Descubriendo Entre Ríos
Lunes 18 de Septiembre de 2017

Víctimas de un parásito de dos cabezas que nos domina

El Estado nos formó a imagen y semejanza, consolidando una falsa historia eurocéntrica racista, con desprecio de los saberes de nuestras comunidades antiguas. El monstruo luce una cara religiosa y otra laica

En esta semana de setiembre nos enteramos del resultado de una encuesta: una mayoría de argentinos (80%) no ve con buenos ojos a los inmigrantes, justo cuando la mayoría de esos inmigrantes son hermanos paraguayos y bolivianos.


En este setiembre florece la xenofobia en vastos sectores que, para descalificar la lucha de los pueblos originarios, llaman "extranjeros" a los mapuches.


No es difícil ver que esas prevenciones apuntan contra guaraníes, mapuches, aymaras, kollas, quechuas, en fin: todos ellos más argentinos que el dulce de leche, han vivido en esta región por milenios, mucho antes de que se trazaran los límites del Estado (por eso la misma Constitución los considera preexistentes), y es muy probable que quienes los señalen con recelo provengan de familias arribadas hace apenas un siglo.


También en esta semana de setiembre supimos que una aspirante a jueza en Federación, Entre Ríos, tendrá que dar explicaciones por una expresión contra las personas de color; y que falta poco para juzgar a una exfuncionaria entrerriana de San Salvador, Entre Ríos, por hacer una "broma" escribiendo una frase antisemita.



Y bien: en esta misma semana de setiembre la docencia argentina celebró su Día del Maestro en homenaje al llamado Padre del aula que en verdad fue padre del racismo, al sostener que los judíos carecen de sentimiento humano de amor al prójimo, escribir "¡fuera esa raza semítica!", y fundamentar la necesidad de matar a los pueblos originarios desde la niñez.



¿Por qué entonces asombrarnos de los frutos de un plan bien orquestado desde el Estado?



Los clericales


Domingo Faustino Sarmiento o sus seguidores como José Ingenieros hicieron historia en el racismo laico, y fueron atacados por sectores clericales no menos racistas. Esos sectores principalmente de la Iglesia católica avalaron muertes, torturas y destrucciones para "civilizar" y evangelizar a los "inferiores". Ahí vemos cómo el racismo unía a clericales y anticlericales.


El historiador Juan José Rossi nos recuerda que Juan Bosco (Don Bosco) escribía estas cosas desde Italia, acompañando a la distancia la sangrienta "campaña del desierto": "Solo a la Iglesia Católica le está reservado el honor de amansar la ferocidad de esos salvajes... Para alcanzar tan noble fin, se ha convenido con el inmortal Pío lX y con el eximio metropolitano argentino el plan siguiente: fundar colegios y hospicios en las principales ciudades de los confines, y rodear, por así decirlo, con estas fortalezas la Patagonia, recoger a los jovencitos indígenas en esos asilos de paz y de caridad, atraer principalmente a los hijos de los bárbaros o semibárbaros, e instruirlos, educarlos cristianamente; y luego, por su medio y con ellos, penetrar en aquellas regiones inhóspitas (...) y abrir así la fuente de la verdadera civilización y del verdadero progreso".


La verdadera civilización: la suya. Más europeo, difícil.


Antes de esto, Rosas había realizado campañas con el resultado de miles de nativos muertos. El historiador Juan Vilar nos recuerda palabras de uno de los oficiales de Rosas: señalaba que el jefe hacía pelear a las comunidades entre sí para deshacerse de todas.



Los anticlericales



Dice nuestro apreciado José Ingenieros, uno de los padres del socialismo y el comunismo argentinos: "La modificación de las condiciones económicas, indispensable para el mejoramiento de las clases pobres, sólo puede ser la obra de hombres pertenecientes a la clase considerada superior desde el punto de vista físico e intelectual".


"Los negros importados a las colonias eran, con toda probabilidad, semejantes a los que pueblan San Vicente: una oprobiosa escoria de la especie humana... Juzgando severamente, es fuerza confesar que la esclavitud -como función 'protectiva' y como organización del trabajo- debió mantenerse en beneficio de estos desgraciados, de la misma manera que el derecho civil establece la tutela para todos los incapaces y con la misma generosidad con que asila en colonias a los alienados y se protege a los animales. Su esclavitud sería la sanción política y legal de una realidad puramente biológica".


Y sigue José Ingenieros: "Los 'derechos del hombre' son legítimos para los que han alcanzado una misma etapa de evolución biológica; pero, en rigor, no basta pertenecer a la especie humana para comprender esos derechos y usar de ellos. Los hombres de las razas blancas, aún en sus grupos étnicos más inferiores, distan un abismo de estos seres, que parecen más próximos de los monos antropoides que de los blancos civilizados".


"Los hombres de raza de color no deberán ser política y jurídicamente nuestros iguales; son ineptos para el ejercicio de la capacidad civil y no deberían considerarse personas en el concepto jurídico (...) cuanto se haga en pro de las razas inferiores es anticientífico".


Y algo más: "La nacionalidad argentina no está formada por indios, sino por descendientes de europeos y la experiencia enseña que las únicas regiones del país que merecen el nombre de civilizadas, cuentan en su población un noventa por ciento de sangre europea".


Lo afirma, claro, un argentino nacido en... Palermo, Sicilia. ¿Cuánto sabía del vivir bien, la complementariedad, la comunidad, la reciprocidad, como bases de los saberes de nuestros pueblos? Lo mismo que sus enemigos religiosos: casi nada.



Cuándo es trágico



En los orígenes del comunismo y el socialismo argentinos está Ingenieros, patrón de la reforma universitaria, y quién puede desconocer sus méritos. Pero este pensador es racista cuatrocientos años después de la invasión europea al Abya yala.


