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Suplemento Aniversario 2019

Visibilizar lo invisible, dar voz a quien no la tiene

El periodismo con visión de género no es "hablar sobre mujeres" sino exponer las desigualdades para promover el cambio social. Periodistas entrerrianas que narran historias desde la equidad.

Miércoles 13 de Noviembre de 2019

Desde hace ya varias décadas las periodistas, como trabajadoras, comenzaron a cuestionar la imagen de la mujer que reflejaban los medios de comunicación y advirtieron que reproducían la cosmovisión patriarcal de la sociedad, esa que reducía a las mujeres a la escala de objetos y las relegaba al plano privado como cuidadoras y reproductoras. Esta revelación no fue azarosa, estuvo influenciada e inspirada en los movimientos feministas que durante décadas focalizaron sus críticas no sólo en los ámbitos políticos y económicos opresores, sino también en el plano simbólico que permitía reproducir las desigualdades entre hombres y mujeres, expresadas en la Educación formal y, más tarde, en los medios de comunicación, formadores de opinión pública.

Estas inquietudes, plasmadas también en diagnósticos e investigaciones académicas, se volvieron reclamos concretos. Fue en 1995 que la plataforma de Acción La mujer y los medios de difusión, como parte del documento final de la IV Conferencia Mundial de Naciones Unidas sobre la Mujer de Beijing, logró que la comunidad internacional se comprometiese a tomar medidas para que los medios de comunicación comenzaran –tanto hacia adentro como hacia afuera– a reflejar una imagen más equilibrada y real de la mujer, basada ya no en estereotipos ni en sexismo, sino en sus aportes concretos a la sociedad, y promover sus derechos.

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Tomó impulso una comunicación alternativa ejercida por mujeres enroladas en movimientos feministas que no se sentían representadas por los medios tradicionales. Estos contenidos contradiscursivos crearon campos simbólicos y políticos propios, incorporaron la visión de género en sus piezas comunicacionales y sembraron la semilla en las redacciones.

A lo largo de dos décadas, se trabajó constantemente por instaurar la equidad de género en la comunicación. Se sucedieron investigaciones, se redactaron códigos de ética para medios y para publicidad, se hicieron aportes a currículas universitarias, se crearon observatorios de medios y espacios de capacitación; se promovieron leyes y se acompañaron y hasta co-organizaron marchas por los derechos de las mujeres. Las últimas, resultaron históricas y multitudinarias como la que dio origen al movimiento #NiUnaMenos, en protesta por la inacción del Estado ante los femicidios, y aquellas a favor de la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo (ILE).

Por eso es ineludible ubicar al periodismo con visión de género de la mano de los movimientos feministas y, en los últimos años, también ligado a las nuevas tecnologías que lo han hecho irrumpir en la escena pública y en el universo medial de una manera irrefrenable. Hoy, las mujeres periodistas conforman y nutren redes de consulta, de trabajo y de sororidad que son verdaderos revulsivos hacia la acción. Pero sería erróneo que esa visibilización que hoy le dan las redes sociales a esta nueva forma de comunicar, impida reconocer su origen y su trayectoria perfilada muchas décadas atrás, por esas pioneras que se animaron cuestionar las verdades establecidas.

Tal vez unos pocos párrafos sean una reducción injusta para esas trayectorias apasionadas y esas militancias combativas que visibilizaron derechos y dieron voz a los que no la tenían, ya que el periodismo con visión de género no es solo práctica sino también esencia. Y, aunque ya es parte de la labor diaria de muchas comunicadoras, y comunicadores, aún tiene un largo camino por recorrer.

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ENTRERRIANAS Y CON VISIÓN DE GÉNERO

Una ronda de consulta a ocho periodistas de la provincia (*) que ejercen la profesión en medios públicos y privados delineó un somero esquema del ambiente laboral en el que se ejerce la profesión a nivel local.

Todas las consultadas tienen un jefe varón con quien consensúan los temas a abordar, algunas con más libertades que otras, pero la decisión editorial final es netamente masculina.

En algunas redacciones persiste la lógica de la división sexual del trabajo. Temas como Deporte, Política, Judiciales, Economía, siguen siendo coto de varones mientras las periodistas son destinadas a cubrir notas sobre salud, sociedad, vecinales o espectáculos.

