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Bienestar Psicológico

Papá y Mamá se separan... Primera parte

¿Cuáles son los problemas que incumben a los hijos de cerca cuando viven la separación de sus padres? ¿Cuáles son sus derechos? ¿Cómo se les debe comunicar la noticia?

Lunes 14 de Octubre de 2019

Deja de existir la pareja conyugal pero debe continuar la pareja parental. Mamá y Papá se separan, pero no deberían dejar solos a sus hijos en este proceso.

¿Qué es lo que sucede cuando mamá y papá se separan? ¿Cuáles son los problemas que incumben a los hijos de cerca cuando viven la separación de sus padres? ¿Cuáles son sus derechos? ¿Cómo se les debe comunicar la noticia? En base a la edad las dificultades que presentan los hijos son diferentes, pero generalmente son transitorias y sirven para “encender” la reactivación de las funciones parentales.

En esta primera entrega explicaré a qué tendrían que estar atentos los padres, a los derechos de los hijos y cómo comunicarles la noticia de la separación.

Una nueva realidad

La separación conlleva la instauración de un nuevo estilo de vida y a deber ocupar roles disfuncionales, que en la mayor parte de los casos generan una caída de los principales sistemas protectivos, afectivos y de pertenencia.

Los principales factores para monitorear de cerca son:

• La instauración de una eficaz modalidad para posibilitar la gestión emotiva y relacional por parte de los padres.

• La capacidad individual de preservar el grado de colaboración y competencias parentales.

• La modalidad de respuesta activadas por los hijos para reequilibrar su mundo interno.

Tener paciencia

Lo que es importante recordar es que existe un período, un intervalo de tiempo que puede llegar a ser superior al año, donde las respuestas de los hijos tienen que ser consideradas sólo como respuestas y no como trastornos comportamentales permanentes. No se olviden de que los hijos necesitan de tiempo para reposicionarse en la nueva realidad familiar, los cambios de casa compartidas, las nuevas formas de relacionarse, estableciendo nuevos límites y sobre todas las cosas, aceptar que la ausencia física de uno de los padres no equivale a una ausencia psicológica-afectiva.

En este período de tiempo de separación, según la edad, los hijos adoptarán diferentes estrategias comportamentales tendientes a la recuperación de aquello a lo que temen perder y al acercamiento de las figuras de sostén y protección dentro de su entorno familiar.

Derechos de los hijos ante la separación de sus padres

1. Tienen el derecho de continuar a amar y ser amados por ambos padres. De manifestar su amor sin sentir miedo de herir u ofender a cualquiera de los dos. Conservar el amor que sienten por ambos, de mantenerse unidos con sus hermanos en esta transición, de mantener la relación con los abuelos, tíos o parientes en general de ambos y los amigos respectivos.

2. Los hijos tienen el derecho de seguir cumpliendo su rol de hijos y vivir su propia edad. De no ser arrastrados hacia el dolor de los adultos, de no ser tratados como adultos, de no pedirles de ocupar roles que no les corresponden, de no volverse confidentes o mensajeros de sus padres, parientes o amigos, de no tener que consolar a ningún adulto o sostenerlo.

3. Deben poder ser informados y ayudados a comprender la separación de sus padres. Que la información sea brindada por ambos padres de forma adecuada para su edad y grado de maduración, sin llegar a cargarlos de responsabilidades o culpas, sin darles información que pueda influenciar negativamente la relación con alguno de sus padres. Tienen el derecho de no sentir que el mundo se termina, ni de ser inundados por las incertezas y emociones de sus padres. Y sin lugar a dudas, que no se los involucre en la decisión de la separación de sus padres.

4. Tienen todo el derecho de ser escuchados por todas las personas significativas que lo rodean cotidianamente y de expresar libremente lo que sienten. Pueden mostrar su rabia, tristeza, su malestar, sus miedos, sus incertezas, etc., sin tener que soportar que un adulto les diga: “está todo bien”, como queriendo minimizar y normalizar la situación. Tienen todo el derecho de expresarse como les salga, ¡porque duele!

