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Santiago Rinaldi

Santiago Rinaldi: Voz inconfundible de la radiofonía

El locutor, animador y periodista, Santiago Rinaldi, es una figura indiscutible de la radiofonía entrerriana. Su vocación lo ha llevado permanecer en actividad

Sábado 20 de Marzo de 2021

Tomar el micrófono, y hacer uso de la palabra hacia otro -público, familia y/o amigos- es un acto comunicacional en sí mismo. Ahora bien, para quien se desempeña como locutor se trata de una tarea mucho más compleja donde confluyen preparación, dedicación, y responsabilidad con aquello que se comunica. A todo ello se le suma un elemento importante que es el cómo se dice y cómo se interpreta el mensaje a transmitir. En esta línea de trabajo es donde se inscribió el locutor, animador y periodista de Paraná, Santiago Rinaldi, quien hace 45 años desarrolla una loable actividad arriba de los escenarios como animador y en la radio.

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Santiago Rinaldi: Voz inconfundible de los espectáculos y la radiofonía entrerriana

Santiago Rinaldi: Voz inconfundible de los espectáculos y la radiofonía entrerriana

En su amplia trayectoria se destacó por continuar con la producción del programa Caminata Sabatina junto a otros periodistas, con transmisiones en exteriores a fin de promover la actividad y la cultura en localidades del interior de Entre Ríos.

Producto de su trabajo y dedicación, también estuvo en el ‘85 como conductor en la noche inaugural de las bodas de plata en el Festival Nacional de Cosquín; y en el ‘87 fue el locutor oficial cuando el Papa Juan Pablo II visitó Paraná.

Estos fueron algunos de los momentos bisagra en la carrera de Rinaldi, y durante una entrevista con esta revista repasó su recorrido caracterizado por una gran vocación, y por un compromiso permanente en su rol como comunicador.

¿Cómo nace su interés por la locución, y cómo fue el inicio en la actividad?

—Yo me inicie por un hecho fortuito que después me permitió incursionar en los escenarios, y de esa manera me doy cuenta que me gustaba la locución, no tanto el periodismo. Me metí de lleno a sacrificar mi juventud para tratar de aprender -con mucha predisposición, paciencia- de gente profesional que me fue formando.

¿Cómo se presenta la posibilidad en aquellos años de trabajar en radio como locutor?

—Antes de comenzar a actuar en radio estuve todo un año practicando con un grabador porque me pedían una prueba que tenía que ser una grabación, y otra prueba en vivo antes de entrar a reemplazar locutores de aquel tiempo. Esas exigencias tenían que ver con la seriedad con que se tomaba la profesión, cosa que hoy no existe. Es una lastima porque los profesionales se van formando de esa manera y queda librado solamente al criterio íntimo y personal de cada uno con qué rigurosidad atravesar el periodo de formación.

Anterior a la locución, ¿se había vinculado con la música?

—La música fue impuesta por mis padres, aprendí a escribir música antes que las letras y los números. Tenía que escribir en el pentagrama claves, silencios y notas. Fueron doce años sacrificados, y a los 17 años me recibí de profesor por Teoría y Sorfeo. Dí muchos conciertos e integré un trío folklórico. Pero lo que siempre digo es que luego me separé de la música y formé una nueva pareja con la locución.

¿Se formó en locución luego en alguna institución?

—Si bien yo me inicié empíricamente y tuve la suerte de tener como referencia a profesionales mayores que yo, recién unos años después pude realizar la carrera en el Instituto Superior de Enseñanza Radiofónica (ISER), en Buenos Aires.

¿Cómo fue ese recorrido?

—Fui locutor estable de LT9, de Canal 13, en una época en la que no existía la televisión por cable todavía y la opción era Canal 13 o la señal que venía de Buenos Aires de Canal 7 un rato. En ese tiempo no existían las Frecuencias Moduladas (FM).

También pertenecí al Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) durante tres años como locutor y periodista agropecuario. Y en LT14 me desempeñé como locutor reemplazante a hacer turnos con contrato de artística, y cuando llegó la oportunidad de formar parte de la planta estable de esta radio que no. Y era la época en que decidí ser productor independiente.

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¿Por qué decidió dejar atrás todo y abocarse a la producción independiente?

—Por dos razones, para poder realizar la comunicación como yo quería hacer ya que consideraba que estaba capacitado para hacerla y por la cuestión económica, debido a las remuneraciones bajas no acordes a lo que uno entrega. Pero también para hacer algo más de lo que un productor o directivo me dijera lo que tenía que hacer.

