Miradas
Miércoles 07 de Febrero de 2018

Paranaenses de segunda

Por la alta demanda de terrenos, ya sea del mercado inmobiliario o de particulares que proyectan su primera vivienda, la ciudad se ha ido expandiendo incluso por fuera de sus límites. En los últimos años fue el Procrear, un programa de acceso a la vivienda –en sus inicios impulsado por el kirchnerismo y que continuó con cambios el actual Gobierno– el que marcó esta nueva tendencia dándole dinamismo a la construcción y oportunidades a más familias de alcanzar el sueño del techo propio.
De esta forma fueron alumbrando nuevos barrios, algunos de los cuales todavía tienen sus calles sin nombrar, pero que principalmente carecen de servicios básicos para tener una calidad de vida similar al resto de los vecinos de la ciudad de Paraná. La urgencia por dejar de ser un eterno inquilino se impuso a la falta de planificación urbana y de prestación de servicios, una circunstancia totalmente entendible, siendo una realidad cotidiana para muchos paranaenses que habitan estos nuevos planes de vivienda.
Si bien los reclamos barriales por diferentes problemáticas son innumerables, esta columna se ocupará del caso del loteo Jacarandáes del Aeropuerto, un nuevo complejo habitacional asentado en una propiedad que había sido gestionada durante la intendencia de Blanca Osuna con empresas privadas ante el elevado costo de los terrenos. Así en 2015, se comenzó con el proyecto que se enmarcaba en la Línea Procrear de construcción de viviendas más terreno y actualmente son 25 las familias que viven en el lugar, en la intersección de Gobernador Mihura y Ricardo Balbín.
Desde el mismo momento en que se mudaron los vecinos se encontraron con una serie de problemas que todavía persisten con el tiempo. Habría que realizar una larga lista, pero entre los principales se encuentran la falta de seguridad, la ausencia de red cloacal y el deplorable estado de la calle de acceso al barrio (Balbín) por donde en su momento había pasado el papa Juan Pablo II en su visita a la ciudad.
La ola de robos a los domicilios, incluso desde que comenzaron a construir, surge como la principal preocupación de la comunidad y pese a las denuncias formuladas en la comisaría 15ª y el 911, el problema se ha ido agravando.
"Han entrado a las casas, rompiendo las aberturas y una familia sufrió cuatro o cinco robos en una de las manzanas", contaron los damnificados a UNO. También denunciaron una modalidad delictiva conocida como el "robo hormiga", por lo cual los ladrones rompen el cerco perimetral de las viviendas y sustraen zapatillas, piletas y otros elementos personales.
Unas de las medidas de prevención para frenar los reiterados hechos consistió en la creación de un grupo de WhatsApp en conjunto con la comisaría 15ª, pero contrariamente a lo que pensaban se trató de una herramienta que nunca terminó de funcionar. "Ha funcionado bastante bien el 911, pero la semana pasada se reiteraron los robos. A un vecino le sacaron la cortadora de césped, a otros les sustrajeron ropa. Queremos recuperar la tranquilidad", denunciaron.
Exigieron más presencia policial en la zona, así como también plantearon la dificultad para utilizar el transporte público de pasajeros, ya que para acceder a la única línea de colectivos que llega hasta cercanías del barrio –la 14– se deben caminar entre ocho y nueve cuadras, sumado a la poca cantidad de frecuencias diarias.
Los que tienen menos suerte y pierden ese colectivo deben estar entrenados para "patear" otra decena de cuadras hasta Newbery, donde se suman otras líneas y frecuencias dependiendo el día de la semana.
Por lo pronto, el complejo de viviendas ubicado en inmediaciones del Aeropuerto local poco a poco se va nutriendo de nuevas familias y en ese proceso no pierden la esperanza de poder vivir en mejores condiciones, como cualquier paranaense que habita por estos lares.

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