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Vacaciones gasoleras: Una esquivada a la crisis

Tranquila, cultural, aventurera, ecológica, solitaria, en familia: ¿cómo serían las vacaciones hoy? Y más que nada... ¿cuáles son los beneficios?

Jueves 02 de Enero de 2020

Con el sólo hecho de comenzar a pensar en las vacaciones y ponerse en marcha para planificarlas comienza a generar efectos benéficos en sí mismo. El primer paso es poder entender el valor real de lo que producen los momentos de ocio en la vida de cada persona. La posibilidad de cambiar los esquemas rígidos con los que nos movemos durante el año, concederse tiempos y espacios diferentes a los de la cotidianeidad, de reposar el cuerpo y la mente, son cosas que nos llevan a disfrutar de un inevitable beneficio existencial.

También hay que ser realistas... durante las vacaciones el cerebro continúa pensando, esto quiere decir que uno no se olvida de los problemas, pero todo comienza a tomar un ritmo diferente, más tranquilo, porque viviendo una cotidianeidad menos densa y cargada de eventos (escuela, trabajo, actividades varias, etc...) es menos estresada, ¡si se quiere! En esta época se busca mantener una relación más serena con las cosas, actividades y personas, justamente porque los tiempos se vuelven mas fluidos y el tiempo se dilata.

Cuando se vuelve de un buen tiempo libre vivido la mente vuelve a ser capaz de ver situaciones ya conocidas de forma diferente y de producir ideas nuevas. Surgen nuevos proyectos e ideas para tener en cuenta en el contexto en el que vivimos, y esto surge por el hecho de que los momentos de pausa ayudan a producir pensamientos originales y diferentes de aquellos que se tienen habitualmente en la rutina de nuestras vidas. Incluso la memoria y el aprendizaje se regeneran, ¡toman aire!

Más allá del momento del zarandeo económico que estamos atravesando, lo que tenemos que pensar es en dónde poder irnos con nuestros bolsillos reales, no importa si tiene que ser acá cerca, dentro de nuestro país o más allá. Lo importante es poder distendernos un poco de tanta presión y alejarnos de lo cotidiano para tomar fuerzas a este año que como argentinos y anímicamente, será intenso.

Expansión de la conciencia

Durante las vacaciones se pueden verificar, si están atentos, momentos de mayor toma de conciencia: la forma de ver y experimentar situaciones, contextos nuevos, formas de relacionarnos con personas de otros lugares, la creatividad que nos produce el contacto con nuevas situaciones que nos sirven para poder abstraerlas a algo que podríamos aplicar/trasladar a nuestra vida cotidiana, la perspectiva diferente de sentir, y así sucesivamente. Pueden ser varias las formas en que la reflexión emotiva y sensorial con la que vivimos nos ayude a cambiar el ritmo que traíamos hasta el momento y nos aporte nueva música con la cual movernos.

El tiempo de ocio colabora a focalizar de manera diferente nuestro posicionamiento ante las situaciones y a producir estrategias de comportamiento o líneas guía del pensamiento diversas.

Adolescentes

Desde mi lugar como psicóloga clínica puedo decir que para los más jóvenes es muy frecuente que las vacaciones sean un período que se corresponde al momento de la adquisición de una nueva posición evolutiva. Se crece un poco más y esto viene concedido por el tiempo que pueden disponer sin tantas presiones, y por ende, más tiempo para ellos mismos donde se pueden auto-observar más y estar más atentos a lo que van cambiando y quieren cambiar. El tiempo libre brinda más opciones para poder decidir y de esa forma ir construyendo su personalidad con sus errores y aciertos... aprendiendo y creciendo.

¿Dónde ir?

