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UNO de Corazones

Tomás y Laura: Un amor adolescente que creció y se afianzó

La historia de una pareja que se conoció en la escuela secundaria y salió adelante, siempre en base a un amor incondicional.

Sábado 05 de Septiembre de 2020

“Nos conocimos en tercer año del secundario. Yo me había cambiado de escuela porque había repetido y me fletaron del colegio privado. Aunque estábamos en el mismo curso, al principio no nos hablábamos, porque yo era retímido. Lo sigo siendo. Y un día ella se me acercó y me preguntó si quería ser su amigo”, recuerda Tomás y se ríe al pensar en la manera directa en que Laura lo abordó, esa mañana en el patio de la escuela.

Gracias a esa nueva amiga, a Tomás le empezó a costar menos levantarse todos los días a las seis. Incluso, le comenzó a gustar la escuela. Ya no se sentía tan solo, Laura lo incorporó en el grupo y, además, cada vez se hacían más cercanos.

“Era como nuestro ritual del tercer recreo ir a la cantina a comprar sánguches. Si alguno de los dos no había llevado plata, el otro le prestaba. Y siempre nos sentábamos a comer al pie del mástil. Era nuestro lugar”, menciona él.

Al tiempo, sus compañeros empezaron a emparejarlos. “Nos cargaban y a mí me daba mucha vergüenza; me daba vergüenza porque era cierto que ella me gustaba. Era hermosa, divertida, buena compañera, no me imagino la escuela sin ella”.

Era obvio que algo pasaba entre ellos, sin embargo ninguno decía nada al respecto. Se juntaban fuera de la escuela para hacer trabajos prácticos, para ir a tomar mates al Rosedal, incluso para ir a los boliches con otros compañeros. Pero ninguno daba un paso más allá.

“Yo le tiraba un centro cada dos por tres, pero él no los cachaba. Era siempre la que iba al frente y estaba cansada, así que decidí no hacer más nada. Decidí dejarlo a él que hiciera una movida, pero al tiempo me di cuenta de que eso nunca iba a pasar. Así que con unas amigas le dimos un empujoncito”, interviene Laura.

El 21 de septiembre irían a festejar el Día de la Primavera al Parque. Una de las chicas invitó a su primo, con el que Laura ya tenía trato. El objetivo: despertar los celos de Tomás y conseguir que se avispe. Pero las cosas no salieron exactamente de acuerdo al plan. “La pasé a buscar por su casa, que quedaba por el centro y fuimos pateando. Cuando llegamos al Parque, me cortó el rostro y se fue caminando con este otro pibe. Cero pelota durante toda la tarde. Y ahí me recalenté. Le hice la cruz”, dice él, señalándola con el dedo acusador y fingiendo seguir ofendido. Ella lo abraza y continúa con el relato: “Resulta que el señor se ofendió y durante una semana apenas me dirigió la palabra. Si bien el plan no salió tal como lo habíamos imaginado, sí funcionó, porque ahí ya no me quedaron dudas de que yo le interesaba. Así que otra vez, fui al frente y lo encaré. Le pregunté qué le pasaba y le expliqué que a mí me pasaban cosas con él, que no quería ser solamente su amiga. Y bueno, ahí ya no pudo seguir esquivando el bulto”.

Se arreglaron el 29 de septiembre y desde entonces han sido inseparables, para los tiempos felices y también para los difíciles. El primero de estos últimos llegó cuando estaban finalizando el cursado de quinto año. “Cuando nos enteramos de que estaba embarazada entramos en pánico, pero mal. Pasó casi un mes hasta que nos animamos a contarles a nuestros viejos. No sabía cómo encararlos y estaba reasustada. Todo lo que había imaginado que sería mi vida se esfumó de repente”, recrea ella.

“Me acuerdo que esa tarde junté todo el coraje que tenía y lo encaré a mi suegro. Tenía miedo de que me agarre a piñas, pero no. El tipo se agarró la cabeza y se le caían los lagrimones, no me dijo ni una palabra. Hubiera preferido que me pegue”, afirma él.

Salir adelante

Juanita nació a término. “Era una gordita preciosa, todo el miedo que tenía se me fue apenas la vi. Es la luz de mis ojos”, sonríe Tomás. “Este año iba a empezar la carrera de Psicología, pero con esto de la pandemia y no poder cursar presencial, va a arrancar directamente el año que viene”, añade.

“Lo más loco era que yo pensaba estudiar Psicología; después tuve que cambiar de planes. Pero nunca se lo comenté a ella, es como que se lo transmití cuando estaba en la panza”, comenta Laura.

Eran tiempos difíciles, el país estaba sumido en una de las peores crisis económicas de su historia. Así que para esta pareja de padres noveles y adolescentes la situación se hacía más complicada. Tomás comenzó a trabajar en lo que conseguía: un lavadero de autos, un cyber y de ayudante en un taller mecánico. “Tenía los tres trabajos al mismo tiempo. Hacía el turno de la noche en el cyber, de mañana laburaba en el taller y los sábados a la mañana iba al lavadero. Cada peso que juntaba se iba en pañales y remedios para la gordi. Pero reconozco que nunca estuve tan flaco como en esa época”, bromea él y se palmea el abdomen.

Mientras, Laura criaba a la beba: “Mi vieja me ayudó un montón, mi papá también. Y al año siguiente, cuando decidí empezar a estudiar, hasta mi hermanita me dio una mano cuidando a la bebé cuando tenía que cursar o estudiar. Aprovecho acá para agradecerles a los tres”.

Así, con la ayuda de su familia y su novio, ella pudo recibirse de Instrumentadora Quirúrgica. Y después llegó el turno de estudiar de Tomás, que optó por el profesorado de Educación Física. Entre tanto, se casaron cuando Juanita cumplió 5. “Fue una fiesta súper sencilla, con los amigos más cercanos y la familia. Pero fue hermosa”, recuerda ella.

“La mejor parte fue el asado con cuero. El más rico que comí en mi vida, nunca lo voy a olvidar”, bromea él. Y enseguida agrega: “Pero en serio, no cambiaría por nada del mundo ni una sola cosa de las que vivimos, ni las buenas, ni las tristes. Nada.”

“Cada cual va haciendo su camino como puede, pero creo que nosotros estábamos destinados a estar juntos. Sino, no hubiéramos llegado hasta acá”, concluye ella.

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