Sábado 13 de Mayo de 2023
“La metástasis es el proceso por el cual el cáncer se propaga a diferentes lugares del cuerpo humano. La mayoría de la mortalidad relacionada con el cáncer es causada por este traslado de las células tumorosas originales a sitios distantes del tumor inicial o primario, a través del torrente sanguíneo”, según Medline Plus de la National Medicine Library.
Quienes tuvieron o tienen enfermos de cáncer en la familia o entre sus amistades, saben que es un término duro y doloroso del cual no se debe hablar a la ligera, sobre todo si se trata de insultar, sea a adversarios políticos o a depositarios de odios personales.
Desde el tristemente célebre “Viva el cáncer” que se pintó en las paredes para “celebrar” el diagnóstico y la enfermedad que mató a Eva Duarte, hasta “la metástasis” a la que aludió Baby Etchecopar para “describir” a la diputada Cecilia Moreau han pasado décadas, pero el odio es el mismo.
“Periodistas provocadores” diagnostican trastornos mentales y alimentarios por televisión, solo con la intención de agredir. Invocando la libertad de prensa y de expresión se compara personas con enfermedades crueles, se desea el mal, se meten con los hijos.
El sistema republicano -que tanto le gusta invocar a cierta gente- está compuesto por los tres poderes del Estado, uno de los cuales es la Justicia, y es hacia donde se deberían direccionar las denuncias de corrupción, cohecho, desvíos de fondos públicos, inclumplimiento de los deberes, mal desempeño y otros delitos que se pretendan probar a funcionarios y funcionarias, si es que buscan Justicia. Luego, para derrotar a los adversarios políticos, están las urnas. Fuera de esos límites, todo es antidemocrático.
Después de emponzoñar a las personas, muchas de las cuales están soportando en sus espaldas una cotidianeidad adversa y sin alternativas hacen carne ese discurso, cuando gatillan a la cabeza de una mandataria no se dan por aludidos del odio que sembraron.
El gobernador de una de las provincias más atrasadas de Argentina, un protegido del poder flojito de papeles en cuanto a violencia de género y recambio institucional, trata de “hijos de su madre” a los porteños y luego aclara: “solo a los oligarcas, no a los trabajadores”.
Estas agresiones, insultos y descalificaciones personales cosechan repudios selectivos, sean de uno u otro lado de la grieta. Los cobardes comentarios se propagan y multiplican exponencialmente en las redes sociales como verdades absolutas, muchos escudados en el anonimato o la impostura.
Cuando el blanco de la agresión u “objeto del odio” es una mujer, todo se vuelve más virulento. Si tuvo logros en la actividad en que se desempeña, sea la política u otra, pocas veces se destaca su trabajo o su esfuerzo. Lo que subyace en el inconsciente colectivo es que su éxito se debe al favor sexual que le hizo a un superior varón, a sus atributos físicos o al nepotismo de algún hombre, sea su padre, hermano o pareja.
Si el violento es de un bando, cacarea el otro mientras los propios se callan y otorgan, y viceversa.
Insulta el que no tiene argumentos. Invoca el cáncer el vil.