Llegar a fin de mes

Entre las mayores preocupaciones de las mujeres periodistas están las de cualquier trabajadora: la inestabilidad laboral, la precarización y los bajos salarios. Muchas veces la vinculación con el medio se produce a través de figuras legales como la de “monotributista” o se retribuye su tarea con porcentajes de la venta de publicidad (ocurre principalmente en medios radiales). Más de la mitad de las consultadas refirió temor por su continuidad laboral en un contexto de crisis económica y cierre de medios. A su vez, la mayoría de las periodistas que respondieron el sondeo tienen más de un trabajo para llegar a fin de mes, lo que implica realizar dobles jornadas laborales, tiempo que restan a sus familias. Y muchas de ellas son cabeza o jefas de hogar.

Otra de las cuestiones que preocupan a las trabajadoras de prensa es la falta de capacitación por parte de las empresas donde trabajan. Ante los desafíos que imponen los cambios tecnológicos y las nuevas formas de narrar historias, todas las trabajadoras consultadas mencionaron que realizan cursos y seminarios –online o presenciales– en temáticas de género, judiciales, derechos humanos, comunicación institucional, fake news, comunicación digital, redes sociales y diseño gráfico; entre otras materias. Y casi todas, lo hacen por su cuenta, asumiendo los costos y a contraturno.

Por otra parte, varias admitieron haber tocado un techo y no creen poder seguir creciendo laboralmente en sus lugares de trabajo.

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La visión de género

Cuando se las consultó sobre la perspectiva de género en el periodismo todas admitieron haber empezado a ejercerla en forma intuitiva y autodidacta, corrigiendo errores aprendidos, haciendo cursos o leyendo sobre el tema. Casi todas relacionaron esta forma de hacer periodismo –nada más ni nada menos– que con el respeto por los derechos humanos y leyes que se han ido sancionando, como la Ley Nº 26.485/09 de Protección Integral de las Mujeres que, en su artículo 6, inciso “F”, introduce el concepto de “violencia mediática; la Ley de Identidad de Género; aquellas normas que protegen a niños, niñas y adolescentes; la Ley de Medios, o la Ley Micaela.

Una de las consultadas conceptualizó: “El periodismo de género no es sobre mujeres, sino aquel que se esfuerza por visibilizar derechos y condiciones de desigualdades de género”. Otra de ellas resumió: “Es el ejercicio periodístico que pone en tensión el sistema patriarcal, que alerta sobre las desigualdades que benefician a hombres por sobre mujeres, niños, ancianos y otras sexualidades; que celebra la diversidad, que reclama derechos para grupos vulnerados, vulnerables o directamente invisibilizados”.

Las periodistas consideran que la irrupción de los movimientos feministas y las disidencias sexuales en la escena pública, han dado pie al periodismo de género para hablar de ello, exponer las problemáticas de esos colectivos, y reivindicar sus derechos. Sin embargo admiten que todavía se deben derribar muchos prejuicios, cuestionamientos, resistencias y hasta burlas persistentes en el ámbito laboral, respecto a esos colectivos.

Los contenidos sensibles

Al momento de abordar temas sobre feminicidios, violencia de género, abusos, grooming, diversidades sexuales, las fuentes del periodismo con visión de género son diversas. Se prefieren las fuentes directas, es decir, se habla con las víctimas o sus familiares; en segundo término se mencionaron las judiciales, áreas gubernamentales relacionadas, organizaciones sociales –locales y nacionales– que trabajan en esos temas, especialistas y académicos. Ninguna de las consultadas mencionó como fuente confiable a la Policía, cuya voz se tiene como secundaria y “relativa” por considerar que sus interlocutores no están capacitados en género, ni en derechos humanos.

Observatorio de medios

A la hora de evaluar cómo los medios locales abordan estos temas sensibles, las trabajadoras indicaron que la tarea mejoró respecto a años anteriores, debido a la presencia de compañeras formadas en género dentro de las redacciones. Pero que, en general, tanto editores como líneas editoriales, no han incorporaron la mirada de género ni la visibilización de los derechos. Aseveraron que, en estos temas sensibles, muchas veces se cae en la descripción morbosa de datos irrelevantes, se revictimiza a las personas cuyos derechos fueron vulnerados, sin exponer al victimario ni explayarse sobre el delito que cometió. Tampoco se suele informar sobre las leyes que amparan a las víctimas, lo que sería un excelente ejercicio de docencia cívica desde los medios.

