Domingo 10 de Noviembre de 2013
Las proyecciones sobre caos ambientales han ganado terreno en los últimos años, muchos de ellos con mayor notoriedad a partir de relatos de ficción futuristas en versiones cinematográficas.
Esta semana se difundió a nivel mundial un mapa interactivo elaborado por la National Geographic, que muestra cómo el agua taparía vastas zonas del planeta, en 5.000 años, a causa del derretimiento de los glaciares. Desaparecerían los más de 20 millones de kilómetros cúbicos de hielo, que se volcarían al mar.
En Entre Ríos no solo quedarían afectadas las ciudades costeras, sino casi su totalidad geográfica: la causa atribuida fue el incremento de emanaciones de carbono a la atmósfera.
En el caso de América del Sur, la cuenca del Amazonas, en el norte, y la cuenca del río Paraguay, en el sur, se convertirían en las entradas del Atlántico.
Los procesos de reducción y de elevación de los niveles de los océanos forma parte de los millones de años de historia de la humanidad. En el caso del informe, indica que si el calentamiento global no se detiene, las consecuencias podrían ser tan catastróficas como la desaparición de ciudades enteras, fue la advertencia.
Este tipo de planteo no es compartido por otros sectores proteccionistas, pero por las discrepancias en el origen de las causas que están afectando la calidad ambiental del planeta.
Consultado sobre el tema, el biólogo y titular de la Fundación para la Defensa del Medio Ambiente (Funam) Raúl Montenegro, planteó a UNO que “es peligroso hacer análisis de ambientes y situaciones complejas con enfoques simplistas. En muchos casos la herramienta de análisis cambio climático es insuficiente e incluso puede llevar a errores graves de interpretación”, planteó, al hacer referencia a que “se construyó una imagen de cambio climático, atribuyéndola erróneamente como si fuera la suma de las causas, y la suma de las soluciones”.
En ese sentido, explicó que “las cuencas hídricas son mosaicos de ecosistemas muy complicados, donde el principal problema no es obviamente el cambio climático, sino el cambio terrestre: la disminución de la superficie cubierta con ambientes nativos y la expansión de ambientes forzosamente simplificados, con cultivos y en menor medida, la expansión de asentamientos urbanos”.
El dirigente ambientalista y profesor titular de la cátedra Biología Evolutiva en la Universidad Nacional de Córdoba se refirió a la realidad de las cuencas que surcan territorio entrerriano.
Al respecto, citó que el funcionamiento de una cuenca hídrica depende primariamente de que se mantengan superficies y valores de biodiversidad lo más altos posible. “Las políticas ambientales en la región, o no políticas en realidad, lo que favorecen es el cambio de los usos del suelo, el ambiente nativo en productivo. Se gastan muchos esfuerzos en analizar que buena parte del problema, el cambio climático, puede atacarse reduciéndose las cargas de dióxido de carbono, que es cierto, pero crea una fábula de la solución. Mientras uno debate sobre la fábula, continúa el desmonte y los cambios de uso de suelo”, justificó.
En ese sentido, indicó que habitualmente, las cuencas de los ríos Paraná y Paraguay no registraban coincidencias de crecientes. “Está sucediendo una destrucción feroz de los ecosistemas nativos en las cuencas altas, que generan que más aguas corran por los ríos, y en este caso al mismo tiempo en ambas cuencas”, sostuvo.
Con esa explicación planteada en un marco integral, Montenegro se distanció del “razonamiento intelectualmente ofensivo” que atribuye un nivel atípico del río Paraná, solo a causa del cambio climático.
Diagnóstico
“El cambio climático existe y es grave, pero no puede considerarse aislado; las anomalías que se están produciendo se deben a todos los cambios” e insistió con la desaparición de los bosques nativos, la megaminería, los cultivos transgénicos, o el modelo de consumo, entre otros.
A raíz de estas consideraciones, marcó que “cuanto mejor balance hay entre ambientes nativos y ambientes intervenidos, mayor es la resistencia ambiental que tienen esos mosaicos que se consideran las cuencas, para enfrentar cualquier tipo de crisis, incluso el cambio climático global”.
Para Montenegro, en la actualidad, en nuestra región hay varios cambios simultáneos: terrestres, acuáticos, atmosféricos, en la biodiversidad y en los modelos de consumo. “El cambio climático global es apenas una parte del cambio atmosférico”, explicó.
Por ello, sostuvo que el verdadero problema no es cómo cambiará el caudal de los cursos de agua, sino cómo el conjunto de cambios alterará al sistema de la cuenca hídrica.
“Políticamente hablando, la consideración aislada de cambio climático termina siendo muy conveniente para los intereses económicos, ya que favorece por ejemplo, la agricultura industrial. Me entretengo con la descarga de dióxido de carbono, y hago menos esfuerzos en la destrucción del ambiente nativo. Para situaciones y cambios complejos, la única posibilidad son soluciones complejas”, indicó.