Diálogo abierto
Martes 08 de Mayo de 2018

Un camino para poder llegar a expresar la propia interioridad

Diálogo Abierto. La narradora describe su proceso en busca de una expresividad auténtica, que la llevó a la terapia que hoy practica.

Es comunicadora social, y practicó y creó espacios de narración oral, hasta que circunstancias personales hicieron que Elin Rodríguez se vinculara con una forma de terapia –el masaje– que actualmente desarrolla, complementado con otras disciplinas como la gemoterapia y el coaching ontológico.

Casas y relaciones que se mantienen
—¿Dónde naciste?
—En Paraná, el 12 de abril de 1982.
—¿En qué barrio?
—En el centro; mi familia vivía en esta casa (Bavio al 400), fui a la escuela Bavio y en la secundaria a la Quirós. Cuando tenía 10 años nos mudamos a calle Italia y volví a estar acá.
—¿Cómo era la zona?
—Donde está el galpón de Better había un descampado donde jugábamos. Hoy, muchos, seguimos habitando las casas que fueron de nuestros padres y continúan las relaciones. Esta cuadra se mantiene con la estructura de los 80, salvo algunos edificios. Llegábamos hasta la placita de los 33 Orientales. Inventábamos juegos y buscábamos en la Naturaleza.
—¿Personajes?
—En calle Italia estaba Tom, quien decidió vivir en situación de calle y charlaba con todos. Le gustaba mucho (Julio) Cortázar y el primer cuento que conocí –Casa tomada– fue por él y me lo analizó. Tenía un sentido de la vida por el cual expresaba lo que quería, y eligió ese modo de disfrutar con lo mínimo posible. Durante la carrera de Comunicación Social lo entrevisté. Falleció hace diez años y nunca quiso dejar la calle, más allá de los ofrecimientos.
—¿Te marcó esta situación?
—Me habilitó la sensación de lo que es la compasión y lo que hacemos las personas. Me asombró que una persona que podía decidir hacer otra cosa, no quisiera. Él tenía la mente y el corazón abierto para entender lo que decidía, y me despertaba curiosidad.


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Imaginación y catarsis
—¿Leías?
—Sí, mucho, al igual que escribía. Tenía mucha imaginación para construir otros mundos y en la adolescencia hacía catarsis a través del lenguaje.
—¿Había libros en tu casa o los compraban para vos?
—A los 8 años me hicieron socia del Círculo de Lectores Infantiles, luego cerró, comencé a ir a la feria de Salta y Nogoyá a hacer canje, y mis padres me daban una mensualidad que destinaba a la compra. Me gustaban las novelas.
—¿Siempre escribiste?
—No, comencé con la lectura y la creatividad para cambiar las formas. Lo hacía con la intención de sacar lo que tenía adentro, lo cual me producía bienestar. Por eso elegí la carrera. He escrito pero quedaba para mí, por mi gran timidez. Pensaba que no podía interesarle a nadie.
—¿Sentías esa vocación?
—No sabía bien lo que quería: trabajar con animales, Medicina... hasta que llegué a la comunicación, aunque no lo tenía muy claro. De niña disfrutaba lo que tenía que ver con el juego y alterar un orden dado. Todo lo que he trabajado es desde lo lúdico –tanto para niños como para adultos– porque sale el tipo de niño que cada uno tiene dentro.
—¿Qué actividades profesionales desarrollaban tus padres?
—Mi mamá es licenciada en Educación y se dedicó a capacitación en salud sexual, y mi padre –que falleció hace 13 años– fue bioquímico, y ambos trabajaron en el Estado. Este espacio donde estamos era su laboratorio.