Con la lupa puesta en esa vulneración de derechos en que incurren algunos medios a la hora de abordar cuestiones de género, niñez y adolescencia o discapacidad, surge en los debates de las trabajadoras de prensa de la provincia, la necesidad de crear un Observatorio de Medios en pos de mejorar la comunicación, en el marco de los derechos humanos.

En opinión de las periodistas, dicho organismo debe estar integrado por representantes de instituciones relacionadas al tema, especialistas, universidades, periodistas con visión de género, funcionarios de las áreas gubernamentales correspondientes, funcionarios judiciales, defensores públicos. Este espacio, más que poder de policía, debería bregar por cambiar conductas nocivas y discriminatorias en la comunicación y capacitar en género y derechos humanos a quienes están al frente de los medios.

La grieta del aborto y la ESI

Sobre el tratamiento de temas como los derechos sexuales y reproductivos, aborto, identidad y autopercepción de género y Educación Sexual Integral (ESI) prima la autocensura cuando el medio no ha definido una postura. La mitad de las periodistas consultadas ha tenido alguna limitación a la hora de dar lugar a estos temas en sus piezas comunicacionales, aunque admiten que, ante el avance del debate social y parlamentario sobre temas como el aborto y la ESI, la censura es cada vez menor.

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El lenguaje no es sexista, sí su uso

Al estar en permanente construcción social, el lenguaje muta y describe la forma en el que la sociedad percibe la realidad. El periodismo y los medios trabajan con la palabra, la imagen y los significantes, por lo que es importante que sus contenidos no refuercen términos discriminadores o sexistas, tampoco aquellos que denoten clasismo, racismo o expresiones de odio de género. “El lenguaje debe incluir” y, en ese sentido, la incorporación de la “E” utilizada por los movimientos feministas sigue siendo un tema de debate entre periodistas.

Muchas colegas interpretan que el lenguaje sigue siendo un bastión de resistencia patriarcal cuando, desde las redacciones, se argumenta que es impensado el uso de la “E” como forma de inclusión ya que no ha sido incorporado ni aceptado socialmente. En cierto sentido, la objeción es razonable. Pero cuando las periodistas utilizan ambos géneros en artículos o sustantivos, surge el tema del espacio que insumen las palabras en textos y títulos. Para responder a ese cuestionamiento, y sin recurrir a la “E”, las consultadas manifestaron utilizar términos neutros que no denoten género. Así, “los maestros” o “los docentes” son reemplazados por “docencia”; y “los niños” por “infancia”, por ejemplo. Otras periodistas hacen caso omiso y utilizan ambos géneros del lenguaje: “jubilados y jubiladas” o “alumnos y alumnas”, por mencionar casos. También se indicó que se tiene muy en cuenta la autopercepción del sujeto, en caso que exponga una sexualidad disidente.

Expectativas y deseos

Las mujeres del sondeo se mostraron optimistas respecto a la incorporación de la visión de género en el periodismo. Consideran que es un camino iniciado y que “no hay vuelta atrás”. Opinan que las nuevas generaciones conocen sus derechos y abrazan la diversidad, por tanto los medios tradicionales deberán adaptarse o perecer.

Espero que los y las periodistas incorporen la visión de género y tomen conciencia de la importancia que tiene visibilizar derechos, contextualizando las informaciones. “Espero que los y las periodistas incorporen la visión de género y tomen conciencia de la importancia que tiene visibilizar derechos, contextualizando las informaciones”.

Quiero mejorar profesionalmente, en lo particular, y me gustaría que mejore el lugar donde trabajo. “Quiero mejorar profesionalmente, en lo particular, y me gustaría que mejore el lugar donde trabajo”.

En lo que respecta al ámbito laboral, deberían darse capacitaciones, sobre todo a quienes tienen poder de decisión en las redacciones o los que están frente a un micrófono o una cámara. “En lo que respecta al ámbito laboral, deberían darse capacitaciones, sobre todo a quienes tienen poder de decisión en las redacciones o los que están frente a un micrófono o una cámara”.

