Bienestar Psicoloógico
Domingo 10 de Marzo de 2019

Ser hombre soltero entre 30 y 40 años

Entre actitudes de adulto y miedos de niños.

Hablar de los hombres de esta edad es como hablar de la preadolescencia, sería como la primavera antes de que llegue ese ansiado verano de la adultez plena, otro momento recursivo de volver a crecer en la vida, con un pie acá y otro allá, como diríamos habitualmente "entre chicha y limonada". Es un momento de transición y crecimiento al mismo tiempo donde ocurren cambios de los que seguramente cometerán errores que les servirán aprender para pasar a la etapa sucesiva. Ser soltero en esta etapa es al mismo tiempo más divertido, así como también alienante en relación a los 20 años. Se divierten sin tanto control, dirigidos por la inseguridad y el espíritu de aventura, titubeantes en lo que se va presentando como desafío, después de los 30 las desilusiones acumuladas inician a pesar en la lista de barreras y prejuicios hacia el género femenino se ven aumentadas proporcionalmente a los tentativos fracasos.


Se complica


El problema es siempre el mismo, encontrar un hombre que comienza a estar soltero a esta edad que tenga ganas, que quiera de forma consciente, empeñarse en una relación seria. Que le echemos la culpa a las crisis económica que los ha obligado a extender los tiempos para terminar una carrera, para encontrar un trabajo, para poder irse de casa y sentirse independizados y realizados, o si por el contrario están expuestos a demasiadas ofertas de trabajo, es un dato que no los tiene que paralizar, sino más bien aprovechar ese tiempo para organizarse y ver la forma de seguir adelante con recursos nuevos y organizados de forma más eficiente en base a sus necesidades. Lo que sí es una realidad es que esta generación busca huirle al esfuerzo y la perseverancia, quieren obtener mucho a cambio de dar menos y en las relaciones sentimentales buscan también huir a confrontarse con los problemas, en donde el amor deja más lugar a rasgos narcisistas como resguardo al sufrimiento. Si no están casados... Los que aún no se hayan decidido en comprometerse sea a través de la convivencia, sea por pasar al estado de "casados" legal y religiosamente, se sienten casi como en la obligación de tener que andar realizando conductas para hacer ver al resto de la población y a sus coetáneos que ellos están espléndidos, mejor que los demás, como forma de compensar lo que aún no han encontrado (amor, trabajo, estudio, etc.) o como forma de reafirmar su posicionamiento social en el contexto que se desarrollan.

Algunas de estas conductas son: cambiar a un modelo mejor de auto, organizar peñas al menos dos veces por semana (arriando así también a aquellos que están casados y que terminan de vez en cuando teniendo problemas), salidas de pesca, viajes, becas al exterior, estudiar un posgrado, comprarse el último celular en venta, salir a lugares para ser mas "visibles", estar más expuestos en las redes sociales, arrancar con un proyecto nuevo de trabajo o negocio, ser el 'alma"de las fiestas, etc. Lo que buscan es de encontrarse con esta identidad nueva en esta época hipermoderna, donde hasta no hace muchos años atrás solo se esperaba, en esta franja de edad, estar casados, ya con hijos y un puesto de trabajo estable. Esto ha cambiado notablemente y es por este motivo que viven de forma diferente con la intención de encontrarse a ellos mismos con nuevas expectativas y actitud en sus vidas.


Problemas que tendrán que afrontar los "treinta y tantos"

1. Se encuentran concentrados más en sí mismos. El ego es un elemento importante para la creación de la identidad de las personas, el problema comienza cuando se lo sobredimensiona, cuando todo lleva a conducirlos a sí mismos, a querer tener razón en todo y no probar a meterse en discusión. Es a partir de este momento en donde nos encontramos ante un masculino "pesado", donde se vuelve difícil sostener cualquier tipo de diálogo, a menos que no se lo idolatre antes, como una geisha.

2. No tienen mucho espacio en sus vidas. Su rutina viene primero que nada: el trabajo, el estudio, el gimnasio, el viaje, las salidas con amigos. No se hacen un respiro en esta agenda cargadísima de empeños. Siempre están ocupados, parece que nunca les queda tiempo.

