Diálogo Abierto
Domingo 31 de Marzo de 2019

"Toda obra es arte y es válida porque surge de la persona"

Un mosaico de técnicas, materiales y tendencias puestas al servicio de las más variadas intervenciones. Escuela y grandes maestros

La Pintura Decorativa ofrece la posibilidad de intervenir infinidad de objetos cotidianos para convertirlos en elementos funcionales o decorativos, y reúne una atractiva variedad de técnicas y materiales sobre los cuales se puede dar rienda suelta a la creatividad, sin conocimientos previos ni talentos especiales. La profesora Ana María Quiñones –especialista en dicha disciplina– las explica y se refiere a la tecnicatura que próximamente se dictará en la capital provincial.

Los límites de la copia
—¿Dónde nació?
—En barrio San Martín –Ruperto Pérez y Deán J. Álvarez–, donde viví hasta los 13 años, cuando nos mudamos a San Agustín –detrás de la iglesia, a un barrio para empleados de correo.
—¿Cómo era aquella zona en su infancia?
—Tranquila, familiar, con la costumbre de sentarse en la puerta; mis abuelos tenían rotisería en la esquina entonces siempre había novedades. Se quedó un poco en el tiempo y se mantienen los caserones de una o dos plantas, sin edificios. En la zona del club Paraná había muchos negocios. Todavía está la casa como cuando nos fuimos. Siempre añoro.
—¿Otros lugares de referencia?
—La placita Belgrano, el club, el hipódromo –que era una intriga y recorríamos por afuera–, el negocio de su papá, el almacén de Pancho...
—¿Había un límite que no podía trasponer?
—No podía entrar al hipódromo ni al club.
—¿Qué visión tenía del centro?
—Para mí era las Cinco Esquinas y recién lo descubrí cuando comencé a trabajar.
—¿Sufrió el desarraigo cuando se mudaron?
—Sí, terriblemente, porque también me cambié de escuela.
—¿Qué actividad laboral desarrollaban sus padres?
—Mi papá era empleado de Correos y mi mamá empleada de comercio y también trabajó en Los Hermanitos.
—¿A qué jugaba?
—Había muy pocas nenas, así que a los soldaditos, a la payanga, a la oficina –con una amiga–, los días de lluvia, con barquitos –en la cuneta– y al carnaval.
—¿Sentía una vocación?
—No, pero me mandaron a dibujo. Estudié en la Escuela de Artes Visuales, pero no terminé, cuando retomé había cambiado, así que me agotó porque veía que la docencia no era mi camino, dejé e hice algunos talleres con Cristina Viscay y Celina Campos. Luego me di cuenta de que me atraía la docencia, porque lo estoy experimentando, al compartir el conocimiento. Cuando terminé la Secundaria comencé Abogacía, hice dos años y me di cuenta que no era lo mío.
—¿Qué dibujaba cuando niña?
—Copiaba, lo cual aborrezco porque limita. Recién llegué a la figura humana en la Escuela de Artes Visuales. Un primo era artista plástico, dibujaba como los dioses e iba a la escuela, así que me dio un impulso.
—¿Qué materias le gustaban de la Secundaria?
—Biología, Historia, Literatura y aborrecía Matemáticas.
—¿Dibujaba?
—Poco, porque no tenía tiempo, aunque siempre hice manualidades o decoraba algo.
—¿Leía?
—Mucho; cuando era chiquita leía todas las etiquetas, me encantó Corazón, Platero y yo, y Mi planta de naranja lima. En la Secundaria, María, y sobre Historia y Arquitectura.

Maestros y enseñanzas
—¿Maestros que fueron influyentes en la Escuela de Artes Visuales?
—Artistas maravillosos como Amanda Mayor, Favaretto Forner y Claudio Sanz.
—¿Qué le aportó cada uno?
—Amanda nos enseñó a querer y comprender el arte, y era una mujer muy generosa; Claudio es un referente muy generoso, no se pone en el pedestal de artista y reconoce al alumno.
—¿En qué modificó su forma de dibujar?
—En la capacidad de observación y se me abrió la cabeza, para apreciar las formas, desmenuzar la figura y percibir los colores. A los chicos que vienen acá y tiene la posibilidad de ir a la escuela, les digo que asistan.
—¿Qué otros factores son fundamentales además de la técnica?
—La interpretación –que es única– y la emoción que se pone al momento de dibujar o pintar, para, además, movilizar al espectador.