El sentido de narrar
—¿Desarrollaste otra afición durante bastante tiempo?
—Hice básquet femenino en Recreativo, cuando ya había probado con patín artístico y otras actividades como Yoga –porque tenía asma. Jugué durante siete años al básquet y me gustó mucho el club. También me fascinó un taller literario para niños que daba (Mirta) Cachita Pacher, era un mundo nuevo en el cual una persona nos guiaba con lectura –desde el sentir– y escritura. Luego pasó a ser coordinadora del Club de Narradores, que el año pasado tuve a cargo y fue donde nos volvimos a encontrar.
—¿Cuándo le diste un sentido profundo al narrar?
—Cuando creamos y coordinamos una sala infantil que se llamó Liberarte, donde trabajamos con niños de edades de dos a quince años, con la mirada de la infancia desde la comunicación y lo narrable no sólo con el libro sino con la radio y la cámara de video. Compartir eso me permitió incentivarme y formarme en el narrar desde otro espacio.
—¿Cómo definirías dicha mirada?
—El poder comunicar junto al otro desde el alma y el corazón; la narración tiene que pasar por el cuerpo porque si no queda el vacío, más allá de que sea agradable. Es comunicar desde el corazón.
—¿Qué te aportó la carrera?
—Me habilitó y abrió puertas a distintas disciplinas, y pude indagar miradas, construcciones, autores y escuelas.
—¿Qué imaginabas profesionalmente?
—Cuando comencé la carrera tenía una idea muy simple, disfrutaba de los deportes y me gustaba mucho el fútbol, ya que vengo de una familia en la que soy la única mujer. Iba a la cancha y era muy fanática, por eso el primer año me fui a Buenos Aires a estudiar periodismo deportivo, estuve un año, me anoté en Comunicación Social de la UBA, no me adapté a Buenos Aires, volví y continué con la misma carrera, al igual que hice un taller de oralidad y escritura para niños –que fue donde entendí que la comunicación social no solo tenía una mirada lineal–. Lo profesional me costó mucho e hice pie cuando di clases y talleres en escuelas secundarias, porque era creatividad pura. Desarrollé y me formé en lo pedagógico, vinculado con la comunicación.

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Un sistema que agobia y seca
—¿Cuánto tiempo ejerciste en el ámbito educativo?
— Siete años; comencé en el ámbito privado con adultos mayores y luego en las escuelas públicas Quirós y Neuquén –hasta que me retiré–.
—¿Balance de esa experiencia?
—Estas dos escuelas tenían una mirada de grupo humano que compartía la idea de generar constantemente preguntas en el estudiante, en un espacio que no sea el áulico tradicional. Cuando tomé horas, era directora Viviana Sánchez, la disposición áulica era circular y buscábamos que el estudiante no fuera pasivo. Hoy es muy difícil desarrollar las clases como quisiera.
—¿Te pasó por encima el sistema?
—Exactamente, me retiré porque veía que no podía hacer nada. Me vi parada en el aula frente a los adolescentes tratando de entusiasmar y yo ya no estaba tan entusiasmada –por muchas cuestiones que observaba en la institución. Si seguía, comenzaba a ser una hipócrita y perdía mi coherencia interior. Dejé todas las horas y pude irme porque estaba en Liberarte, aunque luego tuvimos que decir basta y tuve que comenzar desde cero. Hoy estoy agradecida pero la pasé duro.
—¿Cómo observás a los docentes?
—Agobiados, cansados y en la búsqueda. El sistema los va secando.

Una psicóloga nahual
—¿Por qué te relacionaste con lo terapéutico?
—Comencé una terapia en Santa Fe con una psicóloga muy sabia –Teresa Zapata–, quien vive en Córdoba y trabajó muchos años en México con el Círculo de Abuelas Nahuales. Hice distintos tipos de trabajos y talleres personales, y me di cuenta que no podía comunicar lo que sentía –más allá de poder explicar muchas cosas–. Volví a recordar los sentidos primarios y sigo trabajando junto a ella.
—¿Qué fue lo más disruptivo?
—El poder ver, porque venía con mucho ego mental, y descubrir que con todo ese bagaje mental de respuestas dadas que tenía, no podía precisar algo muy elemental, lo que sentía. Ese proceso me llevó a desarrollar el sentir y ver que había mucho sin resolver –por ejemplo, el vínculo con mi madre–. Conocí a Andrea Boschetti –masajista–, quien daba un curso de distintas técnicas de masajes. En ese momento estaba muy abocada a lo educativo y lo tomé con la intención de trabajar mi parte corporal –que no podía comunicar–. Redescubrí cierta sabiduría conectada con saber dónde estoy, qué estoy haciendo, comunicar con claridad lo que estoy sintiendo, respirar con conciencia y tener los sentidos despiertos. Comencé a juntar las partes que tenemos separadas de mente y cuerpo. Por eso entiendo el masaje como algo holístico, ya que hay algo más allá del síntoma o el dolor físico, para que la persona pueda habilitar su propia autoexploración. Todos tenemos esa capacidad.
—¿Qué desaprendiste?
—Todo; la falsa creencia de que tenía respuestas –que fue lo más doloroso–.
—¿Por qué?
—Porque adelgazar los egos duele. Sigo desaprendiendo y me sigo equivocando, aunque lo veo en menos tiempo.
—¿Cómo reconfiguraste el proceso de comunicación según esto?
—Comencé a trabajar en este espacio en función de que quien ingrese pueda sentir liviandad, descanso y que cuando se trabaja en la camilla con una meditación, pueda sentir sin dialogar, y que luego podamos conversar y compartir. La comunicación es consigo misma, sentirse y escucharse, antes que nada.
—¿Autores de referencia?
—Siempre intentaba asociar lo que iba aprendiendo con la Literatura, y hubo varios autores –como (Rudolf) Steiner– que me permitieron sentir que lo que comenzaba a explorar había sido conversado antiguamente, a través de distintas cosmovisiones y también desde la Psicología, la Antropología y la Medicina –con sus respectivos planteos académicos–. Estoy explorando a Susanna Tamaro –sus novelas A dónde el corazón te lleve y La tigresa y el acróbata–, a Paolo Giordano –Como de la familia–, Andrea Camilleri –Mujeres– y me ha dado por incursionar en la literatura italiana.