3. Les cuesta mucho dejarse fluir, ser más espontáneos. Tienen miedo de mostrarse verdaderamente por lo que son, de tener que descubrirse y tener que explicarse a sí mismos. Es como si sintieran que los que los rodean están buscando sus puntos débiles y no ven las horas de que si se profundiza en un diálogo, se cambie de tema. Sienten que tienen que demostrar "algo" y no logran sencillamente dejarse andar, a vivir más relajadamente la vida con ellos mismos y con los demás.

4. Les cuesta dar el primer paso. Hacen un gran esfuerzo ya con el solo hecho de pedirle a alguien que sienten algo de salir juntos. Se han acostumbrado más a las mujeres que se les tiran encima y les escriben en sus propios celulares sus números de teléfono, entonces... ¿para qué probar con algo más complicado? Les gusta más disfrutar de su comodidad a la espera de que las mujeres vayan a buscarlos y esperar que algo no muy programado suceda.

5. Van a tener miedo a las mujeres fuertes e independientes que aparezcan en sus vidas, que saben aquello que quieren, que tienen siempre una respuesta para dar, que los atrincheran en el ring relacional. El problema con esto es que ellos se sienten tontos, menos competentes, con menos herramientas (y menos ganas), menos poderosos. Se sienten como si estuvieran encerrados con una leona. No quieren tener que competir, sin querer meterse en discusión y buscar superarse.

6. Tienen miedo de volverse dependientes del afecto. El afecto es "exprés" y práctico, sirve para momentos específicos y luego se busca desenchufarse. Si han sufrido en un pasado buscarán que no se repita ese dolor. Buscan alejarse de llegar a ser dependientes de un sentimiento profundo por miedo a no saber cómo escapar o abandonar la nave la próxima vez. No les gusta sentirse limitados y buscan espacio emotivo profundo.

7. No les gusta presentar a sus amigos, les cuesta mucho, sería como firmar una declaración de compromiso. Es pasar a un lugar importante en sus vidas, en donde ya las mujeres empezarían o tendrían que empezar a formar parte de su mundo, incorporarlas. Prefieren los encuentros mas íntimos o virtuales, no tanto sociales, al menos al inicio, y seguramente por un largo período hasta lo que más puedan sostenerlo. Es casi como querer pasar un muro como el que dividirá México de USA.

8. Su barrera es tan alta como la barrera de hielo de Juego de los Tronos, ¡con ese frío intenso incluido! No se dejan conquistar fácilmente y no importa mucho cuánto las mujeres hagan el esfuerzo de buscar paz y acercarse, no se arriesgarán demasiado a bajar las puertas levadizas de sus tronos ni aunque los torturen.

9. Se comportan como si tuvieran 20 años, el tiempo como lo viven de esta forma, como ya vengo explicando en los puntos anteriores, los hacen vivir más regresivamente. Tienen miedo del paso del tiempo, de comenzar a envejecer, de verse estéticamente arruinados, etc. Por eso sienten que tienen que llenarse de vida y comportarse como adolescentes aún, al menos lo prueban. Van más al gimnasio en esta franja de edad, dietas, salen, se emborrachan, prueban con adolescentes (para probar si aún están en carrera y de paso aumentar su autoestima), etc.

10. No se meten en discusiones en lo que respecta a intimidad sexual. Ya saben todo lo que tienen que saber, se sienten grandes en este sentido. Creen que no tienen que hacerse demasiado alguna autocrítica o tener que cambiar para mejorar. En la realidad terminan teniendo relaciones sexuales como aquellos videos pornos de los años 80, donde se sienten estrellas. No se les puede decir mucho y si no les gusta es porque es el otro el que presenta algún problema en esta esfera o todavía no entiende que tiene que cambiar. Ponerse en discusión en este argumento es casi un milagro, aunque tengo que reconocer que últimamente en este punto las cosas van cambiando y al menos ayuda profesional comienzan a buscar y pedir ayuda.


El lema que los acompaña en este momento de sus vidas sería Me podés mirar, pero no me toques, porque podés estar, rodearlos, acompañarlos, pero se hará muy difícil tocar esa fibra más intima de los sentimientos y meterse en juego de forma más madura. Necesitan sentirse deseados y admirados, necesitan amor a medida, con ciertos límites que les permitan poder sentir aún el control de su libertad. Un consejo... déjense fluir un poco más. Aprenderán de forma más armónica que la vida sin experimentarla más profundamente algo les faltará tarde o temprano.

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