5. También tienen el derecho de no sentirse presionados por sus padres y parientes, de no ser manipulados, instrumentalizados, de no oficiar de mensajeros de comunicaciones y requisitos explícitos e implícitos tendientes hacia el otro padre. No deben ser inducidos a mentir u ocultar.

6. Los hijos tienen derecho a que las elecciones que realicen sean compartidas por ambos padres. Que sus elecciones más importantes sobre lugar de residencia, educación, instrucción y salud puedan continuar y ser mantenidas por ambos padres de común acuerdo en el respeto de la continuidad de sus hábitos cotidianos aprendidos y adquiridos. Que se tengan en cuenta también sus exigencias afectivas y relacionales.

7. Tienen todo el derecho de no ser involucrados en los conflictos de sus padres. De no asistir a sus peleas, discusiones o desencuentros. De no tener que tomar una posición teniendo que elegir a quién favorecer. De no sentirse obligados a tener que elegir por alguno de ellos en contra del otro padre, o incluso en relación al resto de la familia alargada respectiva.

8. Tienen derecho a que se les respeten sus tiempos. Necesitan de un tiempo prudencial para elaborar la separación, para comprender su nueva situación, para adaptarse a vivir un nuevo equilibrio familiar, a las nuevas parejas de sus padres y la relación con el resto de la familia. Tienen que tener la posibilidad de ser reasegurados en relación al miedo de ser puestos en “segundo plano” con respecto a los nuevos vínculos de sus padres con personas nuevas que oficiarán como pareja.

9. Los hijos tienen que ser preservados de las cuestiones económicas. De no involucrarlos en las decisiones económicas y que ambos padres contribuyan adecuadamente a sus necesidades. No deberían sentir el peso de la dificultad de la nueva situación a la que se enfrentan. No deberían cambiar bruscamente su estilo de vida o sufrir violencia económica por parte de alguno de sus padres.

10. Por último, tienen el derecho de que les den todas las explicaciones necesarias que los involucran. De ser escuchados, pero las decisiones deberán ser tomadas por sus padres, o en caso de desacuerdo, por un juez o mediador. Y las explicaciones que reciban deberían no ser contrastantes por parte de ambos padres.

Cómo comunicar la separación

Informar antes, durante y después de los eventos que circundan la separación es una estrategia eficaz para disminuir la ansiedad ante lo desconocido que se acerca. Es importante reasegurar a los hijos en relación a lo que está ocurriendo, no es culpa suya, que es una elección y decisión de papá y mamá en cuanto a que no se aman como antes, especificando de forma clara que esta decisión es irrevocable, que ya probaron todo lo que tenían a su alcance para intentar estar mejor pero que no funcionó y que no pueden hacer nada más para volver a estar juntos como antes. Este punto es importante para evitar que los hijos continuamente sigan intentando volver a juntar, unir a sus padres para que estén juntos.

La comunicación de la separación debería ser hecha por los padres y no por otras figuras familiares como abuelos o tíos. Debería poder comunicarse con un preaviso. Para los niños pequeños, antes de la pre-adolescencia, les serán suficientes dos o tres semanas con anterioridad antes de que se haga efectiva la salida de casa de alguno de sus padres. Para los adolescentes será necesario un período previo más largo por ejemplo cuatro o cinco semanas, ya que requieren una exigencia expresiva clarificadora, típica de esa etapa, que se manifiesta a través de la necesidad de afrontar a ambos padres para entender mejor.

La peor parte de la comunicación tiene que ver con que ya no vivirán todos bajo el mismo techo. Por lo tanto será de suma importancia reconocer y elaborar el dolor por la separación y el fin de un proyecto de vida “todos juntos” que no llegó a su meta, buscando concordar en lo más que se pueda en ese primer momento, excluyéndolos de los conflictos de pareja, que en ese momento seguramente aún estarán al “rojo vivo”.

Los padres no olviden que son un importante punto de referencia para sus hijos, y aunque la pareja ya no se ame como antes, tienen la difícil tarea de continuar juntos el desarrollo de las funciones parentales.

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