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—¿Asumiste la cosmovisión nahual como herramienta de entendimiento?
—Estoy en una búsqueda permanente pero me enraízo con el sentido de la energía lunar, el movimiento, los ciclos y fases, y poder percibirlos porque permanentemente nos mueven las emociones. Me siento acompañada y sostenida por eso, aunque sigo explorándolo para reconectarme con esa energía femenina. Cuando trabajo con masajes y cristales, siempre lo relaciono con las fases lunares y sus arquetipos.
—¿Cuál es el indicador social más evidente de la desintegración y desconexión del individuo consigo mismo?
—Precisamente la desconexión; la sensación de que el ritmo diario de vida nos lleva a una vorágine y rapidez que nos impide conectarnos, ni siquiera para respirar profundamente y sentir qué pasa. Es actuar y moverse sin pensar, y sostener situaciones que no queremos –por diferentes causas–, entonces estamos muy lejos de lo que somos y unos de otros. La corporalidad es una de las formas de sentir que nuestra vida diaria no tiene tan en cuenta –no obstante que la necesitamos mucho para centrarnos–.
—¿Cuáles son los síntomas físicos que más observás?
—Mucha carga en la cabeza –que deriva en tensiones, malestares y dolores–, la garganta y el estómago.
—¿Un caso que te interpeló?
—Me sucedió con una persona con cáncer, con quien hasta me quebré, me movilizó e hizo ver otras formas de abordar. Me costó mucho generar un espacio para el diálogo, me sentía vulnerable y me pregunté cómo hacer.

El coaching desde la mirada de la naturaleza femenina
Junto con la psicóloga Teresa Zapata, Rodríguez coordina talleres de capacitación en coaching femenino, sobre el cual la licenciada ofrece precisiones.
—¿Qué es la terapia coaching femenino?
—Una forma de hacer consciente las relaciones ecológicas que restablecen un sentir, un saber y un hacer procreador. Se acompaña con el propósito de guiar y orientar las energías hacia intercambios saludables en las relaciones cotidianas.
—¿Qué función cumple el coaching?
—Es aquella mujer que posibilita el desarrollo de oportunidades que ofrecen una manera creativa de experimentar las transformaciones necesarias para la autoasistencia personal. Apoya los procesos de quienes llegan a la consulta de manera íntegra, sabia y genuina, para que puedan contar con la materia prima necesaria y así asumir sus transformaciones.
—¿Por qué femenino?
El reconocimiento de la naturaleza femenina y sus recursos, nos permite asistir y activar puntos de vista liberadores y significativos, para recuperar una vida propia y original, a favor de un orden conector con la sabiduría viviente, personal y colectiva.
—¿Cómo los instrumentás en tu trabajo?
—Es un proceso que nos permite ampliar miradas o buscar alternativas para realizar el camino desde la conexión personal para la autonomía de cada uno. Me fortaleció porque aborda el lenguaje, el cuerpo y las emociones, para poder desarrollar el masaje reuniendo lo que nos está pasando a cada uno. Después de sentir el cuerpo, se puede hablar y abordar desde esa disciplina, las miradas acerca de ese momento y de lo que le está haciendo ruido en su vida. Lo cual lo complemento con terapias florales, hierbas y nutrición.
—¿Algún evento para anunciar?
—A fines de mayo comenzaremos una formación de coaching terapéutico femenino, trabajado desde la Psicología académica y los cuentos terapéuticos, con tres ejes fundamentales: la mujer y la identidad propia, la pareja interior y exterior, y el círculo personal, familiar y exterior. Se trabajan los cambios personales necesarios para luego poder guiar a otros.
—¿Tenés página en Internet?
—Las páginas www.mulukhuemul.com y www.tierradediosas.wordpress.com, donde está el trabajo que venimos realizando junto a Teresa.

“El ritmo de vida nos lleva a una vorágine que nos impide conectarnos, ni siquiera para respirar profundamente”

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