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7 de Junio: Día del Periodista

Recordamos a un Modesto carrero que fue víctima fatal de la censura

Este viernes presentan un libro en Villaguay en memoria de Julio Modesto Gaillard, degollado en 1907 por policías mandados a destruir una imprenta

Viernes 07 de Junio de 2019

Los actos serán este viernes de tarde en el arroyo Santa Rosa y en Villaguay, capital del periodismo. Y valen como señal de que el oficio de Mariano Moreno ha tenido y tiene aquí a cultores distinguidos, que dieron su tiempo, su talento, su vida para defender la palabra. En el caso que nos ocupa, fue un carrero el que sufrió en su garganta el filo de la arbitrariedad.

El periodista Pedro Ciapuscio contó, ya en su vejez, aquella trágica historia del arroyo Santa Rosa y lo hizo con un dejo de impotencia. Se refirió a la imprenta que debía llegar a Villaguay para el periódico que dirigía su hermano Antonio Ciapuscio, y lamentó no haber viajado con el carrero Julio Modesto Gaillard, con la hipótesis de que su compañía le hubiera salvado la vida.

En ese enero de 1907 contaba con apenas 16 años y padeció aquella desgracia con la sensibilidad de un adolescente. Escuchemos entonces a Pedro: “Cargamos la imprenta entre el carrero, mi padre y yo. Al término de la tarea, cuando pretendí subir al carro para acompañar al conductor hasta Villaguay, mi padre se opuso terminantemente. Pese a mis protestas, no pude vencer la oposición de mi progenitor que quizá presentía el terrible suceso de Santa Rosa que hizo vibrar de indignación el alma de la República”.

“Muchas veces he pensado que la tragedia no hubiera tenido lugar si yo me hubiera salido con la mía. El ardid que causara el sacrificio de Gallard se hubiera frustrado, si el entonces joven de 16 años que hoy escribe estas memorias realiza el viaje”.

“Gallard partió solo, pues. Con su pesada carga, había llegado ya hasta el puente del distrito Bergara, a 10 kilómetros de Villaguay, cuando un agente de Policía enviado por el comisario de La Capilla, Félix Santa Cruz, le ordenó que volviera los caballos y lo acompañara hasta Colón, argumentando que la imprenta estaba embargada y que se hacía cómplice de un grave delito al conducirla”.

“Yo conocía el limpio origen de la imprenta, yo hubiera desmentido al policía y, aún si el carrero hubiera lo mismo acatado la orden, podría yo haber salvado rápidamente la distancia hasta Villaguay, donde mi hermano y sus amigos –que los tenía de verdad en las horas inciertas de la Policía brava– hubieran intervenido con prontitud y energía. No pudo ser. Y en el camino de regreso a Colón, en las márgenes del arroyo Santa Rosa, la Policía detiene nuevamente a Gallard, empastela los tipos y destruye, a martillo, el hierro fundido de la máquina, para arrojar después todo al cauce cercano. Y Gallard, el inocente carrero que, atado al tronco de un espinillo, implora por su vida inútilmente a las hienas humanas, es degollado con su propio cuchillo por el comisario Félix Santa Cruz, que debió cometer el crimen personalmente ante la negativa de los agentes Chamorro y Cisneros”.

Monolito y libro

Comunicadores de Villa Elisa, Villaguay y la zona realizarán hoy a las 17 un acto en el lugar donde se encuentra el monolito, recientemente restaurado por un sobrino nieto de Gaillard, Víctor Cemborain. A las 20 se presentará en la Sociedad Italiana de Villaguay, frente a la plaza principal, un libro sobre la tragedia del carrero escrito por los profesores Omar Gallay y Rubén Bourlot. El crimen del carrero Gaillard: Historia de un atentado contra la libertad de prensa, es el nombre de la obra. Contó con trabajos de edición del profesor Raúl Tournoud, que presentará a los autores esta noche.

Bourlot dijo a periodistas de El Miércoles Digital que investigó en archivos y hemerotecas de diarios de Villaguay y Paraná, y reconoció que en los actos de hoy conversarán sobre la fecha exacta del crimen, entre otros detalles que fueron polémicos durante décadas. Por ejemplo, por qué Pedro Ciapuscio le llamó Gallard y no Gaillard, en su obra Villaguay en la memoria de un periodista de 1973.

El médico y estudioso Justo José Miranda presentó así a Antonio R. Ciapuscio, en su obra Villaguay, mi pueblo. “Nació en Concepción del Uruguay en 1877. Invitado por Hermelo y Montiel viene a Villaguay a dirigir un periódico. La imprenta es de Montiel y Hermelo. El periódico se llama El Pueblo. Está en Passo y 25 de Mayo. Al mes se separan. No coinciden sus opiniones. Ciapuscio hubo de buscarse nueva imprenta. Se enfrentan… 1901, 1902, 1903… Allanamientos, intento de incendio, emboscadas… Ciapuscio se traslada a Colón. Sigue editando allí El Pueblo. Hermelo querelló a Ciapuscio por injurias y calumnias, antes de irse. (Entre 1898 y 1907, el teniente coronel Juan S. Hermelo fue jefe de Policía). Se condena a Ciapuscio a dos años y 57 días que cumple en la cárcel de C. del Uruguay (10 de setiembre de 1904 al 6 de noviembre de 1906). El Dr. Benito Cook, magistrado de juicios insospechados, escribe entonces: ‘¿quién es Ciapuscio?: es un buen ciudadano, un escritor inteligente y autónomo, un obrero del progreso. Ha sido y es periodista. Ha nacido con dotes y muy buenas para el oficio’… Regresa Ciapuscio a Villaguay –continúa el relato de Miranda-. Vuelve a proseguir la lucha. Ha comprado una imprenta en Colón. Va a buscarla Julio Modesto Gallard, un carrero. Cerca ya de Villaguay un agente de policía le hace regresar a Colón por orden superior. La imprenta estaba embargada… Al llegar al arroyo Santa Rosa, la policía nuevamente detiene a Gallard. Empastela los tipos, rompe a martillazos la máquina, desbarranca el carro con máquina, caballos y todo y degüella a Gallard. Es el 7 de enero de 1907”.

La fecha será motivo de la charla de hoy, pero no quedan dudas de que el ataque y la defensa a la libertad hacen de Villaguay, como dijimos hace mucho tiempo, la capital del periodismo entrerriano. Por la tozudez de un Antonio Ciapuscio, la sangre vertida por un obrero Modesto, la obstinación del periodista buscando uno a uno a los criminales, y la solidaridad del pueblo que en pocos meses le compró a los Ciapuscio una nueva imprenta, para no doblarse al despotismo.

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