Viernes 06 de Agosto de 2021
Colonia Alemana del Mandisoví -o simplemente Colonia Alemana- está situada a 10 kilómetros del acceso a Federación pero a 18 del casco céntrico; y de Chajarí los separa 15 kilómetros, por lo que dependen administrativamente de esta ciudad. Se trata de un pequeño poblado, a juzgar por lo que dice el último Censo Nacional hecho en 2010, cuando se registró que había unos 360 habitantes en el lugar. Sin embargo, aunque los jóvenes suelen buscar mejores horizontes en otras ciudades más grandes y acá no es la excepción, la localidad creció mucho: según afirman las autoridades de la Junta de Gobierno, actualmente suman 1.200 las personas que habitan este sitio, gracias al arribo de gente de Misiones que llegó hace tiempo en busca de una fuente laboral.
Todavía se espera que vayan más migrantes desde esa provincia, convocados por esta labor, y que un poblado siga creciendo es una particularidad llamativa en una región en que muchos pueblos pequeños están más bien cerca de desaparecer.
La realidad es diferente en este lugar. Más allá del nombre que le quedó después de ser fundada en 1883 por Miguel Rohrer -un inmigrante suizo alemán que trajo 22 familias de su país y les dio un conjunto de parcelas para que vivieran-, Colonia Alemana se expande y alberga también a descendientes de italianos y otras comunidades, y ahora un tercio de la población lo conforman también los trabajadores misioneros, con sus esposas e hijos, que llegaron de la mano de un contratista o por cuenta propia para trabajar en emprendimientos vinculados a la industria forestal, principalmente en los cultivos de eucaliptus, y se quedaron.
Trajeron con ellos sus costumbres, algunas típicas de poblados de frontera, y cuentan en el lugar que la directora de la escuela de la Colonia debió ponerse a estudiar portugués para entender algunos conceptos de los hijos de las familias que vinieron de Puerto Rico, Paso del Monte, Laguna Azul y otros lados de la zona norteña en la que la tierra es colorada. “Después se fueron aggiornando a nuestras costumbres”, aseguró a UNO el presidente de la Junta de Gobierno, Jorge Bouchet, un cargo que asumió con entusiasmo a fines de 2019, tres meses antes de la pandemia, y que desarrolla sin cobrar un salario porque es ad honorem.
“Los misioneros son, para el trabajo de la madera y en los montes, gente muy capacitada. Muchos vienen tipo trabajadores golondrinas y después se radican acá, inclusive dedicándose a otras tareas”, opinó.
Y si bien en Colonia Alemana le dan la bienvenida a quienes buscan establecerse, también los instan a hacer el cambio de domicilio, ya que los recursos que se destinan son en base a los datos del Censo de 2010, que los hace figurar como una Junta de Gobierno de 3° Categoría, y esto los limita mucho para llevar adelante las prestaciones de servicio de salud, educación y demás. En este marco, malabares hace Bouchet para administrarlos: “Contando con esa cantidad de misioneros, sumamos 1.200. Aunque figuramos en el Censo de 2010 con 360 habitantes, en el padrón ya tenemos 450 peronas que votan, y esa es una cuarta parte de los que viven acá, donde también hay chicos y además gente que se afincó y nunca hizo cambio de domicilio”, explicó.
A su vez, indicó: “Muchos se radicaron ya y modificaron su dirección, otros se asentaron de oficio, sin efectuar el cambio de domicilio, y contantemente les pedimos que lo hagan, ya que el tema de esta gran migración es importante y nos trae como consecuencia un montón de falencias, porque los recursos de nuestra colonia, como salud, educación, seguridad, comedores escolares, servicios y demás”.
“Sabemos que para la radicación definitiva también necesitamos aportes de viviendas. Ese era un proyecto cuando empecé mi período de gobierno, pero tres meses después arrancó la pandemia y complicó este tipo de gestiones”, manifestó, sin bajar los brazos ni menguar los esfuerzos para que la colonia siga progresando.
Raíces
Jorge Bouchet se crió en Colonia Alemana, ya que su papá era arrocero, y a los 15 se fue a Buenos Aires a hacer su carrera militar. Años después combatió en Malvinas, y siguió su vida en otros lugares del país y en otras tareas. Pero, según contó a UNO, “las raíces tiran” y decidió volver hace una década al sitio que lo vio crecer. “Llevo 10 años viviendo acá, y desde diciembre de 2019 soy el presidente de la Junta de Gobierno. Si bien son muy acotados los recursos, no tenemos coparticipación y mi cargo es sin sueldo, lo bueno es que acá somos todos conocidos y lo agradable es que se puede trabajar sin banderas políticas: hoy es mi tesorera es quien se postuló por la lista contraria”, destacó.
En el escudo oficial del lugar dice “Colonia Alemana. Dulce por naturaleza”, y esto se debe a que en la actualidad la apicultura y el citrus son actividades muy importantes para la economía de este rincón de la provincia, además de la ganadería y los aserraderos.
Institucionalmente cuentan con escuela, comisaría con personal único, centro de salud, una iglesia católica y un templo protestante, al igual que dos cementerios: uno de cada congregación.
Bouchet contó con orgullo que en 1888 se creó la escuela, que conserva su edificio como testimonio de la historia: “La parte histórica todavía sigue en pie y es mucho más que centenaria. En un principio fue una escuela privada que hizo el mismo fundador de la colonia, pero fue reconocida en 1910 por el Consejo General de Educación (CGE). Fue la tercera escuela de Entre Ríos reconocida por el organismo: la primera fue en Paraná y la segunda en Federación”, dijo.
También señaló que tienen una de las primeras bibliotecas públicas del país, que contribuye a la cultura de una localidad que también suele rendir homenaje a los veteranos de Malvinas, como es su caso, y hasta cuentan con una plaza a la que bautizaron Centinelas de Darwin, donde realizan actos patrios y se siente reconocido por lo que le pudo brindar a la patria.