Recuerdos del Exilio

La visita del poeta Rafael Alberti a Paraná. Su gran amistad con el genio andino Pablo Neruda. El Reloj de sol

Hay un punto exacto donde el pasado comienza. O termina, es decir que depende de los puntos de vista y de las posturas sobre las cosas. Pero el pasado está allí, exánime y ya inalterable. Quizás debiera uno preguntarse dónde están las historias y de hallarlas, apropiarse de ellas. Por eso mismo, el mejor lugar debe ser una de las agujas de cualquier reloj de sol, allí desde donde resultará posible asir los relatos amarillentos y poseer las narraciones olvidadas.

Voy llegando a tu tierra
"RAFAEL, antes de llegar a España me salió al camino tu poesía, rosa literal, racimo biselado, y ella hasta ahora ha sido no para mí un recuerdo, sino luz olorosa, emanación de un mundo".
Así explica el genio andino Pablo Neruda su sensación de encuentro, la ansiedad de su espíritu y hasta el final de las esperas. Así llegaba el chileno a tierra española, así arribaba al puerto y así estrechaba a su amigo.
Muchas cosas unirían los destinos y los destellos de estos dos grandes literatos. Por supuesto que el talento literario manifestado en sus múltiples obras y premios; la pasión por el mar presente en todas sus obras en metáforas, parábolas o expresiones directas; la adhesión a los ideales del comunismo como rector político de sus naciones y la pertenencia a la clase política en diferentes momentos de sus vidas,
No intentaremos hoy una aproximación crítica a ambas obras no tampoco un semblante biográfico. Claro que no. Pero si destacar que aquello que también los une y resume en instancias críticas de su actividad sea tal vez doloroso: la persecución política en manos dictatoriales.
Sobre el mejor Pablo de todos los Pablos ya hemos hablado y volveremos a hacerlo, claro. Pero de Rafael Alberti lo haremos ahora, en los hálitos del otoño.

Algunos destellos de los brillos
¿La inspiración surge o viene? ¿Nace en el hombre o proviene de alguna fuerza inmortal e imperecedera? Quien lo sabe, por supuesto. Pero cierto es que (al igual que en los relojes de sol) es preciso ubicarse en algún sitio que permita que los sentimientos y las sensaciones muten hacia historias. Esto implica que la expresión reconozca una génesis en la angustia, la duda, la exaltación, el miedo, el valor, el deseo.
Uno podría buscar una respuesta en el primer Alberti, que en sus años de mocedad se había dedicado nada menos que a la pintura. Y muy bien además, aunque no nos detendremos en este punto sino en el año 1920. Llevaba ya el joven Rafael varios años en la incipiencia de un alma tan doliente como la suya, pintando y plasmando emotividades en lienzos ávidos de fama. Hasta aquel año de 1920 cuando su padre (un italiano llamado Vicente Alberti) dejo de latir. Allí, frente al cadáver de aquel hombre surgieron del alma de Rafael los primeros versos que dejarían satisfecho su anhelo literario. El hombre había muerto y el poeta había desterrado al pintor. Rafael Alberti cumplía 18 años en esa instancia, quizás el momento justo de nacer.
De allí en más su obra literaria es incesante, sin detenerse, prolífica. Así títulos como Marinero en Tierra, El Burro Explosivo, Pleamar, Baladas y Canciones del Paraná, Abierto a toda hora, Los cinco destacados y tantísimos otros fueron definiendo su perfil literario y su pertenencia a un espacio del mundo. Ese mismo que se ejemplifica en el lugar que decidió para si durante la guerra Civil Española: la República. Su militancia en esas lides las habría de transformar en efectiva: se alisto en la fuerza aérea como aviador de guerra. Es esa otra historia.

El poeta en Paraná
El resultado de ese conflicto ya lo sabemos. Impuesto el franquismo en el gobierno de España no les quedó a otros supervivientes como Alberti que salvar su vida mediante el exilio. Países lejanos abrían sus fronteras recibiéndolos, quizás con el ansia subyacente de preservación de la belleza.
Así recaló (nunca mejor usado el termino marinero) Rafael Alberti en la Argentina. La editorial que dirigía otro refugiado de nombre Gonzalo José Bernardo Juan Losada Benítez llevaba su propio nombre y así es para la posteridad: Editorial Losada. Y viene a cuento porque sus colecciones recogían las obras de Alberti, como una forma de colaborar con su sustento y básicamente con su ideología. Y no solo la obra ya vital de Alberti sino también aquellas nuevas propuestas, esas que surgían por aquí en zonas de ríos y orillas alejadas de sus mares y medioevos.
En el año 1946 la ya extinguida asociación "Juan María Onetti" se propuso gestionar la visita del poeta a nuestra ciudad. Destinando la charla a lo que era (por ese entonces) el ámbito natural de los eventos de este tipo como lo era la Biblioteca Popular el día elegido fue el 17 de julio de ese 1946.
Aún conmocionados por las recientes elecciones que habían consagrado al peronismo como gobierno en la Provincia y en la Nación, la ciudad se preparaba para la recepción. Una visita previa a la redacción de El Diario (lo cual era una especie de clásico), entrevistas y la admiración de su arte... así esperaba Alberti la realización de su conferencia.
El tema elegido era "Itinerario de mi poesía" nada menos. Y allí surgieron entonces (en el frío del julio ribereño) tres actos bien definidos: 1) El frío, el fuego y las sonrisa; 2) Tres sonetos y otros ejemplos, 3) La guerra, la distancia y 4) A la pintura. Cantata del color y la línea.
Dicen las crónicas que su exposición fue brillante. Que se vio al mejor Alberti que se esperaba y que deslumbró con su poesía. Hablo en sus poemas de Baudelaire, de Federico García Lorca y de Rosa del Alberti que tocaba el arpa (y que además era su madre). Enredando sus cuerdas, verdecía, alga en hilos, la mano que se fue decía el de ella.
Reza el artículo de la fecha de 1946 que "Las profundas cualidades de Alberti, su madurado y fluyente lirismo, su personalidad españolísima y concreta, la jerarquía impecable de su espíritu matizaron, ornándolo, el recital que dedicara a nuestro público".
No podía esperar algo menos que eso. El poeta que arando olas defendía su lejana República en todos los espacios aún recónditos dejaba su huella en la ciudad insular todavía.
Hacia el final de sus días, volvió a España. Fue elegido concejal por el partido que representaba al comunismo, pero abandonó eso para dedicarse a escribir.
En el año 1978 Rafael Alberti le responde a Pablo Neruda. El chileno ya no estaba pero los cobardes profanaban su casa, aquella donde tantos poetas y escritores abundaran la belleza de la Isla Negra. Por eso, por eso y por las palabras de los poetas para siempre Alberti decía: "No dormiréis, malditos de la espada, cuervos nocturnos de sangrientas uñas, tristes cobardes de las sombras tristes, violadores de muertos.
No dormiréis".
Rafael Alberti murió en Cádiz el 28 de octubre de 1999.

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