Arturo Frondizi, de Carlos Menem Jr, el traslado de los restos de Juan
Domingo Perón desde la Chacarita hasta la quinta de San Vicente, entre otras.
A su criterio, la profesionalización va a atender las nuevas demandas que asoman en este mercado, pero que hoy están insatisfechas por la falta de alternativas que ofrecen las empresas.
“Tengo una frase que define un concepto: ‘Un velatorio no marca que una muerte ocurrió, sino que una vida fue vivida’. Por ello insisto en que hay que organizar antes los funerales”, marcó en el inicio del diálogo con UNO.
“Reconozco que a la gente le agarra la piel de gallina al hablar del tema, pero es bueno hacerlo, porque por experiencia que he vivido, se toman malas decisiones. Y después, arrepentirse, ya es tarde”, planteó.
El tanatólogo remarca la necesidad de dejar bien establecido qué se pretende hacer, al fallecer.
“Qué pasa si organizo el casamiento el día que me caso. Esto es lo mismo; la única diferencia es que la fecha de casamiento se sabe. Cuando digo organizar es que se hable en el seno familiar qué quiere hacer cada uno para su funeral”, planteó, insertándose en un tema tabú, del que nadie quiere hablar.
Esa falta de organización o explicitación previa, da lugar, a su entender, al fenómeno que se está registrando: el incremento de las cremaciones. “Si le preguntan por qué se quieren cremar, nadie lo sabe. Ocurre que alguna vez la persona dijo ‘a mí que me cremen’, pero después no hay dónde visitarlo, recordarlo. “¿Voy a ir a la Costanera, si fue arrojado al río?”, se preguntó, dejando flotando la respuesta negativa.
Pero además, Péculo citó que el fenómeno –que en las ciudades más grandes iguala a las inhumaciones– se fundamenta también en que “la gente no va más al cementerio, no tiene tiempo. En el interior del país aún se mantiene un poco eso, porque el ritmo de vida es de menor intensidad que en las grandes urbes. Antes, por ejemplo en el cementerio de la Chacarita, el Día de los Muertos no se podía entrar por la cantidad de visitas”.
“No es que los sentimientos cambiaron, no tenemos tiempo, hasta comemos en 15 minutos, en un espacio libre del trabajo”, aclaró.
“Organizar no es anticipar”
El ejemplo empieza por casa. Por ello, Péculo ya tiene organizado su funeral: su ataúd tiene una fotografía suya con vestimenta de gaucho, en un campo familiar, con herraduras de caballo como manijas.
“El destino final lo debe decir la familia, porque es la que queda. Yo le digo a mi mujer que no quiero quedar abandonado. Cuando decida no visitarme más porque consiguió novio o elaboró su duelo, que me creme y me lleve a mi casa o con mi padre”, dijo y añadió: “Organizar no es anticipar. Que tenga mi ataúd no significa que vaya a morir antes. Los faraones creían que cuando se terminaban las pirámides se morían, por eso las hacían más grandes, cada vez más. Pero cuando terminaban, no se morían”.
–¿Ya existe una demanda de ataúdes temáticos?
–Existe una demanda, pero muchas empresas aún no las ofrecen. Por eso la importancia de la profesionalización. La gente busca algo que la represente; pero eso tiene que quedar por escrito, porque si no es muy probable que la persona que está sufriendo la pérdida del ser querido no lo recuerde, o en todo caso, no se anime a hacer lo que quería el difunto. Te doy unos casos: una persona pidió que le pongan en el ataúd palos de golf y una pelotita en su mano, porque fue con la que ganó el primer campeonato; una fotógrafa pidió que se empapele el ataúd con las fotografías preferidas; o lo más común, con los cuadros de fútbol. Si hay bóvedas o nicheras pagas con anticipación, ¿por qué no hacer el ataúd antes?
Los extraños nuevos pedidos
–Ud. habla de avances que se ven poco en el interior.
–Porque aún no hay profesionales que colaboren y las empresas aún no ofrecen servicios. Pero tenemos que estar en línea a dónde va la demanda de la gente. Por ejemplo, ya hay ataúdes ecológicos, que son más baratos y son de material reciclado, ecológico y sustentable.
En Estados Unidos, para tener una empresa fúnebre, hay que tener título habilitante. Acá va a pasar lo mismo.
–¿Hablamos de velatorios temáticos, pero qué otros pedidos hay por fuera de lo tradicional?
–En la provincia de Mendoza se alquila una tapa con una alarma que suena cuando detecta movimiento dentro del ataúd. Cuando eso sucede, un equipo le manda oxígeno y una grabación le dice que está sonando la alarma, que se tranquilice y no gaste más oxígeno. Es para evitar ese medio de ser enterrado vivo, que no tengo conocimiento que alguna vez haya pasado, al margen de los mitos urbanos. Ahora, si suena la alarma, sería tremendo. Hay quienes piden ser enterrados con el celular; nunca nadie llamó y tampoco sabemos si abajo hay señal.
–Las nuevas tecnologías ya asoman en el sector, como los cementerios virtuales.
–Existen redes sociales específicas para dejar recuerdos. Hay cementerios virtuales, donde se aloja la historia, videos, fotos del difunto, y se pueden dejar condolencias para ser remitidas por vía electrónica a las familias. Se pueden seguir velatorios por Internet, para aquellos que están lejos. Y la última incorporación tecnológica es el Código Qr, que se pone en la lápida o puerta de la bóveda, para tener la información del fallecido.
Los avisos ya son un anuncio social
Una práctica recurrente de muchos lectores es empezar a leer el diario por los fúnebres. Ubicados en las últimas páginas, sirven para enterarse si falleció un conocido, si hay tiempo de llegar al velorio o simplemente recordar a alguien que hace un tiempo no está en este mundo. Judíos o católicos, queridos o no tanto, protagonistas o desconocidos, todos tienen lugar en esta sección.
Pese al avance de la tecnología, la gente mayor tiene la costumbre de escuchar “los muertos” por radio y después leer el diario para saber con quién estaba casado, cuántos hijos tenía, “si la madre aún es viva” y cuándo y dónde lo sepultan.
Pero a esos tradicionales datos, se le siguen sumando información. Ahora no es raro encontrar, más allá de las características de “se fue un gran hombre”, “madre ejemplar”; los agradecimientos a médicos, enfermeras o amigos; citas que reconfortan a los que despiden al ser querido como por ejemplo la de San Agustín “No llores si me amas”, un largo relato o un descargo.
Acusaciones contra alguien, denuncias a las que solo le faltan los apellidos. Una forma de “catarsis” para la familia enojada por el desenlace que ocasionó la pérdida del ser amado. “Entregó toda su confianza durante 10 años a su médico. Su muerte sorpresiva por mala praxis de un psiquiatra de nuestra ciudad, ya denunciado penalmente”, se suma a la descripción de una gran persona que ya no pertenece a este mundo.
“El policía que te asesinó fue condenado a tres años condicional, lo cumplió en su casa, cobrando el sueldo, hasta un abogado se le pagó para que lo represente. Esta lucha no cesará jamás, hasta que lo vea en la cárcel, sé que existe la ley del hombre, pero creo en la justicia de Dios”, recordó otro obituario publicado esta semana en UNO.