Martes 09 de Septiembre de 2014
Julio Cantero / Ovación
jcantero@uno.com.ar
No es la primera vez que viajamos a otro país –en esta oportunidad, a los Estados Unidos de América nuevamente– por cuestiones profesionales ni, tampoco, que cruzamos el Ecuador o el meridiano de Greenwich. Pero, eso sí, como desde hace años lo venimos experimentando, volvimos a maravillarnos con ese formidable fruto de la inteligencia humana llamado avión porque, por siempre, admiraremos sin retaceos a estos auténticos prodigios de la ingeniería.
Es absolutamente increíble que, en nuestro caso, un Airbus A330-200, una mole de casi 60 metros de largo y 230 toneladas de peso (con 264 pasajeros, tripulantes, carga, equipajes y 139.000 litros de combustible) alcance los 315 km/h en su carrera de despegue de 2,2 kilómetros, ascienda unos 600 metros por minuto en medio de la noche hasta alcanzar los 10.700 –la altura en la que transcurrirá su vuelo crucero, a casi 900 km/h– y, unas diez horas y media más tarde (en los que recorrerá 8.540 kilómetros desde su partida en Buenos Aires, surcando los cielos de Entre Ríos, Santa Fe, Chaco, Formosa, Paraguay, Bolivia, el Amazonas brasileño, el mar Caribe, República Dominicana y el océano Atlántico), nos deposite en la cosmopolita Nueva York a la mañana siguiente. Pero lo hizo, y sin ningún tipo de inconvenientes.
El aeropuerto Internacional John Fitzgerald Kennedy de la Gran Manzana está ubicado a unos 25 kilómetros al sureste del centro de Manhattan. Es un gigantesco monstruo donde, diariamente, casi 50 mil pasajeros internacionales –de más de 30 nacionalidades e idiomas diferentes– arriban o parten utilizando los servicios de algunas de las casi 100 aerolíneas de más de 50 países que operan regularmente en las cuatro pistas del mismo.
Mediante el AirTrain JFK (un monorriel) los viajeros se conectan desde las nueve terminales del aeropuerto con los estacionamientos, el metro (subte), los trenes urbanos y las paradas de ómnibus, taxis y autos de alquiler.
Y aún nos faltaban casi 3.600 kilómetros y unas cinco horas más de viaje (ahora, con un Boeing 737-800) hasta arribar a la indescriptiblemente fabulosa Las Vegas. Volamos hacia el oeste sobre los estados de Pennsylvania, Ohio, Indiana, Illinois, Missouri, Kansas, Colorado, Utah y Arizona hasta que, en medio de la nada absoluta que es el desierto de Nevada, aparece esta ciudad –al igual que el diamante más fino cuando emerge entre la roca–, que nos recibió con 32º (y un ligero chaparrón), propios del verano boreal en esta zona de Norteamérica, y similar a la temperatura reinante en Oxnard, California –a casi 515 kilómetros de aquí, que se cubren en casi cinco horas en auto por la Interestatal 15–, donde Marcos René Maidana realizó su exigente preparación para convertirse en el boxeador que se quede con el preciado invicto de Money dentro de cuatro días.
¿Y cómo es el aeropuerto McCarran International de Las Vegas? Posee el ADN de la capital mundial del juego: es lujoso por doquier –gran parte del mismo está alfombrado– y, para no aburrirnos esperando el equipaje, podemos entretenernos (y gastar, dejándole dinero a la ciudad, claro) en algunas de las casi 1.300 tragamonedas (llamadas slots) instaladas en el mismo. El ruido de las máquinas es permanente y, por el tamaño de la aeroestación, los pasajeros utilizan el Tram (otro monorriel que une las terminales, y que también está alfombrado).
Este servicio de Tram también se utiliza en la ciudad para cubrir el trayecto entre distintos hoteles (como el New York- New York con el Excalibur –donde está Ovación–, el Luxor y el Mandalay Bay, todos ubicados sobre la acera Oeste de Las Vegas Boulevard, más conocido como el Strip, frente al imponente MGM, cuya fachada verde esmeralda es inconfundible y se destaca nítidamente.
En sus 30 pisos, el MGM alberga 6.852 habitaciones (incluidas las suites y lofts), 16 restaurantes y el casino más grande de la ciudad. En el MGM Grand Garden Arena, con capacidad para 17.157 espectadores, e inaugurado el 18 de diciembre de 1993, Mayweather y Maidana pelearán este sábado y, el Chino, buscará convertirse en el primer argentino en coronarse en tres categorías diferentes. Asimismo, en el lobby del mismo hoy tendrá lugar la ceremonia de los Grandes Arribos, donde Mayweather y Maidana serán recibidos por los fanáticos (Ver aparte).
Un viaje en taxi desde McCarran cuesta 24,70 dólares por los 4,5 kilómetros hasta nuestro hotel ubicado en el Strip. A lo largo del camino, las gigantografías y carteles promocionando la pelea Mayweather-Maidana 2, cuya cobertura es el motivo de nuestro viaje, no podían faltar. Están en los hoteles, avenidas, taxis y hasta en los casinos.
Toda Las Vegas vibra con el combate. Es casi tema obligado de conversación (hablamos con mexicanos y puertorriqueños, quienes apoyan abiertamente al Chino) y, las casas de apuestas, (donde Money está arriba 6 a 1 como favorito) no dejan de trabajar.
El ingreso al MGM
Hoy será la ceremonia de los Grandes Arribos al MGM. Primero los hará quienes completan la cartelera de #Mayhem y, los protagonistas de la pelea estelar, lo harán al final. Marcos René Maidana lo hará a las 14.45 (local, las 18.45 de la Argentina), mientras que Mayweather ingresará 15 minutos después.
El lugar será el lobby del MGM (frente a los mostradores para registrarse), donde hay montado un ring y, sobre el mismo, hay un león dorado, el símbolo del hotel. Los arribos son abiertos para la prensa y el público, y, seguramente, el Chino tendrá un masivo apoyo de la comunidad latina que seguramente esperará por un triunfo del boxeador nacido en la localidad de Margarita.