Miradas
Sábado 17 de Marzo de 2018

Una revolución que nos necesita a todos

Los llamados de atención, las grandes convocatorias, el mensaje provocador, o la lucha constante, son solo herramientas. El objetivo aún está lejos. Tan lejos como lo han estado todas las metas cada vez que se inicia una revolución. El cambio es tan profundo y necesario que necesita de todos, y no solo de las mujeres que son la bandera del movimiento. De ellas necesita tanto a las que convocan a las marchas y hacen carteles, como aquellas que se desnudan y gritan frente al Congreso o ante cualquiera que se plante.
Los objetivos son claros. No pueden ser más claros. Estamos en un país atravesado por los femicidios y violencia de género, en un mundo que todavía les paga menos a las mujeres por el solo hecho de ser mujeres, en hogares donde las tareas ya fueron asignadas por ser niñas y en calles donde la dignidad no vale nada y se disfraza de piropo. En ese escenario cada lugar es una trinchera, y el enemigo es muy poderoso. El enemigo somos todos los que, queriendo o no, alimentamos esta forma de vivir en que nos hemos criado y formado.
Gran parte de la generación que hoy son abuelos no conocen otra forma de vivir. Son también los que desaparecerán primero. Los que aún son solo padres tienen una oportunidad de cambiar para hacer de sus hijas mujeres más libres, y de sus hijos mejores personas. Pero también esta generación está contaminada hasta los huesos de patriarcado y machismos claros.
Solo aquellos que todavía son jóvenes tienen en sus manos la posibilidad de cambiar de raíz para hacer un mundo más justo. Y serán finalmente los niños y niñas de hoy quienes podrán vivir en una sociedad más igualitaria.
Sonará cruel, pero si el cambio ha comenzado y las cosas marchan como se ha planeado, todo tenderá a mejorar cuando las dos generaciones mayores hayan muerto. Somos los portadores de un virus vivo que, aunque morigerado gracias al combate cultural que se está dando hoy, solo desaparecerá totalmente junto con nosotros.
En el medio habrá que apoyar la revolución de la mitad del mundo que quiere lo que le corresponde.
Y aquí no hay medias tintas. Ninguna revolución se impuso gracias a los tibios o a los buenos modales.
El golpe de efecto es importante, la sacudida social es vital, el cachetazo mediático es necesario, todo eso forma parte de un esquema indispensable para quebrar el sólido sistema que el patriarcado ha construido durante siglos.
Habrá que romper algunas estructuras, y para eso siempre ha sido necesaria una vanguardia atrevida que golpee primero para despedazar el statu quo. No hay que desesperar, detrás de ese primer golpe están llegando millones de mujeres que ya tienen claro qué sociedad quieren rearmar con esos pedazos.
Claro que habrá quienes se opongan. Como los hubo siempre en cada revolución. Están aquellos que están cómodos con las cosas como están. Están quienes creen que todo es una postura y se trata solo de un escándalo para la propaganda. Están los que minimizan, los que niegan, los que disfrutan y los que critican. Pero gracias a Dios, la mayoría de ellos están sentados detrás de una computadora despotricando desde Facebook o en una mesa de café, están viejos, son haraganes o son cagones.
Por eso este punto en la línea de tiempo es una oportunidad histórica para tomar las calles, los hogares y las mentes.
Sobran las motivaciones, pero se necesitan aún más activistas, se deben sumar todos los sectores posibles, hay que generar aún más debates, profundizar las contradicciones y sacudir la monotonía mental de millones de personas.
Y cuando el movimiento parezca avasallante y desproporcionado, hay que inyectarle nuevos impulsos hasta que decante en un mundo igualitario, donde cada niña o niño que nazca ya no tenga la necesidad de explicar que hombres y mujeres tienen los mismos derechos.
Esta revolución nos necesita todos, por nosotros mismos, pero por sobre todas las cosas, nos necesita para que nuestras hijas e hijos vivan esa igualdad como algo absolutamente natural, y que gracias a este simple y gran detalle, sean mejores personas que nosotros.

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