Miradas
Sábado 03 de Marzo de 2018

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El gobierno provincial planea una reforma electoral que tiene como principal propuesta la utilización de la boleta única, posiblemente de papel. Según se sabe, las fuerzas políticas con representación en la Legislatura provincial apoyarían ese cambio. Así, en 2019, se votaría marcando con una tilde al candidato preferido en una boleta que contenga todos los candidatos a gobernador; y al intendente en otra que tenga todos los postulantes para esa categoría, y así también al senador.
El problema se plantea con los candidatos a diputados y a concejales, ya que si se debe elegir entre las listas completas de cada fuerza electoral, quedará en claro que el argumento de eliminar la lista sábana era ficticio. Circula el rumor que señala que se votarán (marcando con tilde) en bloques de a tres diputados provinciales, que es más o menos lo mismo, ya que quienes solemos cortar la boleta para no cargar con la responsabilidad de llevar al recinto a un impresentable, pese a que lo acompañen buenos candidatos; podemos encontrar que en el bloque de tres se plantee la misma situación, es decir que haya un candidato cuestionable que perjudique a dos buenos postulantes.
Lo cierto es que aún votando los candidatos a diputados uno por uno no se resolverá el problema, a lo sumo se atenuará el cargo de conciencia de quienes tragan el sapo de la lista completa.
El problema de la inclusión de candidatos que llegan a serlo gracias a la rosca, por influencia mediática, por apriete político, por parentesco o por el poder del dinero –entre otros casos– debe resolverse dentro de los partidos políticos con mecanismos que profundicen el debate y aseguren que cada fuerza proponga a sus mejores hombres o mujeres para esos cargos. Acentuar la representación de las minorías, por ejemplo, podría ser también un modo de mejorar la selección de los postulantes.
Considero que la boleta única no va en ese camino, sino que por el contrario acentúa la despartidización del sistema electoral. De acuerdo a lo que hemos visto en la zona, el mecanismo puede permitirle a un candidato hacer una buena elección por ser famoso o tener dinero, aún compitiendo frente a cuadros políticos de prestigio. Eso fue lo que ocurrió, según mi entender, con Miguel Del Sel en Santa Fe, quien estuvo a pocos votos de ser gobernador.
Hoy el comediante se arrepiente de su participación electoral porque lo perjudicó en su actividad económica. No imagino a un dirigente político con verdadera vocación de servicio y de poder arrepintiéndose por haber perdido una elección en la que logró un caudal enorme de votos.
Creo que si de evitar el arrastre electoral se trata; es decir de evitar que un candidato a intendente o a gobernador gane una elección por el solo hecho de compartir la boleta con un buen candidato presidencial o a gobernador o al revés también; bastará con separar los cuerpos de las diferentes categorías electorales y así permitirle al elector armar su voto con postulantes de diferentes partidos. Así se votó en 1983,, cuando las papeletas tenían incluso colores distintos por cada categoría. No puedo obviar que algunos de los que hoy apoyan la boleta única no solo apoyaban la boleta sábana, sino que además estuvieron de acuerdo en eliminar el troquelado que facilitaba el corte de las categorías electorales.
No me parece que la lista sábana sea el principal problema. Se supone que esa lista sábana incluye a un grupo de personas que comparten las mismas ideas y propuestas (por pertenecer a un mismo partido) y que ese partido es el respaldo de su accionar.
Si con la boleta única se elige a un famoso, a un mediático, o a un carilindo será difícil reclamarle después si la acción de gobierno no nos convence o nos perjudica. Me parece que el mayor reaseguro de los ciudadanos estará en los partidos políticos, en que recuperen su protagonismo, en que sean ámbitos de debate abiertos a la sociedad de modo tal que no se puedan convertir en un aguantadero de los que después se esconden en la lista sábana.

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