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Nada se pierde: viejos y nuevos usos para los residuos del campo

Desde los envases plásticos hasta las deposiciones de animales, la gestión de desechos de la actividad agropecuaria requiere de gestión.

Sábado 22 de Noviembre de 2014

La Segunda Jornada Nacional de Gestión de Residuos, realizada en la Estación Experimental Agropecuaria del Inta Oliveros, dejó en claro que la situación de los desechos pecuarios son un problema serio. El agro en su conjunto disemina una gran cantidad de residuos que, casi sin control, son esparcidos en todas las comunidades rurales de la Argentina.

A nivel global, hay relevados cerca de 15 mil toneladas de plásticos que no se rehúsan, reciclan o pasan a la destrucción total para evitar los efectos contaminantes. Paralelamente, sólo en el centro norte de Santa Fe se acumulan 400 toneladas de envases plásticos de glifosato por campaña, que son abandonados en los propios campos donde fueron utilizados, a la vera de los arroyos o en galpones, con un 0,5 a 1,5% de líquidos depositados, por evitar el triple lavado o medidas de reacondicionamiento.

En definitiva, la falta de gestión ha puesto en alerta a gobiernos, instituciones y muchos actores del sector agropecuario, que han comenzado a diseñar tecnologías para abordar la problemática con oportunidades de agregado de valor y una mejor utilización del suelo.

En pocos meses, el Inta Rafaela dejará inaugurado su primer Centro de Gestión de Envases Fitosanitarios que _en su primera etapa_ se encargará de recepcionar y tratar los envases vacíos de glifosato.

“La finalidad es que los productores lleven cada envase y lo depositen en los lugares de acopio más cercanos a su localidad, la recepción comienza en esta planta piloto, que va a contar con el tratamiento de efluentes que atacan la molécula del glifosato”, explicó Cristian León, agregando que a futuro los envases que lleguen a nuevos centros de acopio se podrían utilizar para generar muchos insumos ambientalmente aceptados. Algunos para Vialidad Provincial, como conos, reductores de velocidad, y otros elementos de delineación o marcado. También piensan en el revestimiento de cables de fibra óptica o la generación cajas de luz, que se pueden producir a partir de la reutilización de estos envases.

Se trata de materiales muy factibles, logrados por la concientización del productor agropecuario y su responsabilidad con el medio ambiente.

León, que observó otros proyectos con la generación de juegos infantiles o bancos plásticos para plazas con este tipo de envases, remarca que esa idea fracasó porque generaba un rechazo o alejamiento de la sociedad a su utilizando, sabiendo de su procedencia.

Otros, como la generación de postes plásticos para alambrar campos, tampoco tuvo tanto éxito, por la falta de intervención del Estado. “Es decir, faltó una política de exigencia para que una parte del tendido de alambres se haga sobre con estos elementos. El productor siguió comprando postes de madera, porque les convenía, por tradición y porque –a veces- eran más baratos”.

Regulación. Los técnicos y especialistas que participaron del encuentro en el Inta Oliveros consideraron que para lograr que estos proyectos tengan eficacia, se necesita la implementación de una ley que ayude a regular el funcionamiento, la disposición y utilización de los residuos agropecuarios.

Por ahora, en Argentina se avanza en las etapas iniciales de tratamiento de residuos de cerdos y aves, agroindustriales, biodigestión, compostaje, digestión anaeróbica, manejo de excretas y generación de energía y producción de biogás en feedlot y otras producciones pecuarias.

Todos los proyectos de participación en la gestión de residuos en comunidades rurales como urbanas, ya tienen más de 20 años de gestión, aunque con mucha diversidad de opiniones, implementación y entendimientos.

Lo cierto, es que durante ese tiempo se avanzó mucho con las tecnologías disponibles para realizarlo. “Hay experiencias exitosas en funcionamiento, una es la implementada por el municipio de Cerito (Entre Ríos) que cuenta con un grupo de biodigestores que procesan residuos urbanos y del agro para la generación de gas metano, que alimenta cocinas centralizadas, genera electricidad y calefacciona una serie de piscinas en el casco urbano”, remarcó Ricardo Bertolino, experto de comunidades rurales.

Este referente resalta que desde el punto de vista económico la ecuación todavía no está cerrada.  “No hay datos ciertos, de cuanto una comunidad rural puede ahorrar al generar su propia energía con residuos. Tampoco de cómo se deben administrar los recursos y como se reparte los beneficios entre los actores que participan de cada proyecto. Por ahora, todo enfoca a la gestión, el estado de situación y como abordar el problema”.

Legislación. Si bien en Argentina existen muchas leyes para el tratamiento de residuos, la mayoría de las producciones se manejan fuera de éstas, en la implementación de esquema de reciclado y manejo sustentable. El dato lo aportan grupos de empresas privadas que no pueden articular sus sistemas de trabajo con las instituciones públicas u organismos gubernamentales. “Este desentendimiento, desalienta la contribución de la gente, dispersa la conciencia y sigue dejando mucha basura en el camino sin ser levantada”, dijeron. El dato más concreto nuestra país se dejan cerca de 20 millones anuales de envases plásticos desparramos en la superficie, sin que nadie haga nada. La realidad sigue diciendo que en la informalidad el negocio es más sustentable, una preocupación que se planteó en la jornada del Inta.

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