Creo que falta empatía, ponerse en el lugar de la otra persona y analizar cómo eso que estás por publicar podría afectarle. Por eso me parece importante avanzar en la perspectiva de los derechos humanos, que incluye al tema género. Creo que falta empatía, ponerse en el lugar de la otra persona y analizar cómo eso que estás por publicar podría afectarle. Por eso me parece importante avanzar en la perspectiva de los derechos humanos, que incluye al tema género”.

(*) Por pedido expreso de la mayoría de ellas no se publican sus nombres.

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“HAY AVIDEZ POR LA FORMACIÓN Y LA CAPACITACIÓN EN GÉNERO"

“El gran tema del periodismo con visión de género es que plantea nuevos contenidos comunicacionales desde un discurso contrahegemónico y grandes interrogantes respecto a las narrativas. Desde la visión de género se tejen de manera mancomunada, solidaria y sorora, desde otro punto de vista, y dando espacio o voz a muchas voces que han sido silenciadas históricamente”, aporta la periodista Sandra Míguez (*), ensayista, capacitadora y consultora diplomada en Género y en Salud.

Míguez llegó al periodismo de género a partir de poner en cuestionamiento sus propias prácticas comunicacionales. “La diferencia entre el periodismo con visión de género y el –llamémoslo– tradicional, es que el primero pone en tensión los relatos aprendidos y algunas cuestiones que han sido tomadas como una única versión de la realidad”, describe.

Cuando Sonia Santoro y Sandra Chaher, coordinadoras del sitio Artemisa, la invitaron –allá por 2004– a participar de un encuentro de mujeres periodistas, Míguez advirtió que lo que estaba haciendo de manera solitaria, era compartido por muchas colegas de distintos puntos del país. Y era periodismo feminista. Tras esa reunión se formalizó una red nacional que fue Periodistas Argentinas en Red (PAR) en la que participó con algunas intermitencias. Y, a partir de 2011, se unió a la Red Internacional de Periodistas con Visión de Género Argentina (RIPVGAr), coordinada actualmente por Silvina Molina y Liliana Hendel.

Es precisamente la RIPVGAr la que define a la perspectiva de género como “aquella que revisa inercias o verdades periodísticas tradicionales y corrige el sesgo androcéntrico que prima en los medios”. Se hace buscando otras fuentes, trabajado sobre un lenguaje, sobre representaciones inclusivas, entre otros puntos. “El periodismo con perspectiva de género amplía la agenda e incluye voces distintas, es conscientes de las desigualdades y trabaja para corregirlas, apostando por la promoción de mujeres, evitando la brecha salarial o techos de cristal y las desigualdades en la toma de decisiones”.

“En la Red se trabaja activamente, con una sinergia interesante en la producción de materiales con perspectiva de género que se comparten, logrando un mayor alcance. Esto se ve multiplicado por las nuevas tecnologías y las redes sociales que han facilitado y democratizado la difusión de estos contenidos”, describe la periodista, quien ha participado de notas colaborativas en red.

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Este año, Míguez publicó Crímenes Menores: Género y Poder Judicial, la trama de una disputa, ensayo en el que analizó el frustrado jury al juez Carlos Rossi, el magistrado que liberó a Sebastián Wagner, feminicida de Micaela García. En sus páginas expone la defensa corporativa a un miembro del andamio judicial y la perpetuación de un sistema patriarcal que sigue considerando la violencia de género como un crimen menor.

Desde los micrófonos de radio UNER, en su programa Y de repente la Noche, Míguez abre un espacio de debate transversal a las voces de la militancia de género para tocar cualquier tema de la realidad. “Hoy es políticamente correcto hablar de género y uno de los desafíos que tenemos es justamente superar esta instancia para que la visión de género se convierta en una herramienta permanente, en un ejercicio y en buenas prácticas para la comunicación”, analiza.

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Necesidad de aprender

Míguez visualiza el panorama actual del periodismo de género con mucho optimismo: “Los medios son instituciones y vienen rezagados con respecto a los cambios sociales. Sin embargo veo compañeros y compañeras comprometidos que cuestionan estas estructuras y que se abren al periodismo con visión de género, con mucha avidez por la formación y la capacitación”. Es lo que también percibe en los seminarios y talleres en los que se desempeña como capacitadora.

