Conmovedora espera de un entrerriano con familiares en Beirut tras la explosión
Amílcar Uzman es de María Grande. Intentó en vano hablar con sus parientes que viven en la capital libanesa. Recién ayer supo que están bien.

Miércoles 05 de Agosto de 2020

Las imágenes de las explosiones que el martes devastaron la zona del puerto de Beirut y sumieron en el caos y la desolación a la capital de El Líbano conmueven al mundo.

La tragedia dejó 135 muertos y unos 5.000 heridos, además de unas 300.000 personas que perdieron su hogar a consecuencia de los daños. En un principio se pensó en un posible atentado, pero en las últimas horas cobró fuerza la hipótesis de un hecho accidental, al estallar “un depósito de con 2.750 toneladas de nitrato de amonio almacenadas de manera insegura”, según afirman los investigadores.

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Al enterarse de esta desgracia, a Amílcar Uzman, quien vive en María Grande, se le hizo un nudo en el estómago: hace un año visitó a su familia en Siria, pero antes pasó algunas jornadas en Beirut, donde se quedó un día entero en la casa del suegro de uno de sus primos. “En 2005 viajé con mi papá a Siria, nos quedamos casi dos meses; y el año pasado fui solo, un mes y una semana. En esa ocasión bajé en Beirut porque el aeropuerto de Damasco está cerrado. Está el suegro de mi primo y tengo otros primos más viviendo ahí”, contó a UNO.

Desde que se enteró del siniestro, Amílcar intentó comunicarse por teléfono con ellos para saber cómo estaban, ya que viven a menos de 10 cuadras de la zona portuaria que quedó totalmente destruida, pero sus intentos fueron infructuosos. “Estoy desesperado por tener noticias de ellos”, confió a UNO ayer a media mañana.

puerto Beirut

Puerto de Beirut

Preocupado por sus parientes, se comunicó luego con una amiga suya y con otros familiares que residen en Sarghaya, el pueblo sirio situado a unos 60 kilómetros de Damasco desde el que emigró su abuelo hacia la Argentina, en 1911.

Recién ayer al mediodía, luego de una conmovedora espera, Amílcar supo que sus conocidos que habitan en la capital de El Líbano están a salvo: “Pude hablar con mi prima de Sarghaya y me dijo que toda la familia de Abu Nauras, que fue quien me recibió en Beirut, está bien”, comentó aliviado.

Acto seguido, recordó: “Estuve en la casa de ellos en el último viaje, me fueron a buscar al hotel. Yo tenía pensado irme a Siria enseguida, pero me pidieron que me quedara aunque sea un día a compartir con ellos, y así lo hice”.

Conmovido por la situación, contó que su amiga -que es argentina casada con un ciudadano sirio y vive en allá- le envió ayer por la mañana un video en el que se ve una extensa hilera de ambulancias trasladando heridos a Damasco, a unos 120 kilómetros del lugar de la explosión, ya que los hospitales de Beirut colapsaron por la cantidad de heridos registrados tras las explosiones y los pacientes con coronavirus que estaban internados desde antes. Al respecto, subrayó: “Mi amiga me decía que encima que ya estaban afectados por la pandemia, ahora pasó esto”.

Asimismo, manifestó: “Cuando miraba los noticieros con las imágenes de las explosiones en Beirut y mostraban cómo quedó todo, me fui enseguida a buscar las fotos que tengo de mi viaje allá. Hay una del Puerto de Beirut desde lejos. Es terrible lo que pasó”.

Lazos fraternos

Amílcar contó que no conoció a su abuelo llegado desde Siria, pero su papá siempre estuvo en contacto por cartas con los parientes que quedaron allá. Interesado por las costumbres y tradiciones de sus antepasados, se vinculó con la Sociedad Unión Árabe de Paraná: “Ahí aprendí muchas cosas, porque lo que conocía era solo lo que papá me contó. Tengo guardadas las cartas que se mandaban con sus familiares en Sarghaya”, aseguró.

Según rememoró, en un momento el contacto se perdió, y fue él quien recobró la comunicación para conocer más de cerca la cultura de sus antepasados. “Cuando me comuniqué con ellos enseguida nos mandaban fotos y nos pedían que fuéramos”, señaló Amílcar, y comentó que en 2005 convenció a su padre de ir juntos a verlos.

Son unos 12.000 kilómetros de distancia los que separan Siria de Entre Ríos, pero valió la pena el extenso viaje: “Nos fuimos casi dos meses y desde ese día amamos a nuestros familiares, nos recibieron y nos atendieron como si fuésemos grandes personalidades”, aseguró.

En ese entonces contaban durante unas horas con alguien que oficiaba de traductor y así pudieron entenderse básicamente. Sin embargo, cuando el traductor no estaba, el diálogo se gestaba igual ante la emoción de tan ansiado encuentro: “Mi papá y sus primos charlaron todo el día, pero dudo que se entendieran”, refirió Amílcar con simpatía.

En el viaje que hizo solo en 2019 le fue mejor con el idioma, ya que estudió varios años la lengua de sus ancestros en la Sociedad Unión Árabe en Paraná. Esto le permitió mayor autonomía, de acuerdo a lo que relató: “Pasé un mes y una semana increíble en El Líbano y en Siria. En Beirut me quedé cinco o seis días conociendo el lugar, caminando solo, y con lo que había aprendido del idioma pude defenderme”, dijo, y destacó: “Beirut tiene un costanera sobre el Mediterráneo que es hermosa, y la gente es muy amable. Había mucha seguridad para caminar y es una ciudad muy linda, con sus callejones y sus mercados”.

También en los lugares de Siria que visitó se sintió seguro, a pesar de la guerra civil que desde 2011 mantiene en vilo a los habitantes de este país de Oriente Medio. En este marco, reconoció: “Es una situación dura la que están viviendo ellos por este conflicto interno”.

“Cuando recorrí en auto los 60 kilómetros que hay entre Sarghaya y Damasco había más de 10 puestos de policías haciendo controles”, comentó por último, en referencia a la situación que se vive en esa zona del mundo.