Argentana

Seremos inÔ¨Ānito

Viernes 03 de Mayo de 2019

Narra el mito de Aristófane que en principio éramos redondos. No redondos como nos sentimos cuando termina el invierno (es decir como yo me siento ahora y ustedes dentro de cuatro o cinco meses) sino redondos en serio. Teníamos cuatro brazos, cuatro piernas, dos caras que miraban una para cada lado en una misma cabeza, y dos órganos sexuales.

Estos seres (¬Ņcompletos?) eran tan potentes que intentaron destronar a los dioses. Zeus, enojad√≠simo, se encarg√≥ de bajarles los humos dividi√©ndolos en dos, de manera que los hombres (masculino gen√©rico) pudieran seguir viviendo, pero m√°s d√©biles y por lo tanto menos insolentes.

Pensarán que estoy yendo a parar al tema del amor y las medias naranjas que se andan buscando y por ahí se encuentran y se sacan el jugo. Hasta secarse aveces. Pero no.

Pensaba en otra cosa. Pero quizás antes de decirla tendría que abrir una asociación que después de haberla dicho me proteja. Asociación de los Redondos Metafóricos contra el Orgullo. Contra cualquier orgullo. Porque ya sé, habrán pensado enseguida en el orgullo gay.

Ning√ļn amigo homosexual me ha expresado √©ste sentimiento de orgullo. Me han hablado, simplemente de amor. No del orgullo por amar a uno en vez de otro. Y se da el caso que son como los amores de todas las dem√°s personas. Con dolores de panza, esperas, sincronismo, llamadas y mensajes, sue√Īos, proyectos, boletas y relojes despertadores. Con mariposas, con Ô¨Ādelidad e inÔ¨Ādelidad y envejecer juntos, o no y odiarse, o no y quererse bien. As√≠ como no hay tal orgullo heterosexual o de los que hemos amado un conejo llamado Amadeus o de los que aman las estampillas viejas.

Seg√ļn lo que ames los catalogadores del mundo van a pasar m√°s tarde (ahora no porque est√°n estudiando el nomeclador. Todo los d√≠as les agregan algo, pobres) con el sello: gay, patriarcal, zoof√≠lico, fetichista, coleccionista, bisexual, entrerriano, tano, ecologista, vegano, carn√≠voro (como err√≥neamente llaman aveces a los omn√≠voros) etc.

Hace unos d√≠as fui al dentista. En un momento, mientras esperaba con la boca abierta que fraguara la pasta que el doc estaba mezclando, le pregunt√© si me pod√≠a enjuagar. Claro que s√≠ ‚ÄĒdijo el doc‚ÄĒ enjuagarse es un derecho. Y terminamos con las asistentes y la higienista dental organizando un Enjuague Pride. Imaginamos una carroza gigante con forma de muela en pleno tratamiento de conducto y carritos con tornos y bombillas que aspiran y tiran agua. Todos con chaquetilla y barbijo y una m√ļsica ensordecedora de sala de espera del dentista, cortes√≠a de espotifai premium (el coche cama de espotifai). La bandera llevar√≠a como s√≠mbolo un vasito de pl√°stico. La marcha llevar√≠a a cabo todos los 9 de febrero, que es el d√≠a de Santa Apolonia, que era a quien le rezaban en la Edad Media cuando ten√≠an dolor de muelas y el dolor desaparec√≠a.

No quiero decir que todo tiempo pasado fue mejor (basta pensar en el dolor de muelas y tener que elegir entre Santa Apolonia y tu dentista de conÔ¨Āanza). Pero fue mejor. Fue mejor para m√≠ porque yo lo entend√≠a. Y este tiempo debe andar b√°rbaro tambi√©n porque ser√° el pasado de los j√≥venes que lo entienden ahora. Esos que los adultos tristes odian y los adultos serenos miran con ternura, tratando de no tener pena por su entusiasmo.