La libertad como camino
—¿Su estilo?
—Es ingenuo; no soy academicista y voy más por lo figurativo. Hago lo que me surge, todo me gusta y exploro. No tengo una mirada tan analítica del hecho artístico y soy espontánea. Me gustan y sigo mucho los pintores hiperrealista, (Juan) Lascano y (Jorge) Rajadell –quien pinta tigres que parecen reales. Para hacer el pelaje de un animal son pinceladas superpuestas de color. También Iris Scott, quien pinta con los dedos. Son pequeñas impresiones de color, una al lado de la otra. Es maravilloso.
—¿También promueve la espontaneidad en quien aprende?
—Tiene que ser así y la libertad es fundamental. Hay que dar las herramientas y que con ellas logren lo que se les genera. Hay gente que nunca ha tocado un pincel y me sorprende, porque tienen otra sensibilidad.
—¿Cómo influyó la escuela en este sentido y en el de la creatividad?
—Me esforzaba mucho por hacer las copias fidedignas, y eso está mal. Con el correr de los años modifiqué esa mentalidad. La escuela es estructurada, hay condiciones a cumplir, pero uno puede salirse de eso, ya que el arte no tiene que ser estricto. Para mí, cualquier obra es arte y todo es válido, porque es lo que le surge a la persona –más allá de las consideraciones técnicas.
—¿Qué museos le gustaría conocer?
—El Louvre es una asignatura pendiente.
—¿A quién considera el artista más formidable de la Historia?
—A Van Gogh –por su delirio y porque, para mí, nadie lo ha superado– y Rembrandt –porque también fue grabador–. Tenían una condición y un manejo increíble de la figura humana.
—¿Cómo evalúa el panorama de Paraná?
—Hay una movida importante, aunque hace un tiempo que dejé de asistir a muestras y eventos que se hacen en los museos. Carlos Asiaín fue un referente y con él se perdió una parte importante de lo artístico. Hay muchos talentos. Los murales que hay en la ciudad están descuidados pero fue una propuesta interesante. Y las escuelas también se están volcando a la participación en eventos artísticos, lo cual es importante.

Herramientas necesarias
—¿Qué función tienen los fundamentos teóricos y la técnica si cualquier obra es arte, como usted señala?
—Son elementos de uso al momento de plantear un trabajo y por eso hay que tener determinadas herramientas. Hasta el año pasado la modalidad de los talleres era libre, aunque impartía algunos conocimientos de composición, color y perspectiva –que son fundamentales–. A partir de este año habrá una nueva modalidad de estudio, la cual hice en Santa Fe y me recibí de profesora de Pintura Decorativa. Más allá de que algunos no la consideren arte. Pero tiene muchas implicancias del Arte Naif y de la Pintura Rusa.
—¿Cómo fue esa formación comparada con la de la Escuela de Artes Visuales?
—Más light pero me ayudó tener esa base. Los contenidos que estudié en la escuela eran importantes.
—¿Qué corrientes predominaban por entonces y qué artistas la impresionaron?
—Había mucha tendencia hacia el mural. (Sandro) Botticelli me conmovió, porque es muy detallista y figurativo; ni hablar de (Vincent) Van Gogh y Frida Kahlo –como referente femenino–. Me fascinó la época del Renacimiento. Ahora hay tantas vanguardias que no las conozco a todas y a algunas no las alcanzo a comprender.
—¿Tuvo algún conflicto entre dibujo y pintura?
—Sí, claro, porque en el dibujo se focaliza en la línea y en el blanco y negro –salvo un lápiz sepia–, así que la teoría del color me resultó fundamental para revisar conceptos. En aquella época nos enseñaban a formar el color, si bien hoy se puede conseguir cualquiera en el mercado.
—¿La vivencia en la escuela con las otras disciplinas?
—En los dos primeros años pasamos por la escultura, la pintura y el dibujo. Me quedé un poco con las ganas de la pintura pero me aboqué al dibujo y el grabado –sobre un soporte de madera, metal o linóleo– porque me gustó la técnica. Fue muy enriquecedor y tuve un profesor muy importante que fue Hipólito Vieytes. Dejé en segundo año porque no tenía para comprar los materiales, entonces decidí trabajar en el comercio. Era muy agotador sostener ambas actividades.

Tecnicatura que se inicia
—¿Qué notó cuando retomó el lápiz?
—Me había olvidado lo relativo al color y justo me enteré que en Santa Fe se dictaba la carrera de Pintura Decorativa –un taller adherido al Conservatorio Grassi –de Buenos Aires. Este año me dieron la posibilidad de tener un taller adherido y la opción será aprender una tecnicatura –de dos años– de Pintura Decorativa o Mix Media –técnica mixta, y un año más –con una tesis final– para el profesorado con título habilitante (ver recuadro).
—¿Qué comprende?
—Collage, enduido, pasta de modelar, tintas, esténcil, efecto óxido, mosaiquismo, arte textil, intervención de muebles, y otros materiales y técnicas que están en boga.
—Quienes lo sostienen, ¿por qué fundamentan que la Pintura Decorativa no es arte?
—Porque lo ven como una copia. En la técnica rusa no hay mucho trabajo, al igual que en la Pintura Country –de Estados Unidos–, que no tiene una expresión propia. Hay otras corrientes como la de formar flores a través de las pinceladas y a nosotros nos identifica el fileteado porteño –que dicen que surgió en Italia–. Seguramente vino con los inmigrantes.

Naturaleza y sencillez
—¿En qué contexto surgió la Pintura Decorativa?
—Principalmente, en Estados Unidos, con pintores folk que retrataban las escenas de granja y animales. Mi inclinación es hacia la Pintura Naif, totalmente despojada de conceptos y casi infantil.
—¿Qué es lo propio de lo naif?
—El detalle, no hay una perspectiva y todo es plano, sin morfología. Es como pintaría un chico, en forma espontánea. En Argentina hay muy buenas referentes como Lidia Papic –de Buenos Aires–, quien pinta escenas cotidianas de la ciudad, barrios de la capital y animales.
—¿Qué caracteriza la Pintura Decorativa rusa?
—Tiene mucha técnica de pincelada para formar, por ejemplo, pimpollos y flores; se utilizan pinceles chatos, con doble carga de colores y se van fusionando sobre el papel o la superficie que sea. Tiene su técnica.
—¿Con qué otras herramientas y materiales se trabaja?
—Espátulas, rodillos, esponjas, bases acrílicas, pinturas dimensionales –con relieve–... y también se puede emular un falso óxido –con distintos matices– y otros efectos; en un obra pictórica se puede incluir publicidad o elementos actuales... El metal es un material no poroso pero hay pinturas especiales para trabajar sobre esa superficie, como la lacra vitral; se puede aparentar que algo es antiguo o un vidrio –con distintos tonos–; está el falso esmerilado –con barniz–, la técnica del entablonado, esténcil, fotomontaje, steampunk –una técnica europea consistente en aplicar arandelas, llaves y objetos de metal, sobre un soporte, y entintarlas–...

De garaje a espacio creativo
—¿Cómo surgió este espacio?
—Era el garaje de mi esposo y comencé hace dos años con un seminario de pizarra para un grupo de amigas. Aunque no tengo desarrollada la parte docente, pensé que no me podía ir mal a partir de lo que había aprendido. Se fue incrementando y ahora está la posibilidad para quien quiera tener una salida laboral o su propio taller.
—¿Por qué el nombre de Bioarte?
—Por vida, porque el arte es vida. Todo lo que generamos con nuestro inconsciente es preciado.
—¿Qué disciplinas ofrece el Conservatorio Grassi en Buenos Aires?
—No solo las artes plásticas sino también música y ballet; la dueña es la suegra de Ángel Mahler.




"Para crear solamente se necesita lo que se siente"

La profesora Quiñones adelantó que próximamente en el espacio que dirige comenzará la formación en Pintura Decorativa, una tecnicatura que ofrece diversas posibilidades laborales.
—¿Cuándo se inicia el dictado?
—Mi idea es durante abril o mayo, con una o dos clases semanales de cursado obligatorio.
—¿Se requiere conocimientos previos?
—No se necesita ninguno porque se da teoría del color, Historia del arte y un poco de dibujo. Cuando yo asistí a Santa Fe desconocía lo que era la Pintura Decorativa, aunque tenía un buen fundamento de la Escuela de Artes Visuales –lo cual me ayudó hacerlo con facilidad–.
—¿Alguien de mediana edad que jamás agarró un lápiz o un pincel?
—Sí; la mayoría de mis alumnas han venido porque quieren "desenchufarse" y, a veces, implica aprender una técnica y gustar de ella, comienzan a practicarla, investigar... y eso las lleva al conocimiento. Aunque para crear sólo se necesita lo que se siente internamente.
—¿Un caso que la sorprendió?
—Hay un chico de 9 años que siempre aspira a más, con muchas condiciones y a quien le mostré libros de Van Gogh y quiso hacer réplicas.
—¿Quiénes se interesan generalmente en este tipo de talleres?
—El objetivo del docente es alentar a alguien que ni siquiera sepa cómo tomar el pincel. Tengo algunas alumnas "anárquicas" que quieren pintar y no les interesa lo que sale, pero es respetable. Una alumna es médica pediatra y para ella es una válvula de escape. Si alguien quiere aprender, bienvenido, para que no sea solo intervenir el objeto. Son conceptos que también sirven para componer, vestirse, pintarse... A partir de este año he decidido no mezclar las edades. Los talleres son para niños desde 9 años y he tenido alumnas de más de 80 años. Hay señoras de la tercera edad que vienen para distraerse y hacer amigas, regalarle algo al hijo, a los nietos o a la nuera, y hay personas que realmente quieren aprender. Los inicié con la idea de taller libre y los mantendré a la par de la formación que se iniciará.
—¿Cómo observa el comportamiento de los niños en este ámbito, teniendo en cuenta la gran estimulación digital?
—También se nota, ya que su apéndice es el celular. Estoy por implementar un lugar donde lo puedan dejar, más allá de que pueda ser una herramienta de utilidad para, por ejemplo, copiar un personaje de historieta. Pero prefiero que sea una inventiva propia y hagan su interpretación, a partir de una charla o una imagen que les muestre. Están muy estimulados y quieren más, lo cual tiene su aspecto positivo.
—¿Tiene página en Internet?
—Bioarte Espacio Creativo.

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