En esa permeabilidad al racismo (contra los pueblos originarios y los afroamericanos) debemos ver una de las ramas de la pinza que estrangula a nuestros pueblos. Si en las fuentes de José Ingenieros está Sarmiento y Sarmiento es racista, estamos en el horno.


Pero notemos el traspié de un autor, en su amable intento de poner a Ingenieros en un contexto. Dice el especialista Ángel Rodríguez Kauth: "Debo hacer una reflexión acerca de lo que se puede definir como racismo en los principios del siglo, hasta el nacimiento del nazismo, y cómo se lo puede considerar en la actualidad después del holocausto producido por Hitler y sus secuaces. Hasta la aparición del nazismo, las concepciones racistas no significaban necesariamente un holocausto para quienes caerían en desgracia. En todo caso, el racismo se testimoniaba en desprecio oligárquico o aristocrático, pero no tenía el sentido trágico con que se revistió desde la experiencia nazi en Alemania y su continuación perversa en otros lugares del planeta, entre los que, como es obvio, no ha estado ni está exenta Argentina".


Ahora nuestra pregunta: ¿el autor no logró escapar del eurocentrismo? ¿500 años de racismo genocida en el Abya yala y África no le alcanzan? ¿Sólo es "trágico" cuando las víctimas son blancos europeos?



Mirar las causas


Como se ve, clericales y anticlericales infectaron por igual a los argentinos de racismo. Incluso los grandes defensores y admiradores de la niñez y la juventud, Don Bosco y José Ingenieros, ignoraban la esencia de las culturas milenarias de este suelo, o las despreciaban.


¿Por qué nos sorprenderemos hoy, cuando a tantos les molestan los mapuches, bolivianos, paraguayos, kollas, en fin, si el estado argentino se ha ocupado por más de 150 años de formarnos en el eurocentrismo racista por derecha y por izquierda?


Sarmiento, Ingenieros, Don Bosco, escribían en serio. Son autores intelectuales del racismo argentino cercano, y calzan a la perfección con las campañas de matanzas de los Rosas, Avellaneda, Roca, y la guerra de los Mitre.


Frente al racismo de nuestros "próceres" las expresiones de una abogada que quiere ser jueza y de una ex funcionaria de San Salvador son exabruptos de gente que no ha tenido poder, manifestaciones de una norma establecida a sangre y fuego por el Estado en la Argentina. Nadie puede alarmarse de las consecuencias, cuando las causas no son puestas en cuestión.


Rebeldes


Un artista y docente entrerriano cuestionó el Día elegido para celebrar la docencia y le saltaron a la yugular, en las redes sociales.


No podía estar más acertado. El racismo debe ser atacado en sus raíces, no sólo en sus frutos.


El Padre del aula llamó en su juventud a matar niños aborígenes, en estos términos: "¿Lograremos exterminar los indios? Por los salvajes de América siento una invencible repugnancia sin poder remediarlo. Esa calaña no son más que unos indios asquerosos a quienes mandaría colgar ahora si reapareciesen. Lautaro y Caupolicán son unos indios piojosos, porque así son todos. Incapaces de progreso. Su exterminio es providencial y útil, sublime y grande. Se los debe exterminar sin ni siquiera perdonar al pequeño, que tiene ya el odio instintivo al hombre civilizado".


Ya en su madurez celebró la muerte de "todo el pueblo guaraní" con estas palabras: "Descendientes de razas guaraníes, indios salvajes y esclavos que obran por instinto a falta de razón. En ellos se perpetúa la barbarie primitiva y colonial. Son unos perros ignorantes de los cuales ya han muerto ciento cincuenta mil. Su avance, capitaneados por descendientes degenerados de españoles, traería la detención de todo progreso y un retroceso a la barbarie... Al frenético, idiota, bruto y feroz borracho Solano López lo acompañan miles de animales que le obedecen y mueren de miedo. Es providencial que un tirano haya hecho morir a todo ese pueblo guaraní. Era preciso purgar la tierra de toda esa excrecencia humana: raza perdida de cuyo contagio hay que librarse".


Como se ve, al poder filo católico le sucedió un poder filo anticatólico y ambos hicieron mérito en el bando eurocéntrico, racista, por supuesto: con sus matices.


Largo sería enumerar las manifestaciones del racismo en escuelas de gestión pública o privada y en otras instituciones.



Estrangular


Los Rosas y los Sarmiento y sus seguidores formaron las dos mandíbulas de una pinza para estrangular a los indios y a los gauchos y a los "distintos" de la línea colonial.


A diferencia de otros procesos y países, en la Argentina se impuso un estado genocida desde el lema "civilización y barbarie", y sus líderes se calzaron el bronce a medida. Mientras su figura sea el modelo, el racismo que es la norma echará hojitas aquí y allá, siempre renovado.


Días atrás el gobernador de nuestra provincia participó de un encuentro de las asociaciones israelitas y resaltó los esfuerzos del estado para eliminar "cualquier sesgo discriminatorio" en la sociedad entrerriana.


No hay por qué dudar de las buenas intenciones. Pero es difícil ver, en un seguimiento de los sucesivos gobiernos de la provincia y la nación en este medio siglo, una modificación sustancial en la condición del estado. Hoy, como ayer, el desarraigo, el destierro, el hacinamiento, y los favores en materia de trabajo y obras, son caldos donde se cuecen las víctimas de un sistema racista. Si las palabras muestran el estado de cosas (y está muy bien que no naturalicemos las expresiones xenófobas), los hechos dicen mucho más y el Estado, habrá que admitirlo, no ha cambiado su matriz.


El racismo muta, y posee una singularidad: deja ver su rostro pasado y se expone al debate, pero oculta el presente, donde se alimenta.



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