Hoy por hoy
Jueves 09 de Noviembre de 2017

Una terminal triste donde no pasa el tiempo

El ruido de los motores prendidos perturban permanentemente y se acrecientan por el intenso flujo del tránsito y los pocos espacios para maniobrar en la zona. Algo que puede resultar lógico por su función. El aceite derramado en las dársenas y el sol de la siesta perfuman el ambiente de los ingresos laterales con un olor rancio que a veces se entremezcla con el "café" de los colectivos. Las sillas son grises, opacas e incómodas. El que va y el que viene habitualmente parece haberlo incorporado y aceptado o no le queda otra. Solo pretende llegar, bajarse y evitarla o sentarse en el asiento asignado en el boleto para pasar allí el menor tiempo posible.
Los negocios que la rodean parecen ser el único lugar de "contención", pero los empleados están tan preparados para atender la gran demanda que el tiempo en el lugar se escurre en un par de segundos.
Los bancos en la sala de espera son grises, opacos e incómodos. Parece que nadie quisiera ocuparlos de no ser porque a veces no hay alternativa. Sobre todo para el que hace escala o carga con un importante equipaje que les quitó las energías para estar parado. Lo curioso es que al lado hay una plaza. Que casi no es utilizada. Por la sencilla razón de que de noche es tétrica y tiene "mala fama" y porque de día no ofrece demasiadas bondades o mejor dicho comodidades "para pasar el rato".
La Terminal de Paraná está siempre igual, descuidada, triste. Al menos hace dos décadas. Parece que nunca pasó el tiempo. Y es lo primero que se ve cuando se llega a una ciudad.
Algunos dirán, pero la Terminal es eso, un lugar de paso. Pero también es un lugar de despedidas y bienvenidas, de trabajo para muchos, de rutina para otros tantos y de contención para los que allí encuentran un refugio, sobre todo en las noches de frío.
El cole que llega advierte que otro está por salir. La calle es angosta y la avenida está colapsada. El cole que trata de salir también observa que otro quiere ingresar. El desafío es saber quién gana el lugar. Y todo parece indicar que nadie quiere estar allí.

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