Secciones
Virus

Virus: controlados, aislados y manipulados

El virus está cambiando al mundo. Pero en el medio del proceso, es imposible decir hacia dónde va el planeta, o qué nuevo orden mundial se instaurará.

Lunes 16 de Marzo de 2020

Siempre atrayentes, y porque la realidad es una construcción que guarda algo de verdad, y otra parte de mentira, las teorías conspirativas trascienden, desnudan y hasta pueden desmenuzar intereses políticos y económicos más o menos ocultos.

Mucho se ha hablado acerca del origen del Covid-19, procedente de China. Para la mayoría de la humanidad, ese país es el responsable de la pandemia que se esparce sin barreras por el mundo, en la guerra política y comercial declarada con Estados Unidos por el dominio o manejo del planeta. Al inicio del brote en el país asiático, Beijing marcó a Wuhan como cuna de la epidemia, cuando el virus habría sido transmitido de una especie animal a otra, antes de contaminar al hombre.

“Es posible que haya sido el Ejército estadounidense el que trajo la epidemia a Wuhan”, aseguró la semana pasada en Twitter, el portavoz del ministerio de Relaciones Exteriores chino, Zhao Lijian. De ese modo, acusó de supuesta inserción del virus a la delegación estadounidense de los Juegos Militares Mundiales, que se realizó en octubre en Wuhan.

Más allá de eludir responsabilidades, sean unos u otros –algo que no está evidentemente a nuestro alcance poder dilucidar–, son fundadas las sospechas respecto a que los pueblos del mundo parecen convertidos y reducidos a ratas de laboratorio para prácticas virales o biológicas.

“Cuando era niño, el desastre que más nos preocupaba era una guerra nuclear. Por eso teníamos un barril en nuestro sótano lleno de latas de comida y agua. Cuando se produjera el ataque nuclear, se suponía que debíamos bajar las escaleras, agacharnos y alimentarnos del barril. Hoy el mayor riesgo de catástrofe global no se ve así; si algo mata a más de 10 millones de personas en las próximas décadas, lo más probable es que sea un virus altamente infeccioso en lugar de una guerra. No serán misiles, serán microbios”, había adelantado hace más de un lustro Bill Gates.

La frase profética del fundador de Microsoft, una de las voces más respetadas en materia de ciencia y tecnología, emerge entre tantas otras teorías de muchos especialistas internacionales. Bio-terrorismo, lo llaman algunos.

El virus, indudablemente, está cambiando al mundo. Ese será su aporte, y tal vez haya sido su intención. Pero en el medio del proceso, es imposible decir hacia dónde va el planeta, o qué nuevo orden mundial se instaurará.

El mundo se ha convertido en un gran laboratorio donde las naciones más poderosas ponen a prueba distintos ensayos.

En lo social, se habla ahora del teletrabajo, de las enseñanzas ‘online’ y de las videoconferencias, herramientas que nos permiten “estar más comunicados” con los demás. O más aislados, como se lo quiera ver.

Esas herramientas para el manejo a distancia, hace más de dos décadas atrás, ya eran tema de reflexión y análisis en las facultades de Ciencias Sociales, pese a que su instrumentación parecía demasiado lejana.

Brotaban por entonces, textos y documentos académicos que planteaban conceptos como agorafobia o claustrofobia social en la era capitalista industrial. U otros, como la obra de ciencia-ficción política 1984 que George Orwell escribió y fabuló en la primera mitad del siglo XX. En esa novela se ofrecen algunos rasgos de la realidad que nos toca vivir: la conformación de un futuro de mentiras institucionalizadas y mecanismos de vigilancia opresivos.

El poder hoy está sintetizado y representado en el manejo y control de la información: con las tecnologías al alcance, quienes dominan el mundo saben todo de nosotros. Y ahora también nos obligan a aislarnos aún más. Controlados, y encima, encerrados.

Los economistas hablan de la crisis del sistema capitalista globalizado; los especialistas de política internacional, del fin de un orden mundial; los sanitaristas, de una pandemia sin precedentes en la historia de la humanidad. Nosotros, cada vez más fácilmente manipulados, somos el material para las pruebas de ese gran laboratorio, sin conocer el verdadero objetivo.

En esta nota

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario