Hoy por hoy
Lunes 13 de Noviembre de 2017

Sistema de salud poco saludable

Ante algún malestar o dolencia, las recomendaciones son enfáticas: "No se automedique". Sin embargo, sacar un turno para asistir al médico y que sea este quien imparta un diagnóstico y recete el remedio para curar la enfermedad que aqueja a la persona que consulta, o al menos mitigar su dolor, insume armarse de paciencia, mucha paciencia; y recurrir a algún aliciente para calmar un dolor mientras tanto, es el camino por el que la gente, en general, suele inclinarse.
El sistema de salud está colapsado, y si se trata de alguna urgencia y se opta por visitar la guardia de un hospital, un sanatorio o una clínica habrá que aguardar al menos un par de horas para ingresar al consultorio, debido a la alta demanda que existe en estos ámbitos.
Si no es imperiosa la atención con el profesional de la salud, la espera será de varios días, ya que sus agendas de turnos habitualmente están saturadas.
"Tengo turno, pero para la otra semana", es una frase que cualquiera puede escuchar últimamente al disponerse a concretar un chequeo básico general.
El camino para poder determinar si alguien padece una enfermedad y conocer cuál es para iniciar un tratamiento se torna sinuoso.
Doy fe de eso, ya que hace un tiempo sufrí un dolor abdominal agudo y me asusté. Recordé aquello de que un diagnóstico precoz puede salvar vidas, y cuando amigos y compañeros de trabajo me aseguraron que era síntomas de que algo estaba mal en la vesícula, fui raudamente a sacar un turno con mi médico de cabecera. Y allí empezó mi engorroso peregrinar: dos semanas de paciencia para poder ser atendida, luego sacar turno para los análisis y otros estudios, y volver a sacar turno para llevarle los resultados al doctor.
Afortunadamente no fue nada serio, pero me quedé pensando en qué pasa con aquellos casos en que una indisposición leve o aguda sí sea la antesala de alguna enfermedad grave, donde dilatar el tiempo para llegar al diagnóstico puede ser fatal o al menos tener consecuencias que podrían haberse prevenido.
Es sin dudas un tema complejo, al que los responsables del sistema de salud –tanto público como privado– en algún momento deberán considerar seriamente y cuya solución con seguridad va a requerir de políticas a largo plazo para que haya médicos suficientes que puedan atender a toda la población, sin las extensas esperas a las que nos estamos acostumbrando, entre otras cuestiones.
Sin ahondar en las deficiencias que provocan la falta de recursos humanos y materiales que llevan a situaciones de este tipo, e incluso a otras mucho más comprometidas y dramáticas, estas dificultades pueden y deben ser superadas, aún en un contexto donde lo urgente se lleva el interés de sus actores y el panorama se torna cada vez más difícil. Lo importante es no resignarse y exigir que las cosas cambien y mejoren.

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