Lo primero que habría que hacer es partir de la base de entender cuáles serían las expectativas y la forma en que se quieren realmente distender. Elegir de manera apropiada y adecuada a las realidades de cada uno se vuelve fundamental, porque lo importante no es dónde, sino para qué y en compañía de quién. Concentrarse en las verdaderas necesidades es la respuesta y no simplemente un lugar de moda o para tener que “reportar” a nuestra vida social. Y además de todo esto hay que encuadrar nuestras posibilidades económicas y cómo se encuentra física y mentalmente el que tiene que elegir el destino dónde ir. Por ejemplo, una persona que se encuentra muy estresada, sería mejor que no elija una playa llena de gente o lugares donde haya que hacer muchas colas o amontonamiento de personas en general. Esto haría que esa persona, en vez de distenderse, aumente su intolerancia y fastidio hacia los demás; terminaría volviendo de sus vacaciones con mucho más estrés acumulado. Es mejor en estos casos buscar lugares más alejados donde poder relajarse y dar caminatas largas con buena vista para deleitar los sentidos.

Elegir ir a un lugar donde hay mar o un lugar donde hay montaña, dependerá de lo que necesitemos. Porque hay playas tranquilas, como lugares montañosos muy concurridos (por ejemplo Capilla del Monte en Córdoba no es lo mismo en verano que ir en mayo). Lo importante es escuchar lo que nuestra voz interior nos pide para que logremos volver en algún momento a la vida cotidiana más distendidos.

¿Lugar conocido o desconocido?

Los lugares que producen relajación se dice que en general son aquellos familiares, esos lugares a los que uno vuelve varias veces porque también la siente como su “casa” y por lo tanto brinda seguridad y tranquilidad para poder disponer del tiempo para encontrar esa paz que la “casa cotidiana” no logra brindarnos. Es como un segundo hogar de relax conocido y tranquilizador.

En contraposición con la primera opción se encuentra aquella de elegir un lugar nuevo cada vez, que tal vez no nos genere tanta sensación de relax, que nos estimula a ponernos en alarma ante los nuevos estímulos que encontraremos. Son viajes que estimulan nuestros sentidos, a que estén más tentos, nuestra adrenalina y creatividad justamente porque se aprende siempre cosas nuevas, pero no nos permite mucho bajar nuestras defensas. Lo que sí nos permite es desintoxicarnos mentalmente de la rutina porque nos distrae continuamente.

Desconectarse

En momentos como los que estamos viviendo actualmente buscar romper y desenchufarse de todo aquello de lo que habitualmente nos produce ese tipo de estrés negativo con el cual estamos acostumbrados a convivir, y en primer puesto están todos los dispositivos tecnológicos, y así poder dar espacio a momentos de pensamiento reflexivo y estimulación sensorial y emotiva que produce la vida real. Actividades como leer, pasear, jugar, reír con otros, compartir los momentos son algunas de las cosas que nos ayudan a sentir un poco más que existimos mejor con otros, mirándonos cara a cara.

Concederse realizar actividades que permitan al cerebro de bajar un cambio, enlentecerse y que lo pueda llevar a una dimensión de meditación más existencial y profunda.

Hay que aprender a aceptar, para aquellos que todavía aún no lo han hecho, que durante las vacaciones el organismo, nuestro cuerpo entero, nuestra mente, puedan permitirse un período de recuperación de esas energías que vamos perdiendo durante el año. Es importante renovarse y para esto no queda otra alternativa que “parar” de vez en cuando, porque no somos máquinas. Relajarse, no excederse y permitirse disfrutar un poco es algo de lo que todos necesitamos para seguir motivándonos y seguir haciendo que ese motor al que llamamos cuerpo nos ayude a seguir dando sentido a nuestra parte más espiritual, relacional y emotiva.

Ajusten cinturones, ajusten bolsillos y muévanse un poco, donde sea. Busquen un pequeño respiro de sombra en buena compañía, de esas que nos llenan el alma y los agujeritos existenciales que la cotidianeidad se dedica a derrumbar. Les deseo un mejor año a todos aquellos que me acompañaron con su lectura durante todo el año. Un fuerte abrazo. 2020… ¡no te tenemos miedo!

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