Domingo 08 de Diciembre de 2013
Pablo Felizia
De la Redacción de UNO
pfelizia@unoentrerios.com.ar
Lo más difícil para alguien que vende objetos con más de 100 años es desprenderse del mismo después del esfuerzo realizado para conseguirlo. En Paraná, los anticuarios recorren ferias, van a casi todos los remates, se presentan ante familias que se mudan o heredan, los llaman desde diferentes localidades de la provincia para ofrecerles un mueble y mueven cielo y tierra cada vez que algún cliente o coleccionista les pide algo que necesita; es como un desafío y con paciencia salen en la búsqueda.
Entre las características comunes, se puede decir que siempre caminan en el vértice entre atesorar aquello que tienen y su comercialización. Aseguran que el estudio de la historia de cada objeto es una de las claves para poder venderlo.
En la capital provincial se destacan varios comerciantes de estas piezas particulares. Sostienen y coinciden que no se debe revelar nunca la procedencia familiar del objeto que está a la venta.
Miguel Rosenbrock, hace varios años que tiene su local en San Martín a media cuadra de Gualeguaychú. Ayer abrió las puertas de su comercio y relató aspectos de la historia de cada uno de sus objetos preciados. “Voy a remates y también hay gente que ofrece lo que tiene porque falleció un familiar o por herencia; por ahí se quieren deshacer de algunas cosas y entonces las ofrecen. Además recorro ferias o alguien me pasa el dato de una persona que se está por mudar, esa es la forma en que se rescatan los objetos”, dijo a UNO.
A cada cosa que consigue le tiene que realizar restauraciones para poder presentarlas. Por el uso y los años, a veces interviene un carpintero o algún especialista cuando se trata de piezas de cristal o de bronce.
“A muchos les llama la atención. Hay quienes compran algo porque les recuerda a los padres o abuelos, o ven un mueble en una película y lo quieren tener”, destacó Rosenbrock y agregó: “Hay quienes te encargan cosas. Por ejemplo tienen un juego de living y les falta un sillón o al juego del comedor les falta una silla. Uno se dedica a rastrear eso que se quiere en la provincia o en otro lado para resolverlo de alguna manera”.
Relatos para cada cosa
Para que un objeto sea considerado antiguo tiene que tener por lo menos 100 años. La historia de cada uno se la cuenta al anticuario aquel que se lo ofrece y desde ahí empieza su estudio y conocimiento.
“Hay muebles con estructuras de mármol o cuadros donde la gente misma te relata que se lo regaló algún antiguo profesional. Cada uno tienen determinada historia. Todas esas piezas han pasado o compartido años con diferentes familias”, sostuvo.
Explicó que en el camino se ha encontrado con piezas que son viejas pero no originales y la reproducción ya tiene otro precio. “En la década de 1910 y 1920 se empezaron a hacer muchas copias europeas del siglos anteriores. Te das cuenta por cómo está armado. El mueble antiguo por ahí tiene cierto desgaste de algunas piezas; a la madera con solo mirarla te das cuenta que está como muy estacionada”, explicó. Por ejemplo, la forma en que están encastrados los cajones de un mueble determinan también la manera en que fueron construidos y las técnicas en la fabricación fueron marcadas por distintas épocas y así es posible aproximarse a un año cuando no se sabe con exactitud.
Miguel Rosenbrock contó que en sus comienzos acumulaba cosas en su casa pero llegó un momento en que debió decidir qué hacer con todo eso. “Así que seleccioné algunas para mí pero no podía tener cinco juegos de comedor. Me duele vender algunos objetos que compro o recibo, la verdad me gustaría tenerlos, pero no puedo. Por eso desde hace algunos años me dedico a la comercialización”.
El anticuario conoce de arte y de historia. Sabe también de materiales y fabricación. Reconoce cuando una pieza es única, fue hecha en colección o de manera industrial. También es capaz de poner un precio a una pieza particular y por nada del mundo es de andar con el cuento de quién fue su último dueño.
