Verónica Romero hace meses que duerme adentro de una carpa instalada en el Parque Urquiza. Sobre finales de mayo UNO dio cuenta de la situación y reflejó la poca ayuda que había recibido al momento. Ayer informaron desde la Casa de la Mujer de Alameda de la Federación que desde entonces la asistieron en varias oportunidades, aunque también manifestaron las dificultades del caso.
Asisten a Verónica, que sigue en carpa en el Parque Urquiza
Verónica no se quiere ir del Parque por el momento y solo pide una carpa nueva. Ayer estaba sentada bajo el sol a un costado de sus pertenencias. “Hola señor. Tuve que coser la carpa como pude. Me tiran piedras en la cabeza; son unos gurises. Ya les dije que me dejen de tirar. Está lindo en el sol, pero quiero estar con mis cosas. Arreglé mi carpa, le puse toldito, pero no me puedo ir porque me la van a romper de nuevo”, dijo a UNO sobre la barranca abajo del hotel. “Estoy acampando nomás, señor. Después ya me voy para otro lado. Gracias por preguntar”, agregó.
En la Casa de la Mujer hay 20 camas para aquellas que se encuentran en situación de calle y hay quienes llegan cada noche con sus hijos. Sandra Vela es la coordinadora y sobre el Verónica Romero, contó: “Las acompañantes de la Casa de la Mujer se acercaron en más de una oportunidad a ofrecerle ayuda. Ella quiere una carpa nueva y vivir ahí en el Parque. Dice que está cansada de las instituciones y que ha estado en otros lugares. Por ahí se enoja cuando vamos muy seguido. Es una complicación y tampoco queremos ser invasivas”.
Ayer por la mañana Verónica estaba tranquila, quizás un poco preocupada por unos chicos que le tiraban piedras y le rompían la carpa, aunque en el lugar no había nadie, solo ella y el policía de la garita a unos 30 o 40 metros. Tenía en su sillón de playa un montón de ropa secándose al sol. Su cabeza la había resguardado, tal vez desde la tormenta con una bolsa plástica para no mojarse el pelo.
“Entendemos que por ahí llama la atención por el lugar donde está, a la vista de todos. Es una situación como tantas otras donde eligen estos espacios. Desde el sentido humano con las bajas temperatura indignan estas situaciones porque se considera que está en riesgo, pero así y todo las personas en esa situación no siempre quieren vivir en una casa. Con Verónica hay limitaciones subjetivas que hacen que no tolere la convivencia y sienta un ahogamiento. Nos acercamos y nos ha pedido alguna frazada. Todavía no hemos conseguido una carpa nueva, que es lo que ella pide”, explicó Vela y agregó: “Hay muchos padecimientos que provocan la renuncia a una vida compartida”.
Como sea, la asistencia llegó y seguirán en la búsqueda de soluciones para ayudarla; mientras Verónica sigue en el Parque, con su carpa cocida y la puerta abierta. Hasta ahora atravesará el invierno al reparo de un árbol.