Dar un nombre a lo que nos pasa, a lo que sentimos, es humano. Los animales no lo hacen e igualmente tienen leyes de convivencia, ritos de apareamiento y cuidado de la prole. Nombrar lo que nos pasa aveces nos ayuda a entenderlo, a desenredar la madeja de lo que sentimos. Pero otras veces tambi√©n nos encarcela, nos cierra todas las puertas y ah√≠ quedamos. DeÔ¨Ānidos como una ley inmutable de la f√≠sica, como una mol√©cula sentenciada a no cambiar. DeÔ¨Ānirse es limitarse, le hizo decir Oscar Wilde a Dorian Gray (en El Retrato de Dorian Gray, si no lo leyeron, h√°ganlo). Oscar Wilde que, siendo v√≠ctima de la sofocante moral victoriana, se vio obligado a casarse con una mujer aun siendo √©l homosexual. Su obra, inteligente y cr√≠tica del tiempo que vive con reÔ¨Ānado sentido del humor e iron√≠a, es inc√≥moda y termina preso por sodom√≠a.

No estamos en la época Victoriana, es verdad. Pasó ya más de un siglo desde el 1800 pero al parecer no hemos evolucionado tanto.

Me acuerdo cuando iba a la escuela, era muy chica, y me preguntaron si esa era mi hermanastra. Conoc√≠a la palabra por la Cenicienta, l√≥gicamente. Pero jam√°s se me hubiera ocurrido pensar que mi hermana fuera una hermanastra, ella, que me ayudaba a la ma√Īana para que lleg√°ramos a tiempo a la escuela, con lo que a m√≠ me gustaba dormir, que se aguantaba la luz prendida de noche porque yo ten√≠a miedo de quedarme ciega sin darme cuenta, que se re√≠a de mis chistes y pintaba cartulinas de Sara Kay para colgar en mi cumplea√Īos. ¬ŅC√≥mo le van a decir hermanastra? ¬ŅSolo porque su pap√° hab√≠a fallecido, y yo lo conoc√≠ por foto, y sab√≠a su nombre y su historia? C√≥mo le voy a decir hermanastra si despu√©s lleg√≥ mi pap√° y fue su otro pap√° y si ella me llevaba en Gualeguaych√ļ a visitar a su abuela, que era un poco abuela tambi√©n para m√≠ y nos esperaba toda elegante y con la casa en orden y me tra√≠a un vaso de naranja sobre un platito.

¬ŅC√≥mo le iban a decir hermanastra o media hermana? Para m√≠ era y es mi hermana, entera, como entero era su pap√° y el m√≠o y los compartimos en los distintos mundos que habitan. Yo era muy chica y la historia me parec√≠a muy simple. Y me sigue pareciendo.

Y hay tantas preguntas de esas, que hacemos y nos hacen todo el tiempo. Qui√©n sos, de d√≥nde ven√≠s, qui√©nes son tus padres, d√≥nde viv√≠s, cu√°nto ganas, qu√© te pones, a qui√©n votas, con qui√©n dorm√≠s, en qui√©n pens√°s. Nos hemos convertido en fan√°ticos de la identidad, cirujanos y Ô¨Āl√≥sofos de nuestro ombligo. Tenemos la nuca atroÔ¨Āada de mirarlo y las manos con artrosis de viviseccionarlo, buscando identiÔ¨Ācarnos con la mayor precisi√≥n posible.

Si Zeus nos viera... M√°s divididos no podemos estar, sin insolencia ni agilidad, estamos redondos y solos, divididos, ensimismados. Ignoramos a los dioses y olvidamos el misterio que aqu√≠ nos ha tra√≠do. Estamos distra√≠dos y enojados, con raz√≥n, sin raz√≥n, poco importa. Nunca vale la pena si al Ô¨Ānal, cerrando los ojos, a todos, desde el m√°s bueno al mas canalla, solo le queda memoria del amor y de las culpas. Que sean menos de √©stas √ļltimas y m√°s del primero, que recordemos a los dioses y brillemos tanto que Zeus venga a controlar: le daremos batalla, divididos pero juntos en nuestra humana soledad seremos inÔ¨Ānito.


El inÔ¨Ānito
Giacomo Leopardi

Siempre grata me fue esta yerma loma,
y este seto, que tanta parte oculta
del √ļltimo horizonte a la mirada.
Sentado aquí, contemplo interminables
espacios m√°s all√°, y sobrehumanos
silencios, y una calma profundísima
Mi pensamiento invade; tanta, al Ô¨Ān,
que el corazón se asusta. Y como el viento
susurra entre el ramaje, aquel silencio
inÔ¨Ānito con esta voz comparo.
Y vuelve a mí lo eterno, y las ya muertas
estaciones del a√Īo, y la presente,
a√ļn viva, y su sonido. As√≠ entre esta
inmensidad se anega el pensar mío.
Y naufragar me es dulce en este mar.

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