Precios que se vuelven difícil de poder precisar
Con Internet hay más posibilidades de ponerle precio a una pieza antigua porque solo hace falta ingresar en un buscador la firma del artista o el nombre del objeto para conocer qué precio tuvo en alguna subasta o cuánto se pide por alguno similar en una página que se dedique al rubro.
Oscar De Llacqua es uno de los que más conoce de objetos antiguos en Paraná y es una referencia para otros en el rubro. Explicó que al momento de ponerle un precio a un objeto antiguo pesan varios factores como el valor de reventa. “Pasa el tiempo y la pieza vale más por su actualización y porque en el mercado cada vez hay menos, tanto por rotura o porque sale del mismo. Así es la composición”, señaló.
Por su parte, Gustavo Salerno es relojero y tiene su comercio y taller en Perú, a metros de Pellegrini. Entre otros relojes de valor cuenta con uno de más de 200 años.
La pieza en cuestión es de madera india y supone que la máquina es alemana. “Toda maquinaria tiene su sello y su impronta por eso consideramos que es alemana”, destacó Salerno. El artefacto le pertenece por herencia familiar. “Se mueve el segundero como si fuera cuarzo. No suena, es mudo; no tiene campana. Solo marca la hora pero se dedica a hacerlo con muchísima precisión”, explicó.
El péndulo tiene varillas de dos colores. Salerno dijo que no es por una cuestión de diseño, sino porque está construido con diferentes metales para que el frío o el calor no lo dilaten y adelante o retrase la hora. “Es una maravilla”, sintetizó. El objeto tiene una pesa por detrás del péndulo que se levanta con una manivela que a su vez se calza en el cuadrante. Al hacerlo se le da impulso -cuerda- para toda una semana.
Pero al momento se consultarle por le precio que tiene ese reloj, la cuestión se vuelve difícil porque no hay tantos registros en Internet y es complicado determinarlo. “No se puede vender, no lo puedo hacer porque no se sabe cuánto cuesta; no sabría cobrarlo. Pensamos que puede valer una propiedad. Es una pieza de colección”, sostuvo.
La juventud se acerca
Todos los consultados coincidieron en que el público que le gusta y compra antigüedades es muy variado, pero destacan que en el último tiempo los jóvenes se comenzaron a acercar a este tipo de comercios y a interesarse por las particularidades de terminados objetos.
“El público es variado pero hay mucha gente joven. Cuando se casan, los abuelos y los padres los ayudan con muebles y de laguna manera los van condicionando. Lo nuevo es muchísimo más caro y lo que tiene un precio standard no es de buena calidad”, explicó De Llacqua. Entonces ocurre que se incorporan mobiliarios que tienen sus años y se le agrega como objetos de decoración aquellas piezas que se venden en los anticuarios. “Son más cálidas. Vas a comprar un adorno nuevo y es todo material sintético; no hay una composición de un artista laburando”, remató.
Al recorrer anticuarios se pueden encontrar estas piezas
* Consola francesa. Tiene un precio de 3.000 pesos. Se usaba con espejo y se colocaba en los recibidores.
* Juego de escritorio de plata por un valor de 650 pesos. Es de finales del siglo XIX. El set cuenta con lápiz, sello, pluma y abrecarta.
* Napoleón de 5.000 pesos. Hecho en terracota italiana por el artista Richard Aurili (1834-1914).
* Centro de mesa de porcelana faience de un valor de 6.000 pesos. El objeto es de origen checoslovaco.
* Óleo. Aún le falta restaurar. Tiene un valor de 2.500 pesos y perteneció a una familia antigua y tradicional de Paraná.
* Composición de origen alemán de dos floreros más reloj. Tiene un valor de 1.800 pesos, las tres piezas.
* Metrómetro Alemán de 1940 de un valor de 700 pesos. Artefacto que se usa para marcar compases de música.
* Tarros de farmacia. Tienen un precio de 700 pesos cada uno. De cuando los medicamentos se vendían por cuchara y peso.
* Reloj péndulo con 200 años de antigüedad. Mecánica alemana y madera india. Aún no tiene precio.