¿Cómo fue la primera experiencia de Caminata Sabatina?

—En el ‘81 cuando se inició el programa yo era contratado y el primer programa tuvo un móvil para transmitir en vivo y en directo en la calle cosa que era muy difícil. Primero por la incomodidad técnica y, fundamentalmente, por la situación política del país. Entonces el móvil, que estaba ubicado en calle San Martín y no era peatonal aún, era un equipo transmisor muy grande que requería de dos técnicos atendiendolo y un periodista que entrevistaba a la gente que pasaba. En ese primer programa la novedad era que los colectivos tenían un molinete para ingresar y estaba esa incomodidad por lo cual la gente opinaba sobre eso. Después vino otra etapa en que decidí hacerlo todos los sábados desde el exterior, y cuando deciden no hacerlo más me convierto en productor.

La premisa de la caminata Sabatina era y es que el oyente de cualquier ciudad del interior tenía el mismo derecho que el Paraná para que desde un programa radial se ocuparan de su localidad, su ambiente de desarrollo, su idiosincrasia, costumbres y cultura.

¿Qué dificultades técnicas se atravesaban en los primeros años de Caminata?

—En el ‘98, cuando decido hacerlo desde exteriores no existían celulares, y no había teléfono en todos lados entonces había que utilizar los equipos de comunicación VHF para lo cual buscábamos una altura de un tanque de agua, de una torre de iluminación de una cancha de fútbol, o del campanario de un iglesia para poner la antena y llegar a Paraná. Después cuando aparece la telefonía celular no se pudo utilizar inmediatamente para hacer transmisiones. Hoy parece mentira llegar cinco minutos antes y salir de cualquier lugar con calidad de estudio que te permite la comunicación on line, después de haber padecido todas las épocas. Eso fue una transformación total.

¿Hubo alguna variación en la esencia o contenidos?

—En cuanto a los contenidos siempre fue el mismo, es decir poner la radio a disposición de la gente en el lugar donde vive, donde trabaja, sueña y se sacrifica. Porque es muy distinto hacerla venir a la gente hasta el medio de comunicación para entrevistarla y que cuente lo suyo. Sin embargo, ahí en su ciudad, en el club, en la empresa, en la parroquia o donde fuere que transmitimos la gente da una testimonial distinta a la que puede dar en una comunicación telefónica. Además uno tiene la observación del entorno y tiene la satisfacción de estar ahí.

Al unísono se desempeñaba como animador de espectáculos ¿Cuál fue el mayor de los desafíos?

—A los 29/30 años estuve en la noche inaugural de las bodas de plata en el Festival Nacional de Folklore de Cosquín. Era la primera vez que la televisión argentina era ATC y en ese momento transmitía para todo el país, y ese fue un desafío grande y una bisagra. Allí presenté el espectáculo de los hermanos Cuestas, y dicen que fue la primera vez que un locutor no cordobés estuvo en el escenario.

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¿Qué puede decir de ese acto de animar y conducir?

—La esencia es la satisfacción de cumplir un acto comunicacional , de servir socialmente, de informar, de entretener, y preparar un público para presentarle un artista. Y a su vez, que el artista quede satisfecho por cómo uno lo presenta. En ese sentido todas las figuras me lo han manifestado y ese es el objetivo que uno persigue. Es decir el animador es el nexo entre el público y el protagonista -que es el artista-. Entonces el locutor tiene que manejar esa simbiosis de preparar al público refiriéndose a quién va a venir, qué es lo que va a hacer, qué trayectoria tiene, y qué historia trae ese artista que con mucho sueño, mucha entrega y mucho corazón ha preparado un repertorio o una actuación para entregarla a ese público. Tanto el aplauso inicial y el recibimiento al artista tiene que estar preparado por el animador. Esa es la función del animador, y el hecho de estar en Cosquín en el ‘85 era un reconocimiento y una ponderación a la labor. Era un logro de lo que yo soñaba.

“Siempre me preparé, y mezclar con la improvisación cuasi poética con los antecedentes de los artistas”.

¿También estuvo a cargo de la conducción en la visita del Papa Juan Pablo II a Paraná en el ‘87?

—Sí, un hecho importantísimo fue estar como locutor oficial en la ceremonia donde presenté la palabra del Papa cuando hizo su homilía sobre los inmigrantes. Gracias a Dios con un grabador a casete que yo tenía y lo pude grabar. Lo que se vivió en Paraná en esos días previos es algo inefable, no se puede explicar lo que sentía la gente. Los medios de comunicación hoy nos ponen en el momento en que querés la palabra de cualquier líder, pero en aquel momento no era así. Inclusive yo largué la primicia de la visita bastante tiempo antes porque sabía de ciertos preparativos.