“Aspiro a que, como comunicadores, asumamos este compromiso y esta responsabilidad social que tomamos al dedicarnos a esta profesión. No podemos opinar ni comunicar desde el sentido común. Como profesionales tenemos la obligación de estar informados para poder informar, corriéndonos de las prácticas misóginas y discriminatorias, dejando de lado prejuicios y estereotipos que hacen a la violencia mediática”.

(*) Sandra Míguez es miembro Red Internacional de Periodistas con Visión de Género (Argentina), productora y conductora del programa Y de repente la noche, Radio UNER; asesora en Comunicación en el Senado de la Provincia de Entre Ríos; Docente en el Diplomado de Género desde una perspectiva de Derechos Humanos en UTN; escribe y diserta en temas de salud, género y comunicación en distintos medios periodísticos; dicta talleres en temas de género, salud y comunicación.

DATA sobre Mujer y Periodismo

1 Hablar de las explotadas y a la vez serlo

Las consultas a periodistas entrerrianas se condice con los resultados de una encuesta realizada por FOPEA (2018) en la que se concluyó que en los medios de Argentina no hay paridad entre mujeres y hombres en cuanto a la distribución de beneficios y oportunidades. El 71% tiene un jefe varón y solo el 12% de las encuestadas ocupa un cargo de decisión dentro de las organizaciones periodísticas. Sobre lo laboral, las periodistas manifestaron incertidumbre. El 61% de las encuestadas tenían más de un empleo para sostenerse. El 71% trabajaba en una empresa, pero 39% esperaba desarrollarse en forma independiente, y solo un tercio de la muestra pensaba que tenía posibilidades de crecimiento en su trabajo. El 80% de las periodistas se había capacitado en los últimos tres años, pero solo el 12% de estas actividades fueron gestionadas por las empresas donde trabajaban.

2 Acoso y violencia en el ámbito laboral

Una encuesta realizada en marzo de 2018 para la Red de Periodistas con Visión de Género en Argentina, con colaboración del Círculo de Mujeres Periodistas del SETPyC, sobre de acoso y violencia de género en el ámbito laboral, dio cuenta de la vulnerabilidad de las mujeres periodistas ante estas situaciones. Los 30 casos, la mayoría anónimos, fueron presentados y analizados en el Primer Encuentro de la RPVGAr, en La Pampa, en noviembre de 2018 a instancias de la periodista Sandra Míguez, quien motorizó el trabajo en el ámbito local.

La conclusiones del informe indican que 52% de las encuestadas experimentó al menos una situación de acoso en su ámbito laboral y 64% presenció esa conducta hacia una compañera. Similares porcentajes evidencia el cuadro de violencias, amenazas y abuso de poder. El 92% escuchó en su trabajo comentarios, chistes o burlas de connotaciones sexuales sobre una mujer o mujeres y el 72% recibió insinuación o acoso que la incomodó. El 32% admitió haber sido tocada sin su consentimiento, el 16% sufrió agresión física, el 76% agresión psicológica y el 68% se sintió descalificada por el hecho de ser mujer frente a compañeros varones.

La muestra ratificó que las periodistas viven a diario situaciones de intimidación, abuso, descalificaciones sutiles –y no tanto– refuerzo de estereotipos de género, micromachismos, entre otras formas de violencias. El informe describe, además, el contexto precarización, inestabilidad y reducción del mercado laboral que hace desestimar, por temor a perder el trabajo, cualquier potencial denuncia.

3 Concentración de la decisión

En las organizaciones de medios y los sindicatos de prensa hay una enorme concentración de poder masculino. El 78% de las empresas de medios está dirigida por varones, así como el 70% de los sindicatos. A la vez, las áreas más valoradas de los medios y de las secretarias sindicales están ocupadas por hombres. El dato pertenece a “Organizaciones de medios y género”, un estudio de la Asociación Civil Comunicación para la Igualdad y la Fundación para el Desarrollo de Políticas Sustentables (Fundeps) con apoyo de la Fundación Heinrich Boll, a cargo de Sandra Chaher, Virginia Pedraza y otros (2017).

En Entre Ríos, a partir de 2018, se da la particularidad de que el Sindicato Entrerriano de Trabajadores de Prensa y Comunicación (SETPyC) tiene una secretaria general y once mujeres más integrando las diferentes secretarías y vocalías

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