Imagino que a lo largo de su carrera ha recibido muchas palabras de reconocimiento por su labor tanto en el escenario como en la radio.

— cuando comencé rechazaba las ponderaciones, aceptaba y agradecía mucho las críticas porque era la única forma de aprender y de superarme. Los colegas mayores me ponderaban mucho, por allí la gente también y entonces a los colegas con los cuales teníamos la posibilidad de compartir del trabajo y la vida les pedía la crítica, qué es lo que tengo que corregir.

Tuvo también un gran reconocimiento de la gente....

—Tuve que acostumbrarme al renombre y el reconocimiento de la gente como una consecuencia del trabajo y hasta ahí nomás. La fama como dice un tanto es puro cuento, pero sí posibilita el cariño de la gente, que no me va a alcanzar la vida para devolverle y retribuir ese afecto.

¿Tuvo la posibilidad u ofrecimientos para irse a trabajar a otro lugar?

—Tuve muchas posibilidades de irme, de estar en otros lugares pero nunca me interesó el escenario grande para trascender. Antes del festival de Cosquín, conocí a Julio Mahárbiz con quien había animado el año anterior en un festival en Paraná donde también lo habían contratado. El me conocía y luego me llevó a radio El Mundo donde tenía Argentinísima y fui de visita para conocerla. Después de esa experiencia me sugirió que enviara una carta presentándome a la Comisión de Cosquín,y no lo hice porque yo no tenía la seguridad comercial que me posibilitaban los trabajos que desarrollaba en Paraná.

También cuando volvió la democracia designaron como director de Canal 9, que era estatal todavía en Buenos Aires, a Alfredo Garrido y me obligó por nuestra relación de amistad a ir a la capital nacional a probarme al canal, y me toman una prueba pero yo dije a quien en ese momento era el productor de Mirtha Legrand que no estaba interesado en ir a trabajar.

Caminata Sabatina Componen Caminata Sabatina, además de Rinaldi, Sebastián Britos (desde los inicios del proyecto), Javier Fontana (hace 31 años que se sumó) y Tomas Ojeda (hace seis años que se integró). Este equipo requiere en sus transmisiones una mesa, un par de sillas y nada más. Los protagonistas son los entrevistados. Desde hace cinco años, el programa sale por 20 FM de la provincia en simultáneo.

¿Cómo fue su etapa como docente de locución?

—Fueron tres años los que estuve en Éter. Y yo sólo era profesor de música y cuando en Locución me decían profesor planteaba que lo que yo hacía era transmitirles conocimientos sobre mi experiencia. Una cosa es el habla urbana y otra muy distinta es el habla del locutor ante el micrófono. La voz de un locutor es una referencia para el oyente, en cambio la de un entrevistado puede ser de cualquier manera pero la de un locutor, conductor o periodista no, tiene que tener una serie de condiciones. Varios de esos alumnos de esa época son destacados profesionales en radio y televisión. Fue una experiencia muy linda, y me lamenté muchísimo tener que dejar porque no tenía tiempo. Ahí ya no me importaba la remuneración porque la valoración que nos dio Claudia Rosa en la dirección, y la de los chicas y las chicas fue maravillosa.

¿Cómo fue hacer Caminata en 2020 en el marco de la pandemia y las restricciones?

—En los 52 sábados del año pasado hicimos el programa desde nuestras casas. Nos comunicamos con entrerrianos que viven en el mundo entero y nos contaban cómo vivían la situación en su ciudad. Salieron programas interesantísimos con otro contenido, con una reinvención del formato y donde teníamos el objetivo constante de promover lo que se hace en el interior. Y lo hacíamos por teléfono o los grabábamos con anterioridad.

¿Cómo pudo compensar tanto tiempo dedicado a la profesión con su familia?

—Estoy feliz de todo lo que me dio la profesión, y me dio la posibilidad de conocer a mi esposa, mi mano derecha, y conformar una familia que eso sí es lo más grande. Tengo 3 hijos, tengo 5 nietos, y llevamos una vida feliz. Nada hubiese servido ser famoso en buenos aires o tener mucha plata y estar vacío. Siempre digo que tanto mi esposa como mis hijos me esperaron. Fueron años muy difíciles abocado a la radio, a los escenarios y era una época donde yo animaba mucho más, hoy ya no pero por decisión propia.

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